Respondiendo a desastres

Los desastres afectan a comunidades enteras. Sus efectos inmediatos incluyen pérdidas de vidas y daños a bienes e infraestructuras. Los supervivientes (algunos de los cuales pueden haber resultado heridos en el desastre) quedan traumatizados por la experiencia, en una situación de incertidumbre respecto de su futuro y menos capaces de asegurar su propio bienestar, al menos a corto plazo. Muy probablemente, queden sin refugio adecuado, alimentos y agua, y sin posibilidad de cubrir otras necesidades vitales. En estas situaciones es necesario actuar con rapidez para evitar más muertes.

El objetivo de la Cruz Roja y la Media Luna Roja es responder a los desastres con la mayor rapidez y eficacia posibles, mediante la movilización de sus recursos (personas, dinero y otros activos) y la utilización coordinada de su red, a fin de hacer frente a los efectos iniciales y atender a las necesidades de las comunidades damnificadas.

Los principales objetivos de la respuesta a desastres son evitar peligros inmediatos y estabilizar el estado físico y emocional de los supervivientes. Al mismo tiempo se trabaja en la recuperación de cuerpos y el restablecimiento de los servicios esenciales, como el abastecimiento de agua y el suministro de electricidad. Todo esto se prolonga durante un período de duración variable, en función de la escala, el tipo y el contexto del desastre, pero habitualmente entre uno y seis meses. Las actividades se dividen en una fase de búsqueda y rescate inmediatamente después del desastre, seguida de una fase a medio plazo dedicada a estabilizar el estado físico y emocional de los supervivientes.

Muchas veces, las consecuencias sociales, económicas y políticas de los desastres son complejas. Por ejemplo, un desastre puede:

  • perturbar redes comunitarias de autoayuda vitales, intensificando así la vulnerabilidad;
  • perturbar los mercados en una amplia región, reduciendo la disponibilidad de alimentos y las oportunidades de generación de ingresos;
  •  destruir infraestructuras de salud esenciales, como hospitales, dando lugar a una falta de atención médica de urgencia y a más largo plazo en la población afectada.

Además, la situación puede verse agravada por amenazas secundarias, como réplicas de terremotos o epidemias.

En la respuesta a un desastre, es esencial no convertir una mala situación en otra peor fomentando la dependencia de las comunidades o destruyendo los mecanismos comunitarios de apoyo existentes. Más bien, se deben sentar las bases para la ulterior recuperación de la población damnificada. Las situaciones de desastre son altamente inestables, evolucionan con rapidez (muchas veces de manera imprevisible) y requieren por ello una coordinación y cooperación estrechas entre las partes que participan en la respuesta, incluida la propia comunidad afectada.




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