El desafío del riesgo urbano en América

En 1972, un terremoto en Nicaragua llevó 10.000 vidas. Hoy en día, los edificios son ocupados por familias que han vivido allí varios años. Managua cuenta con un alto nivel de riesgo asociado con delinquance urbana y los terremotos. Nigel Dickinson/IFRC.
En 1972, un terremoto en Nicaragua llevó 10.000 vidas. Hoy en día, los edificios son ocupados por familias que han vivido allí varios años. Managua cuenta con un alto nivel de riesgo asociado con delinquance urbana y los terremotos. Nigel Dickinson/IFRC.

por Xavier Castellanos, Director de Zona para América

En el año 2002, los participantes del primer Foro Urbano Mundial, celebrado en Nairobi, llegaron a la conclusión de que “el futuro radica en las ciudades.” Una década después, el futuro indiscutiblemente ha llegado. Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, y la urbanización está incrementándose alrededor del mundo, convirtiendo a la vulnerabilidad ante el riesgo urbano en una característica fundamental de la realidad del Siglo XXI. Esta tendencia demográfica ha motivado un cambio en la identificación de los lugares vulnerables que requieren de ayuda humanitaria, desde un entorno rural hacia uno urbano, al ver que el sufrimiento humano y la pobreza se incrementan y se concentran en las ciudades.

El patrón cambiante de vulnerabilidad y riesgo es hoy día una preocupación de especial importancia en América, la región más urbanizada del mundo, con alrededor de un 80% de sus 556 millones de habitantes viviendo en ciudades y pueblos. Se espera que en tan solo 15 años esta cifra ascienda al 85%, y según el Fondo de Población de las Naciones Unidas, entre el 90 y el 95% de la población estará viviendo en ciudades para el año 2050. Además, cerca del 31% de los residentes en ciudades hoy día en América viven en asentamientos irregulares.

Aunque se está convirtiendo cada vez más en una preocupación prioritaria de la comunidad humanitaria y de desarrollo, los esfuerzos para manejar la creciente vulnerabilidad ante el riesgo urbano no han co-evolucionado al mismo ritmo que los desafíos exacerbados por la rápida urbanización y el crecimiento poblacional no planificado.

En 2010, la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja dedicó su publicación insignia anual–el Informe Mundial sobre Desastres–al tema del riesgo urbano, e hizo un llamado a la acción concertada: antes que la marea de la urbanización nos haga perder pie, la comunidad humanitaria debe dar un giro de timón en su modo de proceder con esos grupos vulnerables [los mil millones que se calcula viven en barrios marginales alrededor del mundo] y los gobiernos, que no escatiman esfuerzos para entender lo que está ocurriendo en sus ciudades y a los que les resulta difícil otorgar los recursos necesarios para emprender la acción que conviene.

La necesidad de ponerse al día en el abordaje de la vulnerabilidad ante las amenazas urbanas es crucial. Es en este contexto que la Federación Internacional está asumiendo el desafío urbano en la Zona de América, lanzando cuatro áreas temáticas de enfoque– riesgo urbano, migración, cambio climático y violencia–en la programación integrada de la zona para el próximo período de planificación de cuatro años (2012 a 2015). Estos fenómenos no sólo están agravando la exposición de comunidades pobres a las amenazas y los riesgos asociados por desastres y pandemias sino también interactuando entre sí para generar nuevas formas de vulnerabilidad y crisis, que aumentan la marginalización, el empobrecimiento y la inseguridad. La naturaleza compleja y el impacto potencialmente devastador de estas tendencias deben ser atendidos por medio de acciones concertadas y enfocadas, que involucren a las 35 Sociedades Nacionales miembro, así como a los socios del Movimiento, colaboradores externos y gobiernos nacionales en todo el continente.

Esta publicación, desarrollada como parte de un esfuerzo para informar el proceso interno de definición de estrategias de acción urbana en la gestión del riesgo urbano en América, permite vislumbrar cómo tres Sociedades Nacionales de la Cruz Roja–entre muchos otros actores a lo largo del continente– están llevando adelante acciones dentro de entornos urbanos volátiles. Los estudios de caso y las historias sobre beneficiarios de Colombia, Nicaragua y Jamaica, junto con reflexiones y lecciones provenientes de otros entornos urbanos que incluyen Paraguay, Panamá y Perú, estimulan la reevaluación del lente a través del cual concebimos y promovemos el desarrollo humano. Está claro que abordar el riesgo urbano, así como las otras tendencias que actualmente dan forma al mundo, requiere no solo de un cambio de mentalidad en el Movimiento, sino de una adaptación fundamental de nuestro trabajo. Mientras la pobreza y la vulnerabilidad en el mundo se perciben históricamente como fenómenos rurales, el entorno urbano está rápidamente ganando terreno, con la más rápida urbanización de la pobreza ocurriendo hoy día en América Latina. Según el Banco Interamericano de Desarrollo, el 66% de los pobres de América Latina ahora reside en áreas urbanas. Esta tendencia de urbanización y su impacto en el continente exigen una extensión del enfoque orientado a lo rural que se ha convertido en el epítome del trabajo de la comunidad humanitaria.

Ahora es necesario ampliar y adaptar nuestros servicios para poder manejar mejor las consecuencias de procesos como la migración, el cambio climático y la violencia en áreas urbanas, sin reducir o de ninguna manera restar importancia a nuestro trabajo continuo en áreas rurales.

El cambiante mundo de las necesidades, vulnerabilidades y oportunidades también impulsa un desplazamiento desde la perspectiva de la “ciudad fracturada,” que ha dominado la concepción urbana de América en el Siglo XXI, hacia una perspectiva de sistemas más holística. Las ciudades son unidades políticas, administrativas y sociológicas que conjugan procesos diferentes y a menudo contradictorios, brindando prosperidad a algunos habitantes mientras confina a otros a los márgenes de la vulnerabilidad y del riesgo. Como ilustran las palabras e historias de vida de los beneficiarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja que se presentan en esta publicación, las dificultades y desafíos de vivir como ciudadanos de segunda en el límite de lo urbano son una realidad precaria, arraigada a complejas dinámicas urbanas. Solo enfocando la atención sobre la interrelación de las diferentes dinámicas y procesos dentro de las ciudades podrán la Cruz Roja y la Media Luna Roja contribuir de manera efectiva al desarrollo humano, identificando maneras de reducir los riesgos que frenan el progreso humano y confinan a grandes segmentos de la humanidad a vidas de pobreza, exclusión e inseguridad.

Nuestro trabajo en el entorno urbano debe apoyarse sobre las bases del rol de desarrollo de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, específicamente en el servicio integrado y nuestros tres pilares centrales: proporcionar servicios locales y nacionales que prevengan y reduzcan la vulnerabilidad; construir capacidades comunitarias y de la sociedad civil resilientes; y mentalidades cambiantes que promuevan la transformación personal y de la sociedad. Empleando las tres áreas de trabajo  para abordar los contextos urbanos como espacios multifacéticos, que integran tendencias tanto positivas como negativas por medio de procesos simultáneos, incrementa las oportunidades de atacar las causas subyacentes de la vulnerabilidad urbana. Tal como se demuestra en los estudios de caso, el enfoque integrado y colaborativo frente a riesgo urbano, que incluya el diálogo interdisciplinario y multi-sectorial, es más productivo. El enfoque integrado para la prestación de servicios también contribuye mejor en los esfuerzos en materia de desarrollo nacional sostenible, a través de la reducción de las pérdidas por desastres, la mejora en la salud de la población, y el incremento en la inclusión y el bienestar social.

El riesgo urbano concierne a toda la humanidad y hacer frente a la vulnerabilidad ante las amenazas urbanas en América es una necesidad urgente. El desafío consiste en lograr que la creciente población urbana sea parte de la solución antes que del problema. Como la red humanitaria más grande del mundo, la Federación Internacional se encuentra en una posición clave para dar respuesta al crecimiento urbano no planificado y a las resultantes dificultades urbanas, creando las condiciones básicas que estas comunidades requieren para asumir colectivamente los desafíos en cuestión.

La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la mayor organización humanitaria del mundo, con 187 sociedades miembros. Siendo uno de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nuestra labor se rige por los siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.