La muerte no puede ser cotidiana

Publicado: 20 noviembre 2014 3:49 CET

Por Carlos Alban. Coordinador de Comunicación, Cruz Roja Colombiana, filial Valle del Cauca

Representantes de más de 70 Sociedad Nacionales de la Cruz Roja y Media Luna Roja visitaron la comunidad de Potrero Grande, para presenciar de primera mano, como Cruz Roja Colombiana incrementa la resiliencia comunitaria por medio de asociaciones.

Al oriente de la ciudad de Santiago de Cali, queda Potrero grande, un lugar lleno de esperanza, donde cientos de madres comunitarias y jóvenes creen que la vida es posible. Es el mismo sector de los 35 mil habitantes que día a día registran los medios de comunicación cuando ocurre un asesinato o un enfrentamiento entre pandillas juveniles, para citar dos titulares de prensa que llegan a la mente. El  barrio está divido en 12 sectores y no se sabe de cuántas fronteras invisibles, que determinan quien pasa y quien no de un lugar a otro. Arriesgarse a atravesarlo es arriesgar la vida.

Allí está el Colegio Potrero Grande, donde algunos de los 1,400 estudiantes, compartieron sus logros con los participantes del Foro Global de Resiliencia Comunitaria, que se celebra en Cali, Colombia. Sorprendió a los visitantes la sinergia a entre comunidad y voluntariado, el capital social que se está sembrando, también cómo funciona la iniciativa entre el sector público y privado, así como el compromiso del Estado para hacer posible, lo imposible, aún con la claridad que todavía falta mucho por recorrer.

Los mediadores de paz son 30, fueron los guías junto con los brigadistas, en el recorrido por el plantel educativo. Contaron cómo aprendieron a mediar en los conflictos escolares, desde hace seis años, cuando la profesora Yasmin Cuesta empezó a sembrar paz en el corazón de sus alumnos. La “profe” lo único que ha querido es que la muerte no se vuelva cotidiana, que se respete la vida, dentro del aula y por extensión en sus alrededores.

El gran reto es reducir el estigma y la discriminación, bastaría vivir la experiencia que vivieron los asistentes al Foro Global de Resiliencia comunitaria para comprender que es más la gente buena que como dice la profesora, están luchando para que la muerte no sea cotidiana y eso deben entenderlo los habitantes de la ciudad para que le abran las puertas a sus vecinos, tan cercanos y tan lejanos, ya ellos han demostrado ser una comunidad resiliente, así lo ha entendido el mundo humanitario de la Cruz Roja y Media Luna resultado de esta inolvidable visita.




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