Medios de subsistencia

Publicado: 28 diciembre 2011 19:00 CET

Dado que casi 70% de la población vivía por debajo de la línea de pobreza, el terremoto de enero de 2010 fue un revés masivo para la frágil economía haitiana. Empresas, equipos, materiales y existencias fueron destruidos, los hogares perdieron a quien les procuraba el sustento, así como ahorros y viviendas, por lo cual, se quedaron sin fuentes de ingresos.

Las evaluaciones mostraron que hoy, los niveles de ingresos son entre 10 y 50% inferiores a los de antes del terremoto y que, sistemáticamente,  los haitianos dan prioridad a la chance de ganar ingresos respecto a necesidades más inmediatas como la comida y el dinero. Quieren ayuda para volver a abrir negocios y encontrar empleo, antes bien que la caridad de los organismos de ayuda y la creación de empleo es un elemento prominente de los planes del gobierno haitiano.

Ahora bien, reconstruir la economía de un país lleva años y mientras eso ocurre, la Cruz Roja apoyará a  miles de familias para que recuperen los ingresos de su propio hogar mediante la creación de puestos de trabajo, subvenciones en efectivo y oportunidades de formación.

Campamento conectado

Mackenson St Louis tiene 26 años y vive en La Piste, campamento que aloja a docenes de familias de la comunidad de sordos de Haití.

Con una subvención para medios de subsistencia que le otorgó la FICR, transformó la mitad de su refugio transitorio en un próspero cibercafé.

“Puse un cibercafé porque en la escuela había estudiado informática e Internet me gusta de verdad,  ya que puedo estar en contacto con el mundo entero y expresarme como quiero”, explica.

Le bastaron dos ordenadores portátiles y un generador para hacerse un nombre en la comunidad.

 “Abrí en marzo, preparé volantes y los coloqué por todo el campamento. Eso dio resultado, pues aquí, todo el mundo sabe del cibercafé. Vienen de 20 a 30 clientes por día, pero como solo dispongo de dos ordenadores, deben hacer cola y esperar.”

Los clientes pagan 20 gourdes, unos 50 centavos de dólar, por 30 minutos de acceso a Internet o 35 gourdes por una hora. La mayor parte del dinero del cibercafé, lo invierte en el negocio para pagar el combustible del generador y el abono mensual a Internet. Las limitaciones de su empresa frustran a Mackenson que considera que el café tiene gran potencial.

“Marcharía mejor con más ordenadores y la electricidad es un problema. Quiero ampliarlo para que la gente haga llamadas internacionales desde aquí, pero no es posible. Internet es grande en Haití, pero el sistema es lento.”

El cibercafé es importante en la comunidad de La Piste, pues ofrece servicios muy necesarios para los residentes sordos del campamento.

“Es mi trabajo, pero el café Internet es para el campamento”, indica Mackenson.

“Ayudo a otros colegas sordos porque para ir al más cercano tenían que cruzar una carretera peligrosa para quienes no oyen. Es importante que la gente de aquí también tenga acceso a las comunicaciones

Tienen que dactilografiar su CV y documentos importantes, porque de lo contrario, no podrán conseguir trabajo.”

“Siempre había tenido esta idea, pero sin la subvención de la Cruz Roja no hubiera podido concretarla.”

Semillas para el futuro

Anne Dite Lina Pierre Louis tiene 55 años, vive en Port-à-Piment, hace poco recibió la segunda de dos subvenciones por valor de 250 dólares y explica: “Antes teníamos tantos problema que no podía siquiera vislumbrar cómo resolverlos. Entonces, llegó la Cruz Roja y nos dio este dinero que cambió mi vida porque de pronto todo se volvió más fácil.

Utilizamos la primera subvención para cosas que necesitábamos de inmediato, como alimentos y ropa, porque era un momento difícil para nosotros. Con el resto compramos tres cabras y el dinero de la segunda subvención lo invertimos en agricultura.”

Antes de recibir esa segunda subvención, Anne hizo un curso de formación. Siempre trabajé en agricultura, pero en el curso aprendí cosas nuevas; por ejemplo, cómo iniciar un huerto y la segunda subvención me sirvió para eso. Alquilé un terreno para aumentar el rendimiento, además de plantar verduras en mi propio huerto”

Cuándo se le pregunta sobre el futuro, Anne responde: “Con los cultivos podré obtener alguna ganancia en diciembre y con ese dinero quisiera reparar mi casa y mandar a los niños a la escuela. Siete de ellos están en edad escolar, por lo cual, el gasto es grande. Poco a poco nos iremos abriendo camino.”

Alzarse de los escombros

Es una hermosa mañana soleada y Felisma Exil tiene las manos cubiertas de cemento: eso forma parte de un plan. La idea es simple: reciclar los montones de escombros que se alzan por todo Puerto Príncipe y zonas aledañas en materiales de construcción para volver a levantar la ciudad. 

Es una de las mejores ideas”, sostiene Felisma con una enorme sonrisa.

Su equipo se ocupa de colocar los coloridos ladrillos del pavimento del campamento de base de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en Puerto Príncipe. “Este es el piso más lucido del terreno”, comenta otro miembro del personal de la Cruz Roja

Felisma era conductor de camión antes del terremoto que recuerda como si fuera ayer: “Mi casa se cayó a pedazos, pero mi familia estaba bien. Mis padres, mi mujer, todos están bien”, añade aliviado.

Después de vivir meses en un campamento, aprovechó la oportunidad que le ofrecía la Cruz Roja de trabajar en la construcción de refugios transitorios de madera para miles de familias. Gracias a su experiencia, no tardó en encabezar un equipo grande del que forman parte muchos otros damnificados que perdieron familiares y viviendas en el seísmo. Ahora que se terminó de construir gran parte de esos refugios, fabrican una gama de productos de construcción.

Felisma añade que sus ingresos le permiten tener un techo sobre la cabeza. “Por lo general, en este país resulta bastante difícil encontrar empleo. Como ve, aquí los muchachos están realmente contentos de tener trabajo para ganar dinero y poder comer. Hoy en día nos sentimos bien”, comenta Felisma con otra gran sonrisa y concluye: “No tengo palabras para agradecer.”




Mapa


La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la mayor organización humanitaria del mundo, con 190 sociedades miembros. Siendo uno de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nuestra labor se rige por los siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.