Una prueba de resiliencia

Publicado: 1 junio 2016 6:58 CET

Son las 6:30 de la mañana en Pedernales. Viernes de feriado. Cualquier pronóstico hubiese asegurado que este día sería un día tranquilo en esta localidad devastada por el terremoto del pasado 16 de abril. Sin embargo no es así. Caminar por las calles de Pedernales produce una sensación extraña. La calle hierve en actividad a pesar de lo temprano de la hora.

Entre restos de lo que fueron edificios, vendedores de fruta, carne, pollo, enseres del hogar, ropa, y de cualquier otra cosa que pueda imaginarse, ya se instalan bajo toldos para protegerse del inclemente sol de estas costas. Más abajo en el malecón frente al mar, los quioscos de pescado, y aquellos que ofrecen servicio de sillas para la playa ya están preparándose para recibir a los vacacionistas que, según aseguran los pobladores de Pedernales, “a pesar de lo que ha ocurrido, vendrán a disfrutar del mar porque es feriado”.

Por las calles los camiones que se llevan los escombros no paran su frenético transitar. Palas mecánicas y otra maquinarias terminan de demoler lo que ha quedado de las estructuras de este poblado que a causa del terremoto tuvo una afectación del 80% de las edificaciones.

Pero en Pedernales la resiliencia no es una palabra abstracta. En Pedernales la ves en la calle. Los automóviles lucen pegatinas con mensajes como “en Pedernales me quedo” “Pedernales se levanta”. No hay una sola casa, ni siquiera la más destruida, donde no haya actividad. Paso por frente de una casa en la que hay 3 tiendas de campaña en el pequeño patio, lo que queda de la casa está ladeada al fondo del patio, sin embargo frente a las tiendas hay algunas mesas plásticas y un mensaje escrito a mano anuncia bolón con café de lunes a domingos (bolón es una comida típica del Ecuador. Es literalmente una bola hecha de masa de plátano verde y rellena de queso o carne de cerdo).

Pareciera que hay un propósito subyacente en todos los pobladores de Pedernales, la ciudad tiene que estar limpia. Grupos de jóvenes y adultos caminan por las calles con palas y escobas. A pesar de la cantidad de tierra y los escombros, no hay basura en las calles, la gente barre sus portales, las cestas de basura improvisadas abundan.

Los voluntarios de Cruz Roja Ecuatoriana ubicados en Pedernales, comentan que para ellos también ha sido una sorpresa. No se imaginaban que verían renacer la ciudad en tan poco tiempo. “El Ecuador y en especial Pedernales nos han dado una lección” comentan en grupo. “La gente es más resiliente de lo que pensábamos, algunos ni siquiera quieren que los ayudemos, lo que quieren es que les digamos cómo estar mejor preparados para una próxima vez”, comentan.

Viendo la actividad de este poblado uno se pensaría que no ha pasado nada, que los edificios destruidos han estado ahí siempre. Pero no es así, esta ciudad sufrió mucho durante las primeras horas después del terremoto. Entre la destrucción y la tiniebla, el miedo al Tsunami y no tener a donde ir les hizo pensar, como comentan algunos pobladores “que todo se había acabado”. Sin embargo hoy, Pedernales está llena de vida y su energía nos hace pensar que su gente saldrá delante a pesar de todas las dificultades.




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