Ángela y Milton: un ejemplo de resiliencia

Publicado: 23 febrero 2017 21:33 CET

Las rústicas cabañas de madera que adornaban los alrededores de la zona se silenciaron durante semanas. Aquellos quioscos que solían acoger turistas con cocteles decorados de frutas y los grandes parlantes que sonorizaban el lugar, estuvieron desolados por un tiempo. En Nuevo Briceño, una de las comunidades del cantón San Vicente, ubicado en el centro norte de la provincia de Manabí, la dinámica de la población cambió tras el terremoto del 16 de abril.

 

Los aproximadamente 500 habitantes del sector tuvieron que ingeniarse maneras para salir adelante. Muchos optaron por salir de la comunidad, otros por ayudar en la reconstrucción, otros en instalar negocios propios. Ángela Cevallos y Milton Sachán fueron una de las parejas pioneras en el emprendimiento después de perder su vivienda y sus artículos personales.

 

El día del desastre, se encontraban en Quito realizando los correspondientes chequeos médicos a Milton, quien un mes antes del terremoto perdió una pierna tras una amputación debido a su avanzada diabetes. A través de los medios de comunicación se enteraron de la fatal noticia. Intentaron por todos los medios regresar a su tierra, pero pudieron hacerlo tres días después del desastre. El lugar donde estaba su casa se convirtió en una montaña de escombros.

 

Ángela y Milton, improvisaron una nueva vivienda con lonas de plástico. Han pasado más de seis meses desde el terremoto y ellos siguen instalados en este espacio. No han podido conseguir una vivienda digna como la que tenían, pero no pierden la esperanza y siguen trabajando en esto.

 

Pese a las adversidades, Ángela tomó la decisión de iniciar un negocio: un pequeño lugar de comida. Con este nuevo emprendimiento, la pareja ha podido salir adelante este tiempo y pagar las medicinas que necesita Milton.

 

“Con la enfermedad de mi esposo, el gasto es grande, necesitamos dinero para movilización, alimentación y medicina, sin contar los días que viajamos a los chequeos de rutina en Quito. Ahora, con este negocio, he podido cubrir todos estos gastos” cuenta Ángela.

 

Pese a su discapacidad, Milton ha sido de gran ayuda en el nuevo negocio y ha buscado la forma de colaborar a su esposa. “Él me ayuda a cobrar a los clientes y también en la cocina, en todo lo que pueda, esto es un trabajo de los dos”, dice Ángela, mientras acaricia con ternura la mano de su cónyuge.

 

Ángela y Milton al igual que los demás habitantes de esta emprendedora comunidad recibieron ayuda inmediata que con el tiempo le permitió salir adelante. Cruz Roja Ecuatoriana asistió a través de sus voluntarios en la etapa de emergencia a las familias de estos sectores con ayuda humanitaria, agua y saneamiento y apoyo psicosocial.

 

Poco a poco la recuperación de la zona ha tomado fuerza. Los parlantes de las cabañas suenan nuevamente y las sonrisas en los rostros de los moradores iluminan de nuevo una de las comunidades más atractivas del cantón San Vicente. 




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