A veces, son los pacientes de Ébola quienes ofrecen alivio y esperanza

Publicado: 2 enero 2015 1:09 CET

Por: Catherine Kane, IFRC

Catherine Kane es oficial de comunicaciones de la Federación Internacional de la Cruz Roja y Media Luna Roja. Con sede en Ginebra, Catherine fue recientemente desplegada a Sierra Leone para apoyar iniciativas de información como parte del esfuerzo humanitario de la Cruz Roja ante el brote de Ébola.

Una noche pegajosa y ligeramente húmeda de Freetown, Sierra Leona, conocí a Patrice, una enfermera que está de regreso prestando servicios en el centro de tratamiento para el Ébola que la Cruz Roja abrió en la ciudad de Kenema – la tercera ciudad más grande de Sierra Leone. Hace seis semanas, Patrice dejó a su familia, su trabajo y su mascota, un perro mezcla Gran Pirineo-Mastín de 60 kilogramos, para formar parte del equipo que lucha contra una enfermedad mortal que amenaza con destruir el tejido social de Sierra Leone y países circundantes.

En su experiencia como voluntaria de la Cruz Roja Canadiense, Patrice ha respondido a una serie de catástrofes alrededor del mundo y dijo que esta misión ha sido la más notable y más estresante. El equipo de Cruz Roja en los centros de tratamiento de Ébola, toman precauciones extraordinarias en el proceso de su labor para asegurar un ambiente seguro. Antes de cada turno, en la zona de alto riesgo, Patrice y sus colegas toman unos 15 minutos para vestirse en capas con equipo de protección personal para luego ser inspeccionados por un voluntario de la Cruz Roja de Sierra Leone. En temperaturas que superan los 40 grados centígrados dentro del traje, y en periodos de no más de una hora cada uno, Patrice asiste a los pacientes confirmados con el virus del Ébola. Envuelta en capas de Tyvek, un material de protección compuesto por densas capas superpuestas y resistentes de filamentos continuos de olefina,  Patrice alimentó a un bebé de un año de edad, alivió con su abrazo el miedo de un niño de seis años mientras le cantaba "O Canada", el Himno Nacional de Canadá, y compartió noticias con otros pacientes mientras los alentaba a tomar los líquidos que podrían salvar sus vidas.

Sonriendo, Patrice me conto sobre lo entusiasmados que se mostraban los pacientes por conversar con ella cada día. Ella le trae noticias desde el mundo exterior, así como mensajes de aliento y esperanza de sus amigos y familiares. Expertos en Ébola advierten que buscar tratamiento tan pronto aparezcan los síntomas, consumir 4,5 litros de solución de rehidratación oral diariamente y mantener el espíritu de esperanza, son todos factores que aumentan la probabilidad de sobrevivir al Ébola. Para Patrice, el ser portadora de buenos deseos y la generosidad de amigos y familiares es el regalo más grande que puede brindar a sus pacientes.

Se le aguaron sus ojos al recordar una experiencia en particular. Patrice había recibido noticias el día antes de que un amigo de su hijo, alguien a quien ella había conocido toda su vida había muerto repentinamente por causa desconocida. Cuando entró en la zona de alto riesgo, Aruna, un paciente de 26 años de edad que venía batallado contra el Ébola por las últimas tres semanas, se acercó a ella y en su tono siempre cordial le preguntó dónde había estado el día anterior; para los pacientes en este centro, el personal médico significa mucho, no sólo en el sentido clínico, pero se convierten en amigos porque, así sea a una distancia segura desde la parte exterior de esta zona, enfermeros y enfermeras como Patrice emplean su tiempo libre para acompañar, charlar y alentar a sus pacientes.

Al enterarse de la historia de Patrice, Aruna, que poco a poco se recupera de la batalla de su vida, tomó las manos de Patrice, las cuales estaban envueltas en guantes dobles, y mirándole a los ojos a través de las gafas protectoras, le pidió que por favor diera el siguiente mensaje a su hijo y a la familia del amigo que falleció en Canadá: "Usted nos ha cuidado y nos trae mensajes de apoyo. Por favor, dígales que Aruna les envía su amor y condolencias en su momento de necesidad." Patrice recuerda como sus gafas se nublaron por el vapor de sus lágrimas, emocionada y abrumada de ver como Aruna, alguien que sufre de gran dolor y pasa por una necesidad mucho más grande, concentraba su atención para enviar un mensaje de alivio y esperanza a una familia desconocida al otro lado del mundo. Eso es humanidad.

Al conversar con Patrice, me di cuenta de lo afortunada que soy. Yo era uno de los primeros en ofrecerle a ella la oportunidad de desahogarse, y de esa forma, brindarle apoyo psicosocial al escuchar su bella historia. Y es así como veo la luz de la generosidad: el regalo que brinda Patrice por medio de sus conocimientos médicos, su cariño y bondad, y el gran espíritu de Sierra Leona por sobrevivir y ayudar  a otros. Si ves a Patrice, ¡dale un abrazo de parte!




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