Bekele Geleta, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
Tres grandes tendencias se destacan cuando se reflexiona sobre la ayuda internacional a África en estos últimos años. La primera reside en los notables resultados de indicadores de salud tan importantes como la incidencia del VIH, las muertes relacionadas con la malaria y la mortalidad infantil, resultados que en gran medida obedecen a la financiación internacional. La segunda es que la ayuda se fue cuestionando cada vez más por el efecto perverso que surte en la construcción de instituciones viables y responsables. La tercera radica en que, independientemente del impacto positivo o negativo de la ayuda, en África abundan una nueva confianza, gobiernos más fuertes, la iniciativa empresarial, nuevas relaciones internacionales y la inversión del sector privado que, legítimamente, están dejando de lado las tradiciones de dependencia de la ayuda.
Para quienes se preocupan por la ayuda y el desarrollo de África, esas tres tendencias conllevan oportunidades y dificultades interrelacionadas. A fin de sustentar la incidencia positiva en las enfermedades y la mortalidad es preciso que haya instituciones más fuertes, ya que seguramente no serán estables ni autónomas mientras el grado de dependencia siga siendo alto, lo que implica que en cierta medida tendrán que integrarse financieramente en las oportunidades que ofrecen un gobierno más efectivo, los órganos regionales, el crecimiento del sector privado y la ciudadanía activa.
Esa transición no será fácil ni fluida. Muchas instituciones de ayuda y desarrollo de África están en su tercer o cuarto decenio de dependencia de la ayuda y ninguna sabe realmente cómo proseguir sus servicios, si se llegaran a retirar la influencia y la financiación extranjeras ni a qué optarían por dar prioridad el liderazgo y la financiación puramente locales. Existe una comprensible reticencia a poner vidas en peligro para descubrirlo.
Ahora bien, los organismos que prestan ayudan internacional se comprometieron a “no causar daño alguno”, y a largo plazo, la dependencia de la ayuda hace precisamente eso, pues socaba incentivos locales de movilización de recursos ofreciendo vías de financiación más fáciles, por lo cual, las instituciones no tienen que preocuparse tanto de rendir cuentas en el plano local, ya que su poder financiero viene de fuera. Además, sofoca la iniciativa y la responsabilización locales a favor de las prioridades de los donantes internacionales.
Esas dificultades se diagnosticaron hace décadas y aunque la capacitación nunca estuvo fuera de programa, los incentivos para el cambio a menudo fueron más superficiales porque el status quo mantuvo prebendas tanto para las instituciones donantes como para aquellas destinatarias. Aun así, últimamente se viene constatando una creciente resistencia contra el paradigma donante-destinatario que proviene de las propias instituciones africanas.
Del 19 al 21 de octubre, representantes de la red más grande de instituciones humanitarias del continente, las Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de África, se reunirán en Addis Abeba, Etiopía, para abordar esas cuestiones bajo el tema Inversión en África y promover grandes modificaciones en la forma y estructura de la arquitectura de la ayuda en la que se sitúan desde hace tanto tiempo.
La primera modificación reside en el respaldo financiero a las instituciones de ayuda africanas poniendo renovado énfasis en las asociaciones con gobiernos, órganos regionales, el sector privado y las comunidades locales para arraigar la rendición de cuentas financiera e institucional en el respectivo contexto local. El avance en este campo será propio a cada país, pero para grandes zonas del continente con conflictos resueltos y economías en crecimiento, cada vez será más factible orientarse en esa dirección. El hecho de que la Cruz Roja Keniana recaudara donaciones locales por valor de 10 millones de dólares en 2011 es prueba de ese potencial.
La segunda consiste en consolidar más la responsabilización nacional del programa de ayuda internacional y desarrollo con arreglo al Foro de Alto Nivel sobre la Eficacia de la Ayuda que tuvo lugar en Busán, República de Corea. La idea de tal responsabilización es ampliamente secundada, pero va contra la marea de programas de los múltiples donantes que modelan las asignaciones de ayuda antes de que lleguen a los países en cuestión. Si queremos reforzar la responsabilización, tenemos que hacerlo con el destinatario final teniendo en primer lugar la confianza de imponer condicionalidad a la suerte de la ayuda que será aceptada y, en segundo lugar, un compromiso de sumisión contractual.
Lo antedicho funcionará mejor si hacemos una tercera modificación para considerar la ayuda que no es de emergencia como una forma de inversión para sustentar la labor de desarrollo en el plano nacional, lo que conlleva una responsabilidad mutua: la parte beneficiaria de la inversión tiene que garantizar la seguridad de reembolso –las instituciones serán más fuerte y esos recursos se podrán recaudar en el plano nacional– y la parte inversora centrarse en el largo trayecto de la capacitación necesaria para lograr ese reembolso que engloba personas, sistemas de gestión y tecnología.
Eso tampoco será fácil, porque antepone el rigor de la seguridad de la inversión a la fe y las relaciones de buen corazón que cimentaron gran parte de la ayuda institucional. Ahora bien, ese rigor solo refleja la talla y responsabilidades crecientes de las instituciones africanas en medio de una de las economías de más rápido crecimiento del mundo.
Ese equilibrio persistirá por largo tiempo y en el futuro previsible, las necesidades humanitarias urgentes en gran parte de África requerirán apoyo internacional de inmediato, pero esa acción inmediata no tendrá que socavar el plan a largo plazo, plan que debería apoyar instituciones capaces de sostener el desarrollo y la acción humanitaria en forma autónoma a escala nacional. A largo plazo, las instituciones requieren más inversión y menos caridad para prosperar.