Construcción de la resiliencia comunitaria en un clima cambiante

Publicado: 7 mayo 2013 11:28 CET

Inundaciones repentinas se cobraron al menos 46 de vidas en Argentina, una inusual ola de frío afectó a 70.000 personas en Serbia, la hambruna es un resultado visible del cambio climático en África oriental y el tifón Bopha obligó a huir a 250.000 personas. En 2012, los fenómenos climáticos extremos se convirtieron en moneda corriente y afectaron a millones de personas en el mundo entero.

Los voluntarios de la Cruz Roja y la Media Luna Roja siempre están en el lugar de los hechos para responder, pero en la última década, la necesidad de limitar las consecuencias humanitarias del cambio climático fue una parte importante de la labor de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (FICR). Peligros ambientales como ese cambio son indisociables de la misión del Movimiento de construir comunidades más seguras y resilientes.

El cambio climático es una de las dificultades más graves que afrontamos todos nosotros, pero sus efectos se harán sentir más en unas regiones que en otras, por lo general, afectando a aquellos países en desarrollo con menos capacidad de resistir.

A lo largo de los siglos, las sociedades humanas fueron capaces de adaptarse al cambio ambiental y la variabilidad climática, pero hoy en día, la rapidez e intensidad del cambio superan la capacidad de adaptación tanto del sistema humano como del sistema natural, lo que lentamente va socavando la resiliencia de los ecosistemas y los medios de subsistencia del ser humano.

“Las personas más vulnerables deben ser el centro de la reducción del riesgo de desastres y los planes nacionales de adaptación. Dado que parte de sus voluntarios pertenecen a muchos comunidades vulnerables, las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja se encuentran en buena posición de abordar las consecuencias humanitarias del cambio climático, principalmente, integrando la gestión del riesgo climático en los planes de acción comunitaria que llevan a cabo”, explica Meinrad Bürer del Departamento de Preparación y Reducción del Riesgo de Desastres en Comunidades de la Secretaría de Ginebra de la FICR.

A fin de neutralizar los riesgos crecientes, los expertos subrayan la necesidad de integrar toda la gama de métodos de gestión del riesgo, de la mejor preparación y respuesta a la reducción del riesgo de desastres a largo plazo, elaborando a partir de las capacidades existentes, pero poniendo marcado énfasis en la anticipación y la resiliencia.

“Reforzar la seguridad comunitaria requiere utilizar la sólida información científica que produce la pericia climática en los planos nacional y regional, pero rara vez, esa información responde a las necesidades de la comunidad humanitaria. Otra cuestión es asegurar que las personas vulnerables tengan acceso gratuito y oportuno a la información que necesitan para mejorar su capacidad de adaptación y permitir que se tome toda una gama de medidas efectivas”, añade el Sr. Bürer.

Una forma de superar esas dificultades es establecer asociaciones innovadoras entre distintos actores y expertos en el campo de cambio climático y reducción del riesgo de desastres. Por ejemplo, a fines de mayo,  la FICR será coanfitriona de un evento paralelo a la cuarta sesión de la Plataforma Global para la Reducción del Riesgo de Desastres. Los participantes compartirán experiencias y enseñanzas sobre la construcción de la resiliencia comunitaria en un clima cambiante y examinarán medios de mejorar la cooperación.




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La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la mayor organización humanitaria del mundo, con 190 sociedades miembros. Siendo uno de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nuestra labor se rige por los siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.