En cinco años, las comunidades Haitianas son mejor protegidas

Publicado: 8 enero 2015 14:21 CET

Gennike Mayers/ FICR

"No sé nada de la mampostería, pero gracias a la Cruz Roja hoy día sé cómo colocar bloques, atar barras de acero y tomar medidas.  Yo no soy un gran albañil, pero conozco los reglamentos básicos,”  explica Gladys Joachim de 38 años, que vive en Delmas 13, uno de los barrios de Puerto Príncipe, donde la Cruz Roja ha implementado un enfoque de barrio integrado y orientado hacia la renovación, la rehabilitación y la construcción de casas en adición a la realización de obras de infraestructura necesarias.

No solo Gladys ha aprendido algunas técnicas básicas, pero ha sido capaz de aplicarlas en unos proyectos de vivienda en su barrio. “Soy un estudiante y he formado parte del equipo de movilización comunitaria de Delmas 9 que recibió una formación con la Cruz Roja Haitiana y la Cruz Roja Francesa. La Cruz Roja necesitaba gente y yo estaba interesada en ayudar a mi comunidad y aprender al mismo tiempo. “

Compartió con entusiasmo unas anécdotas del programa de formación de aprendices.  Fue una experiencia  muy práctica, aprender practicando a medida que construíamos una casa de dos niveles. Los formadores fueron muy pacientes con nosotros y procedieron de tal manera que pudiéramos dar lo mejor de nosotros  ya que estábamos construyendo unas casas en las cuales la gente iba a vivir. Es nuestra responsabilidad asegurarnos que las personas pudiesen vivir allí con toda seguridad. “

Después de la experiencia de aprendizaje de la Cruz Roja y la aprobación de sus exámenes prácticos con éxito, Gladys fue seleccionada para construir un tanque séptico. “Se trataba verdaderamente de una construcción delicada debido a su ubicación. Había mucha agua y mucho lodo, entonces tuve que encontrar una manera de superar el problema para poder hacer la construcción, pero  después de terminarla el jefe de la obra me felicitó. Me siento tan orgullosa porque la gente decía que las mujeres no trabajan en el sector de construcción, pero me gusta ese trabajo y me siento a gusto.

La vida ha cambiado radicalmente desde enero 2010, cuando el sismo golpeó Haití  “el 12 de enero 2010, yo vivía en Delmas 17 pero mi casa fue destruida. El terremoto pasó cuando estaba al punto de ir a bañarme. La casa literalmente me vino encima. Ocho personas fallecieron en esta casa pero gracias a Dios, salí con vida. Mi hijo también sobrevivió. Esto me marcó profundamente, pero yo nunca renuncie, nunca perdí esperanza.”

Cinco años han pasado y tan dolorosos sean los recuerdos, Gladys aprehende el futuro con optimismo.  “Cuando no tenía donde ir,  ningún lugar para vivir, la Cruz Roja  construyó una casa para mí y me permitió participar en diferentes actividades, remoción de escombros, construcción. Hoy, voy a la escuela y quiero aprender más para poder construir una vida mejor para mí y mi hijo.”

Durante los últimos cinco años, la Cruz Rojo ofreció soluciones de viviendas seguras y mejoradas a más de 44 000 familias. Gracias a su apoyo, la Cruz Roja pudo ayudar a los más vulnerables a conseguir un lugar que pueden llamar su casa.




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