Una desalentadora realidad para los ganaderos etíopes

Publicado: 12 agosto 2011 15:00 CET
FICR/Michael Tsegaye. p-ET0110

Faye Callaghan, Etiopía

La comunidad de la localidad de Bede, en el sur de Etiopía, ha convocado una reunión para debatir de la crisis. Un hombre extrae su ordenador portátil y comienza a exponer una serie de cifras desalentadoras: total de reses muertas: 2.500, quedan 720; total de cabras muertas: 3.200, quedan 1.000; total de burros muertos: 308, quedan 102.

La lista continúa, revelando los gravísimos efectos que la sequía está teniendo también para las ovejas, los camellos y los pollos. Las cifras representan pérdidas equivalentes a más de tres cuartas partes de la base de sustento de esta comunidad. Dos veces que debería haber llovido, no lo ha hecho –desde abril de 2010 no ha habido precipitaciones– y muchos niños están malnutridos.

Hassan Ibrahim, presidente del kebele (pueblo), comenta que tampoco han podido cosechar sus cultivos. “Sembramos maíz y frijoles, pero no ha crecido nada.” Después de preguntarle cuál sería, en su opinión, la solución, alza la mirada al cielo y murmulla: “Egziabher Yawkal”. Dios sabe. En su campo, da un puntapié con desdén al polvoriento y agrietado suelo y recoge de él una semilla. “Sin lluvia, no pueden desarrollarse ni siquiera estos cultivos resistentes a la sequía.”

“Muchas familias han abandonado el pueblo; aquí ya no queda nada”, observa. Algunas se han desplazado treinta kilómetros a una fuente de agua; otras lo han hecho a Moyale, la ciudad más cercana. Pero, según cuenta Ibrahim: “Allí no hay trabajo; dependen de la ayuda de familiares.”

Esta comunidad de productores agropecuarios, acostumbrada a condiciones meteorológicas severas, solía complementar sus ingresos trabajando en las minas de oro. Sin embargo, también esta actividad depende del agua y está paralizada. La red de seguridad para ayudar a las familias en estos tiempos difíciles es muy débil, y la sequía está perdurando ya tanto tiempo que muchas personas no creen que terminará. Según Ibrahim, la comunidad ha sufrido daños muy graves: “Hemos empezado a llevar a nuestros hijos, cada vez más delgados, a una clínica de Moyale.”

La Cruz Roja Etíope se está preparando para iniciar la distribución de alimentos y agua en comunidades como Bede, a fin de garantizar la supervivencia de las personas. Además, ha sido lanzado un llamamiento de emergencia en el que se solicitan fondos para estas actividades encaminadas a salvar vidas y para financiar proyectos que ayuden a ésta y otras comunidades a recuperarse cuando por fin vuelva a llover. Se distribuirán semillas y herramientas, además de dinero para comprar otro material necesario, y se construirán fuentes de agua sostenibles a las que la población pueda recurrir en el caso de faltar las lluvias.

Al abandonar el pueblo, vemos a un grupo de mujeres apiñadas alrededor de una zanja no muy profunda cubierta por una lona de plástico, junto a una acumulación de bidones de vivos colores. Han oído que hoy llegará un camión cisterna y están ansiosas por no perder su parte. “No sé cómo sobreviviríamos sin estas distribuciones, pero nos gustaría no tener que depender de ellas”, comenta una de ellas. Gracias a la ayuda de la Cruz Roja, en el próximo período seco esta mujer debería disponer en su pueblo de una fuente de agua a la que recurrir.


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