Gripe: ¿Estamos preparados para una pandemia grave?

Publicado: 17 mayo 2013 15:55 CET

Al 8 de mayo de 2013, en China habían muerto 32 personas de H7N9, una cepa de gripe aviar, pero expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) declararon que por ahora no hay prueba alguna de transmisión de persona a persona. Se trata de la tercer cepa de gripe que ocupa los titulares en estos últimos años: las dos primera fueron la H5N1, conocida como gripe aviar y la H1N1, conocida como gripe porcina.

Esas muertes fueron trágicas, pero afortunadamente, esta nueva cepa de gripe no se caracteriza por la transmisión sostenida entre seres humanos y, por lo tanto, no supone un riesgo significativo a gran escala para la vida.

Ahora bien, si muta y facilita esa transmisión o aparece otra con esa particularidad, ¿estaríamos preparados?

Jim Catampongan, Coordinador de Salud en Emergencias de la FICR en Asia y el Pacífico, estuvo en primera línea de la preparación de la organización en previsión de una pandemia de gripe y respuesta a la misma desde 2006. A su entender, la cepa H7N9 es distinta a las anteriores porque a pesar de causar enfermedad en el ser humano y a veces muerte, las aves infectadas muestran pocos signos de enfermedad o ninguno.

“Eso implica que tal vez el virus esté circulando ampliamente sin que lo sepamos porque no hay grandes cantidades de aves que caigan muertas”, explica.

A raíz del alto número de casos y muertos en un corto período, 131 casos y 32 muertos, la OMS calificó la H7N9 como una de las cepas “más letales” de las que aparecieron estos últimos años.

El Sr. Catampongan asevera que habida cuenta del carácter imprevisible de los virus de la gripe es vital invertir en medidas de preparación comunitaria y asegurar que cada cual conozca su función para evitar la propagación de la enfermedad. También  considera que los voluntarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja están en buena posición de intervenir.

“Se encuentran en la mejor posición de asegurar que la atención de salud llegue a las personas más vulnerables, activar los correspondientes filtros de prevención y superar las barrera culturales para utilizar los servicios de salud. En una situación de pandemia, los voluntarios pueden garantizar fácilmente que los mensajes apropiados lleguen oportunamente a las comunidades.

A menudo, los voluntarios y los vecinos de la comunidad son los primeros en responder. Tenemos que seguir invirtiendo para capacitar a las comunidades a fin de que respondan rápido y en forma coordinada cuando sobreviene una emergencia”, añade.

En estos últimos años, países y comunidades de todas partes del mundo invirtieron en preparación, entre otros, organizando campañas de educación pública sobre cómo mantenerse a salvo y qué hacer en caso de una pandemia grave. Ahora bien, programas de apoyo a países y comunidades de bajos recursos se reorientaron pasando de la labor basada en la comunidad a la investigación científica. De ahí que las comunidades estén menos preparadas y muchas se expongan a un enorme riesgo de pandemia grave, riesgo aún mayor que en muchos países desarrollados.

“Una vacuna sería el medio más eficaz de protegernos contra un nuevo virus de la gripe, pero nuestra experiencia muestra que tratándose de vacunas y medicamentos antivirales, la producción en grandes cantidades y la amplia distribución, sobre todo en las comunidades más apartadas en riesgo, lleva tiempo.

Es preciso que apoyemos de inmediato a los países en desarrollo para que, llegado el caso, realicen intervenciones no farmacéuticas de rápido despliegue a escala en contextos de bajos recursos”, concluye el Sr. Catampongan.

La FICR lleva a cabo programas basados en la comunidad y orientados a construir la resiliencia comunitaria; dichos programas incluyen elementos de preparación para afrontar riesgos prioritarios que las propias comunidades identificaron y elaborar a partir de lo aprendido en el programa de preparación en previsión de una pandemia de gripe y respuesta a la misma, iniciado en 2006.




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