Agua potable

Publicado: 12 enero 2012 15:06 CET

Antes del terremoto de 2010, el acceso al agua potable en Haití ya era uno de los más bajos de América Latina y el Caribe. Esa situación fue gravemente exacerbada por el seísmo del 12 de enero, pues la infraestructura y los proveedores de agua sufrieron daños y más de 1.000.000 de damnificados se tuvieron que desplazar a campamentos de fortuna con pocos servicios de agua y saneamiento o ninguno.

Inmediatamente después del terremoto, en la masiva respuesta humanitaria se obró por evitar grandes brotes de enfermedades suministrando agua potable y construyendo letrinas, además de impartir nociones de higiene. Por desgracia, el brote de cólera de octubre de 2010 empeoró la situación y las actividades de agua y saneamiento tuvieron que prolongarse más allá de los seis a 12 meses de la fase de emergencia.

Ahora, 18 meses después del terremoto y la disminución global de casos de cólera, se pone  el énfasis en la recuperación.

Los esfuerzos para volver a poner los servicios de agua en manos de autoridades, comunidades y el sector privado están bien encaminados, lo que permite a los haitianos tomar las riendas y gestionar su propio suministro de agua y ofrecer un acceso sostenible para el futuro.

Comités de campamentos toman el control del agua

Jean Juslene, de 47 años, está sentada en el punto de agua del campamento La Piste y sostiene firmemente el tarro que contiene la recaudación de una larga mañana de trabajo, pues se ocupa de supervisar la venta de agua a los residentes en este campamento de desplazados.

“Paso sentada aquí toda la mañana y cuando termino, redacto un informe y lo entrego al comité”, explica. El comité al que se refiere, es

uno de esos comités de agua de los campamentos que se ocupan de la supervisión de la venta y la gestión de las ganancias. En estas últimas semanas, el campamento recibía agua gratuitamente, pero con el dinero que ahorraron pronto empezarán a comprarla.

“Cuando terminamos de vender el agua, un miembro del comité va al banco a depositar el dinero.

Entonces, una vez que dejemos de recibir agua gratis, iremos al banco a retirar ese dinero para comprar más”, explica Jean.

Hace seis meses que vive en el campamento con sus nueve hijos y conoce el nombre de todos sus clientes.

“Siento como que ayudo a esta comunidad, pues me sé el nombre de todas las personas a las que le vendo agua. No es problemático que ya no sea gratuita. Muchos vienen a comprarla aquí y si no tienen lo suficiente, se las vendo más barata”, añade.

El dinero de la venta de agua se vuelve a invertir en la comunidad de La Piste.

“Si hay algún problema con una canilla o hay que tenemos que arreglar una cañería tenemos dinero para hacerlo. El dinero del agua ayuda, podemos ahorrar y si alguien del campamento tiene algún problema, podemos ayudarle”, concluye Jean.

Quioscos de agua al servicio de comunidades locales

Un gran número de personas se congrega en torno al quiosco de agua de Impasse Vanneau en Delmas 19.

“Atiendo de 30 a 40 personas por día”, comenta Yolande Thomas, de 42 años, encargada del punto de agua.

Este quiosco fue construido por equipos de la Cruz Roja, así como un tanque con capacidad para más de 100.000 litros de agua, que ahora gestionan Yolanda y la comunidad local.

Vive aquí con su esposo y sus tres hijos, pero su casa fue gravemente dañada por el terremoto.

“Las paredes de una parte de la casa se agrietaron, pero igual nos quedamos viviendo aquí”, cuenta.  

El barrio está cerca de un gran campamento de familias desplazadas y, antes, muchos vecinos se abastecían en el punto de agua del mismo. Asegurar que los barrios tengan acceso al agua y puedan tomar el control del suministro de sus comunidades es un elemento esencial de la estrategia de recuperación que aplica la Cruz Roja.

Yolande vende un cubo de agua a cuatro gourdes o tres cubos a 10 gourdes (unos 0,25 dólares) y el dinero que gana es crucial para su sustento.

 “Las primeras semanas, la Cruz Roja me dio el agua gratis, pero ahora se la compro a un vendedor privado. Después de pagarla, tengo una ganancia de alrededor de 20 dólares haitianos”, explica (esa divisa está prácticamente a la par del dólar estadounidense).

“Llevo casi dos meses vendiendo agua y me compra mucha gente. Estoy contenta porque presto un servicio a la población”.

De guardián de agua a vendedor

Jean-Norbert Printemps observa a trabajadores de la Cruz Roja que instalan un tanque de 11.000 litros de agua en su propiedad de Cazeau, un barrio periférico de Puerto Príncipe.

Vive allí desde que el terremoto destruyera su casa. “Después del terremoto, en esta zona no había agua potable, entonces, me puse en contacto con la Cruz Roja para que los vecinos la tuvieran”, cuenta.

La Cruz Roja dio curso a su solicitud instalando un tanque flexible de 10.000 litros en su propiedad y suministraba agua a diario; Jean-Norbert servía de guardián para supervisar la distribución.

“Fui guardián del agua que la Cruz Roja suministraba gratuitamente a esta comunidad y esa labor me gustaba. Los vecinos dependían de mí para el agua potable. Me sentía responsable de ayudarles y quiero seguir haciéndolo”, indica.

Ahora que dispone de un tanque permanente, Jean-Norbert seguirá supervisando las necesidades de agua de su comunidad, pero comprará y venderá el agua que suministre. En el período de transición, la Cruz Roja distribuirá agua gratis durante una semana a los quioscos que se acaban de construir para que los vendedores de agua de la comunidad tengan tiempo de establecerse y contar con los fondos que necesitan para iniciar y sacar adelante el negocio.

 “Yo bebo esta agua, así que ahora no tengo ningún problema en venderla. En función de lo que me cueste el acarreo, podré vender el cubo a tres gourdes; normalmente, cuesta cinco gourdes, pero como la Cruz Roja me construyó el tanque no tengo que sufragar ese gasto.” 




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