El futuro saludable del Movimiento depende de que escuche a sus jóvenes

Publicado: 7 mayo 2013 12:19 CET

Dr. Massimo Barra

La frase Juventud de la Cruz Roja y la Media Luna Roja siempre tuvo dos significados correlativos: por un lado, aquello que los jóvenes pueden hacer por el Movimiento y, por el otro, lo que este puede hacer por ellos.

En una Sociedad Nacional que fuera ideal, se prestaría la misma atención a esa relación en los dos sentidos; pero cuando ingresé a la Juventud de la Cruz Roja Italiana, no era el caso: el componente Pionieri era una suerte de leviatán con unos 4.000.000 de miembros de todas las escuelas del país.

La afiliación era prácticamente obligatoria y la pequeña suma que pagaba cada uno por la tarjeta de miembro y la insignia representaba una enorme cantidad de dinero que la Sociedad Nacional usaba para financiar los servicios a alumnos que necesitaban asistencia, consultorios escolares, vacaciones estivales y cursos de primeros auxilios.

En algunas filiales locales también se habían creado grupos de chicos de la Cruz Roja, fuera del sistema escolar; aunque su nombre oficial era “Pioneros de la fraternidad”,  popularmente se les llamaba “Pioneros de la Cruz Roja”.

En un principio, ese componente era gestionado por la Sociedad Nacional casi sin autonomía alguna. Poco a poco fuimos decidiendo alzar nuestra voz para reclamar una representación y un poder de decisión adecuados en la organización. En otras Sociedades Nacionales se tomaron resoluciones similares.

Hoy todo es distinto, particularmente en términos de comunicación. Aunque la única posibilidad de intercambiar opiniones entre miembros de la juventud de distintos países la ofrecían los  campamentos internacionales, los debates que mantuvimos allí mostraron una tendencia común fuera cual fuere la Sociedad Nacional.

El primer campamento internacional en el que participé fue en Varna, Bulgaria, en 1965. Por no haberme aventurado hasta entonces demasiado lejos de mi país, ese fue uno de los momentos determinantes de mi juventud y me llevó a aumentar mi compromiso con el Movimiento.

En 1973, cuando fui Presidente de la Comisión de la Juventud –que entonces se llamaba Comité Consultivo de la Juventud – promoví algunas iniciativas destinadas a dar voz a la juventud, en los planos regional y global, que habían sido concebidas como una especie de herramienta de participación para los jóvenes. Esa participación contribuyó al empoderamiento de la juventud en el seno del Movimiento; actualmente, el Presidente de la Comisión de la Juventud es miembro ex officio de la Junta de Gobierno de la FICR y en muchas Sociedades Nacionales, representantes de la juventud participan en las instancias decisorias.

Hoy podríamos decir que el compromiso entusiasta, e incluso utópico, de los miembros de la juventud reemplazó el paternalismo por la educación entre pares. El proceso todavía está en curso, muchas veces impulsado por las tecnologías con las que, según parece, los jóvenes están más familiarizados que sus colegas mayores. Considerando que el conocimiento es poder, también podríamos decir que el poder de la juventud definitivamente aumentó, incluso en un Movimiento ligado a sus tradiciones y poco propenso al cambio.

Casi 50 años después de mi primer campamento de la juventud, sigo pensando que el Movimiento debe acrecentar el compromiso con nuestros jóvenes y escuchar sus voces. Los campamentos internacionales contribuyeron a cambiar la vida  de muchos chicos, como el de Varna cambió la mía, y cambiarán muchas más en el futuro.

Invertir en la juventud difundiendo el credo imperecedero de Henry Dunant, nuestros Principios fundamentales y el derechos internacional humanitario es el mejor medio de contribuir a que el entorno mundial sea pacífico y sostenible.

Massimo Barra es uno de los primeros médicos que se ocupó de consumidores de drogas en Italia. Voluntario de la Cruz Roja desde los 8 años, fue Presidente de la Juventud de la Cruz Roja Italiana durante ocho años y en diciembre de 2005 fue electo Presidente Nacional de la Cruz Roja Italiana. En la Secretaría de Ginebra de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Massimo Barra fue Presidente de la Comisión de la Juventud de 1974 a 1982, Presidente de la Comisión de Desarrollo en los períodos 1982-1990 y 2005-2008, y  Vicepresidente de 2004 a 2005. En noviembre de 2007 fue electo Vicepresidente de la Comisión Permanente de la Cruz Roja y de La Media Luna Roja.

 




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La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja es la mayor organización humanitaria del mundo, con 190 sociedades miembros. Siendo uno de los componentes del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, nuestra labor se rige por los siete principios fundamentales: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, voluntariado, unidad y universalidad.