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El número creciente de migrantes forzosos plantea retos considerables para la comunidad humanitaria. Para afrontar esta realidad se requiere una mayor preparación, mejores instrumentos de protección, nuevas herramientas para evaluar la vulnerabilidad y fomentar la capacidad de resistencia y recuperación, una participación comunitaria más eficaz, el fortalecimiento de la capacidad con una perspectiva a más largo plazo
y enfoques innovadores para la prestación de asistencia.
Más de setenta millones de personas son migrantes forzosos, es decir, más de uno de cada cien habitantes del mundo se ven desplazados como consecuencia de los conflictos, la agitación política, la violencia y los desastres, pero también por las repercusiones del cambio climático y de proyectos de desarrollo. Esta cifra aumenta sin cesar cada año y la mayor parte de los migrantes forzosos se encuentran en situaciones de desplazamiento prolongado o desposeídos de forma permanente. Las
personas desplazadas forzosamente dentro de sus propios países superan con creces el número de refugiados y demás personas que, forzadas por las circunstancias, cruzan una frontera internacional en el mundo. El costo para la comunidad internacional asciende, como mínimo, a 8.000 millones de dólares estadounidenses anuales.
Por último, reconociendo que el cambio climático y los factores ambientales tienden a contribuir al aumento de la cantidad de migrantes forzosos, en el Informe Mundial sobre Desastres se exhorta a que integremos nuestros instrumentos y estrategias con el fin de determinar las vulnerabilidades, promover la capacidad de resistencia y recuperación, y asegurar un mejor acceso a la protección de las personas expuestas al riesgo de desplazamiento.