Homenaje a los voluntarios de la Cruz Roja en la conmemoración de la tragedia de Chernóbil

Publicado: 28 abril 2009 0:00 CET



La Gobernadora General de Canadá, Sra. Michaelle Jean, rindió homenaje a los cientos de voluntarios de la Cruz Roja Soviética que hace 23 años actuaron después del desastre nuclear de Chernóbil. En su visita al Museo de Chernóbil, en Kiev, la Sra. Jean señaló en un emotivo discurso que la labor de la Cruz Roja merece una mención especial. En su visita estuvo acompañada por la jefa de la oficina zonal para Europa de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, Sra. Anitta Underlin, y el presidente de la Cruz Roja de Ucrania, Dr. Ivan Usichenko.

La visita se realizó en un momento en el que el Programa de Asistencia Humanitaria y Rehabilitación de Chernóbil (CHARP de sus siglas en inglés) de la Federación Internacional afronta gravísimas dificultades de financiación, que podrían impedir continuar el más largo programa de la historia de la Federación y, con ello, llevar a cabo actividades capaces de salvar vidas.

Mientras el mundo centra su atención en otros lugares, el desastre de Chernóbil del 26 de abril de 1986 es más que un doloroso recuerdo. El peor accidente nuclear de la historia sigue teniendo consecuencias para millones de vidas en Ucrania, Belarús y la Federación de Rusia. Las personas de las regiones afectadas siguen sufriendo desproporcionadamente en lo relativo a la salud, las condiciones sociales y las oportunidades económicas.

Los efectos del accidente nuclear en la salud humana no se conocen en todo su alcance y el número de víctimas mortales todavía es objeto de discusión. Aunque se cree que numerosas enfermedades que aparecen con mayor frecuencia en las regiones afectadas pueden ser consecuencia del desastre, sólo el cáncer de tiroides está reconocido científicamente como patología vinculada a la radiación. Este tipo de cáncer habitualmente es poco frecuente, especialmente en niños, pero su tasa en las zonas contaminadas ha alcanzado proporciones de epidemia. El cáncer de tiroides suele ser curable, pero en los niños que viven en los alrededores de Chernóbil esta enfermedad puede ser extremadamente agresiva.

Desde 1990, la Federación Internacional, junto con las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Ucrania, Belarús y la Federación de Rusia, está ejecutando el programa CHARP. Durante los últimos 19 años se ha brindado asistencia a más de 3 millones de personas con seis laboratorios móviles de diagnóstico que han facilitado el acceso a una atención de salud de alta calidad a pacientes de cáncer y otras enfermedades de tiroides de zonas rurales remotas.

Además de realizar el examen de detección de cáncer, los equipos de los laboratorios prestan apoyo psicosocial, distribuyen vitaminas a los niños y difunden información sobre los riesgos vinculados a la radiación. En este momento, el programa hace frente a una deficiente respuesta de los donantes, pues la atención del mundo la acaparan otros desastres que requieren actuar con urgencia.

Volodymyr Sokolenko, presidente del Comité Regional de la Cruz Roja de Rivne, está orgulloso de su filial. "Más del 20 por ciento de la población de Rivne es miembro de la Cruz Roja. Aún así, la región sigue sufriendo los efectos del desastre de Chernóbil. La disponibilidad de servicios de atención de salud en las áreas rurales es escasa. El laboratorio móvil de la Cruz Roja presta servicios esenciales para detectar el cáncer de tiroides en las personas que viven en las zonas afectadas."

La tasa de detección de patologías tiroideas de los laboratorios móviles sigue alcanzando un 40 a 50 por ciento. Todos los años se diagnostican más de 200 casos de cáncer de tiroides, pero es posible que todavía nos quede por ver lo peor. El nivel de radiación en frutos, setas y peces ha permanecido constante a lo largo de los años, provocando enfermedades en las personas que los consumen. Los efectos de las dosis de radiación pequeñas se han investigado poco, aunque millones de personas siguen siendo vulnerables a este problema como consecuencia de la pobreza y la falta de información. Además, la brecha entre las generaciones en cuanto al grado de conciencia respecto de los riesgos de este problema es cada vez mayor, pues más y más jóvenes no pueden o no quieren recordar el desastre.

El Dr. Bogdan Maksyutynskiy, jefe del laboratorio móvil de diagnóstico de la Cruz Roja de Rivne, trabaja en el programa CHARP desde hace 15 años. "Todos los días somos testigos del sufrimiento humano ocasionado por el desastre de Chernóbil. La salud de las personas aquí es muy débil. Sólo el año pasado, mi equipo examinó a 15.000 personas. Detectó 5.680 patologías tiroideas y realizó biopsias en 152 pacientes. Se confirmaron 41 casos de cáncer."

Hoy, el laboratorio móvil de diagnóstico de Rivne está recibiendo a pacientes en el pueblo de Yarinivka. El equipo examina a cerca de 100 personas todos los días para detectar cáncer de tiroides y brinda apoyo psicosocial y asesoramiento general de salud.

Olena Boreidzy, de 50 años, ha vivido aquí toda su vida. Está casada y tiene un hijo adulto. Recuerda bien el accidente de Chernóbil. "Muchas personas de nuestro pueblo enfermaron y murieron. Mi familia también ha padecido problemas de salud, pero no sabemos si se deben a la radiación."

Mikhailo Lotushko, de 77 años, piensa que ha tenido suerte por haberse mantenido sano. Cuando se le pregunta acerca de sus recuerdos sobre la catástrofe, se ríe discretamente y comenta: "Por supuesto que tengo vivos recuerdos; ¿cómo podría olvidar aquello? Todavía hoy vivimos con las consecuencias y por eso he venido ha realizarme el examen. A esta edad, procuro no pensar en mí mismo y en el futuro, pero estoy preocupado por mis hijos y mis nietos. Se dan muchas enfermedades respiratorias, como asma y problemas en las articulaciones, especialmente en los niños."
Hanna tiene 30 años. En el momento del desastre tenía siete años, por lo que pertenece al grupo prioritario de CHARP. "No recuerdo el accidente, pero hoy he venido con mi hijo, que tiene ahora la edad que yo tenía entonces. Espero que a los dos nos confirmen que estamos sanos." Como muchas otras personas, Hanna ha continuado su vida y procura no pensar en los riesgos de la radiación. Pero al mismo tiempo está agradecida por los servicios que presta el laboratorio móvil de diagnóstico de la Cruz Roja.

Aunque esta vez no se ha diagnosticado ningún caso de cáncer de tiroides, la carga del pasado seguirá pesando sobre la población de Yarinivka y del conjunto de la región afectada.

Por otra parte, pueden extraerse importantes enseñanzas del desastre de Chernóbil. Aunque son necesarias alternativas sostenibles a los combustibles fósiles, dada la permanente crisis energética y el cambio climático cada vez más marcado, la proliferación de centrales nucleares en todo el mundo debe ir acompañada de un diálogo abierto e informado sobre la gestión del riesgo. Es importante entender el alcance completo de los efectos humanitarios del accidente de Chernóbil a través de la recopilación y el análisis continuados de datos médicos. Es necesario tener en cuenta los aspectos humanitarios de la respuesta a desastres en los planes nacionales de preparación e integrar los conocimientos actuales sobre las necesidades de recuperación en los correspondientes presupuestos de gestión de desastres.

La Federación Internacional continuará promoviendo la preparación para desastres tecnológicos y mejores medidas de reducción del riesgo. Solicitamos mantener la financiación del programa CHARP para asegurar que los laboratorios móviles de diagnóstico puedan continuar su labor vital durante los próximos años, hasta 2016, de conformidad con la Estrategia de las Naciones Unidas para la recuperación de Chernóbil.




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