Todo va a estar bien, lo mejor está por llegar

Publicado: 19 agosto 2016 22:31 CET

Por Cruz Roja Ecuatoriana

Tiene dos hijos con capacidades especiales, enviudó hace 9 meses y -tras el terremoto- las paredes de su vivienda colapsaron y no tiene un lugar seguro donde dormir. Amparo Benavides ha recibido duros golpes en la vida, como ella mismo asegura durante una de las entregas de ayuda humanitaria que realiza la Cruz Roja Ecuatoriana en la comunidad de Charapotó, provincia de Manabí, donde vive con su familia.

Sus hijos Hólger, de 20 años, y Jenny, de 30, dependen de ella para sobrevivir. Necesitan cuidados especiales y ella ha dejado atrás muchas cosas para enfocarse en sus cuidados. Recuerda que la salud de Hólger empezó a deteriorarse cuando apenas tenía un año. “Él caminaba bien y no tenía señales de que pudiera estar enfermo. El niño empezó a perder movilidad en sus extremidades y a tener dificultades para hablar hasta que un día ya no caminó más”, recuerda.

Estas adversidades no impidieron a Amparo buscar la manera de dar sustento a su familia. Ella viajaba constantemente a la ciudad de Guayaquil para comprar ropa y revenderla. En esa época, su esposo quedaba al cuidado de los hijos. Sin embargo, desde hace 9 meses, Amparo perdió a su esposo y la situación se complicó. “Ahora que él no está ya no puedo viajar porque mis hijos necesitan un cuidado especial que solo yo puedo darles”, afirma.

Cuando tenía un poco de orden en su vida, el terremoto del 16 de abril le dio una nueva preocupación. Las paredes de su vivienda se debilitaron por lo que, en las noches, duerme en el patio de su casa por miedo a que las continuas réplicas derrumben lo poco que queda.

Pese a todos estos inconvenientes, Amparo no se rinde y su positivismo –asegura- le permitirá salir adelante. “Todo va a estar bien, sé que algo mejor está por llegar”, comenta. Ninguna situación que ha tenido que vivir a lo largo de su vida le ha impedido luchar por ella y su familia, y asegura que este desastre no cambiará su tenacidad




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