“Aprendí que las personas que han atravesado una tragedia, más que víveres necesitan un abrazo”

Publicado: 21 septiembre 2016 1:35 CET

“Aprendí que las personas que han atravesado una tragedia, más que víveres necesitan un abrazo”, afirma Joffre Molina. El joven voluntario de Cruz Roja Ecuatoriana es oriundo de la ciudad de Pedernales, provincia de Manabí, lugar en el que presta sus servicios de ayuda tras el fuerte terremoto. Recuerda que ha tenido que vivir experiencias que le han cambiado la vida, pero siente que esto ha sido parte de su “evolución” como ser humano.

​Joffre culminó hace poco sus estudios secundarios y actualmente dedica su tiempo al voluntariado en la Junta Cantonal de Pedernales. Tras el terremoto del 16 de abril, su tiempo está copado al ciento por ciento. “En esta época me he divertido, me he conmovido, ha sido una mezcla de emociones, pero sobre todo he aprendido demasiadas cosas”, comenta.

​En estos últimos meses, Joffre se ha especializado en la línea de acción de construcción de viviendas y ha participado en talleres relacionados en Quito. Estos conocimientos los replicará a las personas de su ciudad. Él comprende que sus nuevos conocimientos serán de mucha importancia para su comunidad, pues asegura que la participación comunitaria en este tema puede devolver la ilusión a las personas para recuperar su hogar tras el terremoto.

Para Joffre, esta etapa de su vida no se puede comparar con ninguna, pues asegura que en este tiempo como voluntario se ha perfeccionado tanto profesional como emocionalmente. Siente que ha “evolucionado”, que ha cambiado su manera de ver la vida, se conmueve más por ciertas cosas y -sobre todo- dice “no puede estar sin ayudar a las personas”. “Ser voluntario es algo que te aporta en tu desarrollo personal, recibir abrazos de agradecimiento de las personas que ayudas es un sentimiento que no lo podrás reemplazar con nada”, manifiesta Joffre.

​En Cruz Roja Ecuatoriana existen muchos jóvenes voluntarios que dedican su tiempo a pesar de las condiciones en que a veces deben realizar su labor humanitaria. Largas distancias de caminatas, extensas horas de trabajo y el contacto permanente con la comunidad han ido dejando huella en su crecimiento personal. Ellos encuentran una satisfacción adicional en sus vidas que los motiva a seguir adelante; a servir y apoyar a quien más lo necesita, en todo momento y en todo lugar.  




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