Llevando esperanza de miles de afectados

Publicado: 9 noviembre 2015 17:59 CET

Por: Cruz Roja Mexicana

Eran las 16:00 horas del 23 de octubre. La incertidumbre reinaba entre los pobladores de las costas de Jalisco y Colima. Todo parecía indicar la inminente entrada del huracán Patricia, considerado el más potente de los últimos años. 

Con vientos de más de 266 kilómetros por hora, capaz de levantar vehículos y devastar todo lo que se encuentre a su paso, el fenómeno meteorológico, con categoría 5, la mayor en la escala Saffir-Simpson, movilizaba a las autoridades de Protección Civil Federal y Estatal, al Ejército y a la Marina Armada de México. Cruz Roja Mexicana estaba lista para enfrentar los estragos que ocasionaría el huracán. 

La Coordinación Nacional de Socorros de la Benemérita institución se había anticipado un día antes a la llegada del huracán. Más de 30 toneladas de ayuda humanitaria se desplazaron desde la capital de la Ciudad de México a los estados de Colima y Jalisco.     

Más de 150 voluntarios se apostaban en lugares estratégicos para apoyar a las personas que pudieran resultar afectadas por los daños que ocasionaría Patricia. Más de 30 unidades de emergencia se movilizaron de inmediato.

En el estado de Colima, 70 voluntarios con el apoyo de 19 ambulancias se movilizaron para apoyar en la evacuación de personas de las comunidades de Tecomán, Armería y en Manzanillo; en Jalisco, 80 voluntarios se dirigieron a Puerto Vallarta, Zihuatlán y Tomatlán, a bordo, también de un tráiler hospital, una unidad de rescate y un vehículo de logística.

En total 500 voluntarios, pertenecientes a otras delegaciones estatales de Cruz Roja Mexicana permanecían en alerta. Todos ellos especialistas en atención pre hospitalaria, evaluación de daños, logística en centros de acopio y albergues.

Entre estos voluntarios se encuentra Rodrigo de Jesús Gutiérrez Vega, de 27 años de edad, ocho de ellos trabajando en Cruz Roja Mexicana del estado de Jalisco, donde labora como Operador y Técnico en Urgencias Médicas.

Él junto con otro grupo de voluntarios se trasladó a Puerto Vallarta donde esperarían el impacto del huracán Patricia. Es su primera experiencia anticipándose a la llegada de un huracán con la magnitud que traía Patricia. -Había incertidumbre y miedo, no sabíamos lo que iba pasar- Por su mente imaginaba ver carros volando por el cielo, postes y casas destruidas por doquier y gente pidiendo ayuda. 

El paso del tiempo se hacía eterno. Las y los voluntarios de la institución estaban bien resguardados en la delegación de Cruz Roja de Puerto Vallarta, su atención se centraba en los noticieros en línea para conocer la evolución y trayectoria del huracán. De pronto, las últimas noticias sobre Patricia despejaban la incertidumbre que reinaba, había disminuido su potencia a categoría 4 y cambiaba su trayectoria, el impacto no sería directamente sobre Puerto Vallarta.

Una llamada previa de emergencia al impacto del huracán solicitaba la presencia de las y los voluntarios de Cruz Roja Mexicana para evacuar una comunidad que se encontraba a las orillas de un río, muy cerca de Puerto Vallarta. Al lugar llegaron 50 voluntarios. Rodrigo se sorprendió que la mayoría de los habitantes que solicitaban el apoyo eran personas en sillas de ruedas, con discapacidades diferentes y adultos mayores. A muchos de ellos su avanzada edad o enfermedades, les dificultaba caminar por el empedrado del pueblo.

-Muchas gracias- decían las personas,  -que bueno que no nos abandonaron-  eran algunas de las palabras y muestras de afecto por el apoyo que recibían de las y los voluntarios de Cruz Roja Mexicana. Rodrigo confirmaba que la gente a pesar de sus condiciones y el deterioro en su salud, tomaban en serio las alertas y las medidas preventivas que lanzaron las autoridades federales y estatales ante la llegada del huracán. 

Mientras tanto, en la Sede Nacional de Cruz Roja Mexicana, el presidente nacional, Fernando Suinaga Cárdenas, instruía para que se abrieran centros de acopio en  el Distrito Federal, Jalisco, Colima, Estado de México, Nuevo León, Chihuahua, Sonora, Querétaro, Guanajuato, Morelos, San Luis Potosí, Coahuila y Sinaloa para estar listos y apoyar a las personas que pudieran resultar afectadas por Patricia.

La solidaridad, una de las características de los mexicanos, no se hizo esperar y pronto las personas llevaron los artículos de primera necesidad que las y los voluntarios recibían para armar las despensas que se trasladarían a las zonas afectadas.

Para el domingo 25 de octubre ya se conocían los daños. Afortunadamente el huracán no impactó con la potencia que se esperaba. La zona montañosa y la desviación en su trayectoria disminuyeron las rachas de viento, sin embargo, sí dañó fuertemente a comunidades que habitan en la montaña, principalmente en el municipio de Mascota, Jalisco. Más de 10 mil afectados, según autoridades federales. Afortunadamente ninguna persona perdió la vida.

Las y los voluntarios de Cruz Roja Mexicana, entre ellos Rodrigo de Jesús, distribuyeron ayuda humanitaria en el municipio de Mascotas, despensas, artículos de higiene personal y para el hogar, se entregaron a familias que lo perdieron todo, la mayoría de ellos de escasos recursos.

Había una devastación total, casas destruidas, poblaciones incomunicadas, puentes peatonales y vehiculares desaparecieron por la fuerza del agua. La ayuda la teníamos que entregar a través de cuerdas y tablones que asegurábamos para trasladarla de una orilla a otra. No había otra opción, aseguraba el paramédico.

Para Rodrigo había sentimientos encontrados, por un lado era muy satisfactorio el poder entregar ayuda humanitaria a esa gente que lo había perdido todo, - recibir una sonrisa o un gracias, era suficiente para motivar y recompensar el trabajo, valía la pena las horas sin dormir, sin comer bien, sin descansar a cambio de ayudar a esa gente,  pero por el otro lado, ver todas las casas destruidas, son situaciones que te hacen más sensibles y que te marcan de por vida.

Durante los primeros tres días de trabajó antes, durante y después del paso del fenómeno meteorológico, la comunicación que mantenía con su familia, su esposa e hijos, así como su madre, no fue constante, estaban preocupados por él. Sus tíos y primos trataban de mantener contacto, pero las zonas donde trabajaba con sus compañeros no tenían buena recepción. Eso lo inquietaba, porque sabía que había tensión en el seno familiar. Cuando la comunicación se restablecía su mayor alegría era escuchar a su mujer y sus hijos.

Esta ha sido una gran experiencia, dice, Rodrigo, ha sido muy aleccionadora. Hoy valoro más la vida. Muchas personas ven en Cruz Roja Mexicana una esperanza de vida, de ayuda humanitaria, de consuelo y saben que no van estar solos cuando se registre una emergencia o un desastre humanitario. - Se siente muy “padre”, cuando una persona a la que tu ayudaste te dice gracias.

Si mañana mismo me comentaran que se acerca otros huracán igual o de mayor potencia al de Patricia, ahí estaría nuevamente, iría ayudar las veces que fuera necesario, siempre y cuando mi salud me lo permita. Estoy seguro que mis compañeros también estarían en la línea de la emergencia.

Todas y todos los que participamos, de la Cruz Roja estatal de Jalisco, Colima, Nayarit, Michoacán y Estado de México,  demostramos  valor, compromiso y dedicación. Todos unidos pasamos la incertidumbre, pero también la satisfacción de ayudar. Había mucha comunicación y apoyo entre nosotros. Eso es algo que hay que valorar y que nos compromete a seguir trabajando, somos Cruz Roja Mexicana y estamos para ayudar a quien más lo necesite.   




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