Hoy puedo dormir tranquilo al saber que mi familia tendrá un lugar digno para vivir

Publicado: 20 agosto 2016 22:30 CET

A pocos kilómetros de distancia de Pedernales, se encuentra Coaque, una pequeña comunidad que muestra -a simple vista- las afectaciones que dejó el terremoto del pasado 16 de abril en la costa ecuatoriana. La cancha de fútbol en la que se reunían los pequeños de la zona a jugar con la pelota, se ha convertido en el albergue de alrededor 100 familias que perdieron sus casas tras el fuerte movimiento. En Coaque habitan cerca de tres mil personas y todos de alguna manera resultaron afectados tras el desastre.

Las desgarradoras historias abundan en este lugar. Barón Zambrano y su familia cuentan la suya. Él es padre soltero, tiene dos hijos -de 9 y 10 años-. En su casa ha acogido por varios años a su hermana María, sus dos hijos y su esposo. Ellos no tenían donde vivir, por lo que Barón propuso alojarlos en su casa, sin saber que un día lo perdería todo.

Barón es dueño de un terreno en la comunidad de Coaque, en el que habita desde pequeño. En esta propiedad, antes del fatídico 16 de abril, se erguía una modesta vivienda para él y su familia. En el mismo espacio, había decidido también construir otra edificación para que María, junto con su familia, tenga privacidad y comodidad.

El día del terremoto lo perdieron todo. “Quedamos en la calle, con lo que teníamos puesto. Las paredes colapsaron, deteriorando todo lo que estaba adentro. Pudimos rescatar pocas cosas como platos y cucharas, el resto se echó a perder”, comentó Barón, aún con sus ojos llenos de lágrimas al recordar el día del desastre.

Si bien las pérdidas materiales afectaron a la familia Zambrano, esto no fue lo único que les generó inestabilidad. Durante el terremoto, Barón y su pequeña hija estaban dentro de casa, la tierra tembló tan fuerte que no pudieron salir y quedaron atrapados durante varias horas bajo los escombros. Esperaron ayuda, con la esperanza de sobrevivir. Fueron rescatados, y agradecen estar con vida, pero la afectación emocional no les permite recomponerse totalmente.

Cada vez que se presenta una réplica, los niños se esconden y lloran sin parar por algunas horas. Estos episodios aún no saben cómo controlarlos. Barón y su hermana están conscientes que deben buscar ayuda profesional, pero su situación en la actualidad es complicada económicamente.

Barón trabaja en una empacadora de camarones de la zona. Actualmente es el único miembro de la familia con trabajo fijo. La responsabilidad y todos los gastos de su familia y de la de su hermana recaen sobre sus hombros. Su jornada inicia a las 7 de la mañana y regresa entrada la noche. Su hermana María se encarga del cuidado de sus pequeños.

La familia Zambrano, tras el duro golpe que sufrió, decidió empezar de cero. Limpiaron los escombros de las casas e improvisaron un nuevo hogar construido con carpas y caña guadua en el terreno. Barón confiesa que entre sus planes estaba vivir en este lugar por mucho tiempo, puesto que asumía que no podría recuperarse de un desastre de esa magnitud y no podía reconstruir una vivienda fácilmente.

Sin embargo, un inesperado día, el personal de Cruz Roja se acercó a su terreno y les dio la noticia que su familia había sido seleccionada para ser beneficiaria de la construcción de una vivienda. “Me había resignado a esperar, quién sabe cuántos años para volver a levantar mi casa, pero gracias a Cruz Roja Ecuatoriana hoy puedo dormir tranquilo al saber que en poco tiempo mi familia tendrá un lugar digno para vivir” asegura Barón con entusiasmo.

Cruz Roja Ecuatoriana, en cooperación con Cruz Roja Española y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, han iniciado la construcción de viviendas progresivas para los afectados por el terremoto del 16 de abril, iniciativa en la que serán beneficiadas -en un inicio- 149 familias. Barón Zambrano y su familia fueron los primeros beneficiarios del programa. En pocos días se realizará la entrega de su vivienda. 




Mapa


La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la mayor organización humanitaria del mundo, con 190 sociedades miembros. Siendo uno de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nuestra labor se rige por los siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.