Orfa Mejia, Honduras
La pobreza marca la vida de la familia de Baquedano. “Cuando llueve esperamos a ver a qué hora se llena (inunda) la casa. Algunas cosas las sacamos, hasta ver a donde se llene”, dijo Víctor Manuel Baquedano.
Víctor Manuel Baquedano, vive en la comunidad de La Botona, Laure, Valle.
Está casado y tiene dos niños de cuatro y dos años. La pobreza es su mayor amenaza, viven expuestos al agua, su casa si puede llamarse casa, es apenas una “media agua”, construida de nylon y ubicada dentro de una de las pilas de la salinera, las que en verano se llena de agua salada, estas familias viven dentro del lugar donde trabajan por temporada.
El trabaja en el verano en las salineras. “Lo más que se gana son 120 lempiras diarios (unos 6.31 dólares)”.
En otra época del año trabaja en la cosecha de camarón en el lado de El Faro. Para entonces gana 250 lempiras al día (unos 13,16 dólares) si entra al turno de “noche” de cuatro de la tarde hasta el día siguiente cuando sale a las siete u ocho de la mañana, cuando se cosecha. Esta jornada de trabajo es contraria a lo que dice la ley laboral de Honduras, se entiende como jornada mixta de trabajo la que comprende horas del día y de la noche, no debe exceder a las 6 horas de trabajo y su pago es mayor.
“Son temporadas las que se trabajan aquí”, dice el hombre que está con sus pies descalzos, porque los tiene llagados, por estar más de diez horas en las pilas de agua salada, ya que en la camaronera donde trabaja no cuenta con ninguna protección. “Me vine, porque no aguantaba los pies. Mire como los tengo”, relata.
La empresa con la que trabaja no les reconoce ni les apoya en las enfermedades. “Ayer la dueña de la camaronera sólo dijo vayan déjelos a Laure para que se curen y regresen”.
A pesar de su estado crítico de salud no lo ha visto ningún médico. “No tenemos dinero. ¿Qué doctor va a buscar uno? Para ir hay que andar pisto (dinero), comenta, con un dejo de tristeza.
El hombre refiere que en la época de verano “no sufrimos mucho”.
Ahora en invierno es cuando estamos jodidos, dice. El agua llega hasta acá (señala el punto en la pared hasta donde llegó el agua en este temporal). Nos aguantamos. ¿Y qué vamos a hacer? Uno de pobre no puede andar cambiando de un lugar a otro, se lamenta el hombre que tampoco sabe leer, y quien dice que ayudará a sus hijos “hasta donde pueda y en lo que pueda. Uno como pobre tiene que luchar hacia adelante”.
¿Qué viene ahora?
Tras la emergencia, quienes quedan en la zona atendiendo las necesidades de los damnificados son los miembros de la Cruz Roja, quienes han procedido a evaluar las necesidades de los damnificados.
Uno de los problemas es el de la vivienda.
“Hemos visto en muchas viviendas que son de estructura que no es resistente a tanta lluvia. Algunas construidas de bahareque, adobe, y otras solamente con horcones y forradas con nylon. Eso viene a crear un problema grave
Hemos estado problemas de hongos en los pies, de lodazal dentro de las viviendas que puede acarrear cualquier tipo de enfermedad y nosotros estamos culminando con la ayuda humanitaria, posteriormente veremos qué tipo de ayuda la Cruz Roja puede apoyar con su personal voluntario”, dijo Cabrera.
Dijo que han estado en contacto con delegados de la Cruz Roja Española, planteando las necesidades como ser kit de higiene y de comida. También le hemos enviado las necesidades de la comunidad Altos del Sur, donde las necesidades son agua potable y letrinización, y son 222 viviendas. También en la comunidad de La Fuente, la planta que abastece de agua fue totalmente inundada, caídos los postes donde se encuentran los transformadores. Estamos haciendo esas gestiones, para ver qué intervención se les da a esas comunidades”, dijo.
“Las necesidades son de construcción y de repente de trasladarlas a un lugar que no sea vulnerable de inundación. Se requieren asesorías en higiene.
Hay muchos problemas en casas de adobe y bahareque. Es lo típico. Es por pobreza. Muchos construyen y cultivan en lugares de alto riesgo, y en estas ocasiones las inundaciones arrasan sus cultivos”, indicó.