Stefan Seebacher, Jefe del departamento de salud
La escasez de agua en el mundo no es ninguna novedad, pero hoy en día, el acceso al agua y el saneamiento mejorado es uno de los mayores problemas en los contextos urbanos donde vive el 50 por ciento de la población mundial.
La problemática mundial del agua se manifiesta de muchas formas: ciudades que afrontan graves escaseces debido al cambio climático y el crecimiento demográfico; 4.000 niños que mueren cada día de enfermedades cuyo vector es el agua por falta de acceso al agua potable, saneamiento inadecuado e higiene precaria combinados con el riesgo que conllevan los contaminantes que no cesa de aumentar; el costo de la energía para el suministro de agua, cada vez más importante para empresas de servicios de utilidad pública; ciudades de hoy con un alcantarillado y otros equipos vetustos que requieren una gestión y un mantenimiento que cuestan miles de millones de dólares por año y, por último, y lo más importante, el agua potable, apta para el consumo, que viene etiquetada con un alto precio.
Aunque podamos considerar que el acceso al agua potable y el saneamiento es un derecho humano, no un privilegio, tenemos que afrontar la dura realidad de que los habitantes de barrios marginales de ciudades que van de Manila a Mumbai y de Kinshasa a Nairobi viven en condiciones deplorables. Sin acceso al agua y el saneamiento, se exponen a las enfermedades y la muerte.
Los enormes esfuerzos desplegados en los 20 últimos años a fin de aumentar la cobertura de agua y saneamiento para las personas más vulnerable del mundo se vieron seriamente socavados por el proceso de urbanización y el cambio climático. Aun así, las ciudades siguen atrayendo a los pobres con la promesa de un futuro mejor.
Actualmente, casi un tercio de los 1.000 millones de habitantes de África vive en zonas urbanas y 70 por ciento de ellos en barrios marginales. Según el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-HABITAT), la población de algunas ciudades podría aumentar hasta un 85 por ciento en los próximos 15 años. El número de habitantes del Cairo, la ciudad más poblada en 2011, aumentará un 23 por ciento, cifrándose en 13,5 millones; ahora bien, en 2025, Lagos y Kinshasa la habrán superado, con 15,8 millones y 15 millones de habitantes, respectivamente.
En la India, la demanda de agua en Delhi aumentó a tal punto que las autoridades locales ya no pueden satisfacer las necesidades de la gente. El mantenimiento de la infraestructura de agua de la ciudad ha sido tan precario que el 40 por ciento del suministro no llega a los consumidores.
Entonces, ¿cómo abordar la problemática mundial del agua?
Existen principalmente tres medios de levantar ese reto: agua y saneamiento, educación e identificación de vulnerabilidades.
En primer lugar, debemos asegurar que el abastecimiento de agua, el saneamiento y el drenaje sean asequibles y mantenidos como corresponde. Servicios de recolección de desechos sólidos en comunidades de bajos ingresos pueden reducir significativamente las inundaciones causadas por lluvias torrenciales y mejorar la salud infantil al reducir la exposición a enfermedades. En segundo lugar, las comunidades más saludables y con mejores niveles de educación que viven en viviendas más seguras están en mejores condiciones de habérselas con una amplia gama de shocks y estreses como terremotos, epidemias e inundaciones. Y en tercer lugar, la identificación de vulnerabilidades en contextos urbanos puede ayudar a los habitantes pobres a mejorar a un ritmo y un precio apropiados, las estructuras construidas por ellos mismos o de construcción artesanal en las que viven.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR) se comprometió a contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio ofreciendo agua potable y saneamiento básico a 7.000.000 de personas como mínimo de aquí a 2015 en el marco de su Iniciativa Mundial de Agua y Saneamiento, pero gran parte de nuestra labor se llevó a cabo en comunidades rurales pobres.
Ahora, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para aquellos habitantes de ciudades que viven en condiciones desesperadas.
Puerto Príncipe es una de esas ciudades. Se estima que tras el terremoto de enero de 2010, 1.000.000 de personas siguen viviendo en campamentos de Puerto Príncipe y alrededores. La importancia del agua y el saneamiento resultó aún más evidente con el brote de cólera que ya se cobró más de 3.000 vidas.
La FICR exhorta a formuladores de políticas, gobiernos y donantes a reconocer que el saneamiento es una de las prioridades absolutas de la reconstrucción de Haití y les alienta a trabajar con las partes interesadas, las organizaciones multilaterales, la sociedad civil y los haitianos para prestar los servicios de saneamiento mejorado que la población haitiana necesita y merece.
Asimismo, se necesita un esfuerzo concertado de la comunidad internacional, el sector privado, las autoridades locales y las propias comunidades para abordar la problemática mundial del agua y encontrar soluciones innovadoras.
Visto que las poblaciones urbanas siguen creciendo, ciertamente, el pronóstico es sombrío.
La solución se ha de encontrar mediante una significativa cooperación política y social, en los planos nacional e internacional, con la cual la FICR está firmemente comprometida.