Japón: La amenaza de un segundo desastre se cierne sobre las personas mayores

Publicado: 21 marzo 2011 14:37 CET

Patrick Fuller

En muchos aspectos, el tsunami del 11 de marzo en Japón nororiental se transformó rápidamente en un desastre asociado con las personas mayores. Los tres centros de evacuación de la asolada ciudad de Otsuchi están llenos de ancianos débiles. Muchos están agotados o demasiado enfermeros como para hacer algo y envueltos en mantas permanecen acostados en los colchones colocados en el piso.

Takanori Watanabe, médico de la Cruz Roja de Himeji, Japón occidental, llegó a Otsuchi con el equipo médico móvil de 12 personas que todos los días prestan asistencia en los centros de evacuación de los alrededores.

Hoy, el equipo está en la enfermería del liceo de Otsuchi, donde 700 personas llenan el piso del gimnasio. En la enfermería hay solo dos camas y ambas están ocupadas: una por una anciana apenas consciente y la otra por un anciano con un gota a gota intravenoso porque sufre de deshidratación aguda. Casi todos los pacientes son personas mayores y muchas perdieron sus medicamentos en el desastre “Hay muchos con enfermedades crónicas y como hoy hace frío, algunos cayeron enfermos.

Por aquí tuvimos un mal virus estomacal; por eso, muchos contrajeron la diarrea y se deshidrataron”, explica. Visto que los equipos de la Cruz Roja disponen de una escasa variedad de medicamentos, los pacientes solo reciben dosis para tres días.

Otro integrante del equipo del Dr. Watanabe, capacitado en apoyo psicosocial, está sentado en un rincón reconfortando con calma a una adolescente que solloza con la cabeza entre las manos. Todos los habitantes de Otsuchi perdieron a alguien, un pariente, un amigo, un vecino, pues toda la ciudad fue afectada. Ayudar a damnificados a superar el trauma es una tarea enorme, de ahí que se estén enviando asesores de la Cruz Roja para combatir las enfermedades relacionadas con el estrés que empiezan a presentarse.
 
Ciertamente, la vida en los centros de evacuación no es fácil para jóvenes y ancianos por igual. Ayumi Yamazaki, de 21 años, está sentada en el gimnasio con su madre, su hermana mayor, su sobrina y Yuwa, su hijita de un año y medio. El tsunami destruyó su casa. Logró escapar justito, en primer lugar a una colina cercana, pero cuando la revuelta masa de escombros arrastrada por el tsunami se incendió, se vio obligada a huir montaña arriba. “Nos dan un tazón de sopa o un pedazo de pan para compartir entre tres. Aquí hace frío y estas dos (señala a su hija y su sobrina) se resfriaron, pero acabamos de recibir algunos medicamentos de la Cruz Roja.”
 
En el consejo municipal, Koso Hirano, tiene un enorme trabajo entre manos. No tuvo más remedio que asumir el control de dicho consejo porque el alcalde y otros siete consejeros perecieron en el tsunami.

“Siempre pensamos que estábamos bien preparados, porque habíamos construido diques y represas de contención de seis metros de altura, pero la ola fue de 10 y tuvimos apenas unos 20 minutos para escapar”, comenta Hirano cuya tarea principal en este momento es asegurar que los evacuados tengan suficiente agua y comida. Salta a la vista que está agotado: “Me siento muy deprimido respecto al futuro de la ciudad, muchos partieron diciendo que no querían volver; reconstruir llevará por lo menos una década. Le dije a un miembro de mi equipo que se fuera a casa para ver cómo estaba su familia, pero me informó que todos habían muerto y que su casa había desaparecido, no tenía dónde volver y solo quería seguir trabajando.”




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