Análisis de la vulnerabilidad y la capacidad (AVC)

En el análisis de la vulnerabilidad y la capacidad (AVC) se analiza, mediante diferentes herramientas participativas, la exposición de las personas a peligros naturales y su capacidad para resistir a los mismos. El AVC es una parte integrante de la preparación para desastres y contribuye a desarrollar, en el plano local de los ámbitos rural y urbano, programas de preparación para desastres basada en la comunidad. Permite determinar las prioridades locales y adoptar las medidas apropiadas para reducir el riesgo de desastres, y ayuda a diseñar y desarrollar programas que se apoyen mutuamente y respondan a las necesidades de las personas más directamente afectadas.

Los objetivos del AVC son:

  • analizar los riesgos y los peligros que afrontan las comunidades y las capacidades que poseen para abordarlos;
  • hacer participar en el análisis desde el principio a las comunidades, la autoridades locales y las organizaciones humanitarias y de desarrollo;
  • elaborar planes de acción para la preparación en lo relativo a los riesgos determinados y la respuesta a los mismos;
  • determinar actividades de reducción del riesgo para prevenir o reducir los efectos de los peligros esperados, los riesgos y las vulnerabilidades.

El AVC complementa los ejercicios de mapeo del riesgo, los peligros, la vulnerabilidad y la capacidad en los planos nacional y subnacional encaminados a determinar las comunidades que afrontan un mayor riesgo. El AVC se realiza en estas comunidades para diagnosticar las áreas específicas de riesgo y vulnerabilidad y determinar las medidas que pueden adoptarse para abordarlas. Para cerrar el círculo, la información revelada por el AVC en el plano local puede proporcionar un valioso indicio de las vulnerabilidades y capacidades en los planos nacional y subnacional.

Sobre la base de la experiencia de los últimos 10 años, la Federación Internacional ha podido perfeccionar el AVC para adecuarlo a objetivos específicos y hacerlo más eficaz en el logro de su propósito. Además, se ha demostrado que el AVC puede vincularse a, y reforzar, otros programas y actividades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Por ser un proceso participativo, el AVC permite a las Sociedades Nacionales desarrollar actividades ajustadas a la realidad y pertinentes más apropiadas para responder a las necesidades y prioridades locales.

Como comentó una Sociedad Nacional miembro después de realizar un AVC:

“Antes trabajábamos para las personas, ahora trabajamos con ellas."

Experiencia de las Sociedades Nacionales con el AVC


Nepal: Abordar peligros locales
Después de realizar un AVC, la Cruz Roja Nepalesa, junto con los habitantes de unos pueblos, desarrolló programas basados en la comunidad encaminados a abordar peligros locales como las inundaciones. La naturaleza participativa del proceso y el aporte decisivo que las personas pudieron hacer a través de sus propias actividades, contribuyeron a que la población se diera cuenta de que los desastres eran algo en lo que podían influir. Ahora, las personas son menos fatalistas en lo concerniente al riesgo de desastres.

Yemen: Resultado inesperado
En 2005, la Media Luna Roja del Yemen realizó un AVC en dos distritos gravemente afectados por inundaciones repentinas y violentas. El análisis reveló algunos resultados sorprendentes: Durante los 15 años anteriores, los accidentes de carretera se habían cobrado en el país más víctimas mortales que las inundaciones. Por ello, la Sociedad Nacional puso en marcha un programa de seguridad vial para reducir este tipo de accidentes –especialmente cerca de las escuelas–, muy reconocido por la población local.

Islas Salomón: Mejora de las relaciones comunitarias
Desde los años 1940, en uno de los pueblos costeros de las Islas, la relación entre dos grupos se había deteriorado por disputas en torno a terrenos. Hasta agosto de 2004, cuando la Cruz Roja de las Islas Salomón decidió llevar a cabo un AVC, ambos grupos habían vivido y trabajado independientemente y de distinta manera. El proceso de AVC acercó a los dos grupos y les proporcionó un foro para comunicarse.

Durante una de las reuniones del AVC celebrada para examinar la construcción de un sistema de alcantarillado que ambos grupos habían determinado como esencial, un representante de uno de los grupos expuso la importancia que tenía el desarrollo de la juventud para la comunidad e invitó a los dos grupos a trabajar conjuntamente para mejorar las condiciones de vida y apoyar a sus jóvenes. Como consecuencia, las personas mayores y los jóvenes de ambos grupos participaron muy de cerca en las actividades del AVC.

El AVC supuso un acontecimiento culminante para los jóvenes de las comunidades, que expresaron mucho interés en cooperar en otros AVC comunitarios y en desarrollar en 2005 un grupo local de la Cruz Roja.

Prioridades en el Caribe: Refuerzo de tejados y mejora de cocinas
En varios países del Caribe, las Sociedades Nacionales ejecutaron un programa encaminado a reforzar los tejados frente a la acción de los huracanes. Muchos beneficiarios, sin embargo, consideraron más importante mejorar su cocina. Para alguien ajeno a la situación, podría parecer que con ello las personas se estaban exponiendo a un desastre, pero para la población local era más urgente dar solución a la lucha diaria de cocinar y realizar las tareas domésticas que prepararse para resistir a un huracán que podía no llegar en muchos años. Las Sociedades Nacionales convinieron en ayudar a las personas a mejorar sus cocinas y reforzar sus tejados.

Rwanda: Aprovechar los conocimientos locales
En su esfuerzo por hacer frente a la inseguridad alimentaria, la Cruz Roja Rwandesa realizó un AVC en el que asignó los diferentes temas de análisis de acuerdo con los conocimientos locales. A las personas mayores se les asignó la historia, especialmente los problemas de seguridad alimentaria; las mujeres se centraron en el calendario estacional y la rutina laboral diaria; y los jóvenes elaboraron un mapa de los logros de desarrollo comunitario.

En Rwanda, habitualmente cultivan los campos y cuidan a los niños las mujeres. Poseen muchos conocimientos sobre el campo y saben qué dificultades y obstáculos afrontan diariamente. Por ello, el grupo de mujeres comenzó preparando un calendario estacional de trabajo para recopilar su experiencia colectiva.

El análisis se centró en determinar qué cultivos eran los mejores y reveló, p. ej., que la producción de café había disminuido después de varias temporadas secas, pero que a pesar de ello los ingresos generados por este cultivo eran muy superiores a los obtenidos del cultivo de verduras. Las mujeres pusieron de relieve la necesidad de disponer de centros de lavado para tratar adecuadamente los granos de café y de vender el producto a los precios corrientes de mercado como una forma de reducir la vulnerabilidad de la comunidad a la inseguridad alimentaria.

"Nunca antes habíamos pensado de esta manera sobre cómo vivimos y los cultivos que plantamos. Nunca nos habíamos tomado el tiempo necesario para visitar a nuestros vecinos, incluso a los que viven cerca, y preguntarles cuándo, por qué y cómo hacen tal cosa. Cultivamos esta variedad y no aquélla porque…", explicaba un participante en el AVC.

Más información

Documentos disponibles:

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