Informe Mundial sobre Desastres – Cultura y riesgo



La edición 2014 del Informe mundial sobre desastres versa sobre un asunto que plantea numerosos retos, a saber, la incidencia de la cultura en la reducción del riesgo de desastres y las repercusiones de los desastres y los riesgos en la cultura.

Se examina, por ejemplo, las medidas que cabe adoptar cuando la población atribuye una inundación a la furia de una diosa -como ocurrió en 2008, durante la crecida del río Kosi, en India- o una erupción volcánica al dios de la montaña -como en el caso del monte Merapi, en Indonesia. Tras el tsunami que asoló Aceh (Indonesia) en 2004, muchos habitantes consideraron que Alá los había castigado por haber permitido el turismo y las perforaciones petroleras.

También existían creencias similares difundidas en los Estados Unidos de América, donde se estimó que el huracán Katrina se debía al descontento de dios ante determinados comportamientos de las personas que residen en Nueva Orleans o que visitan la ciudad.

La mayoría de los habitantes de lugares expuestos a graves amenazas son conscientes de los riesgos, incluidos los seísmos, los ciclones tropicales, los tsunamis, las erupciones volcánicas, las inundaciones, los corrimientos de tierra y las sequías. Sin embargo, permanecen en ese lugar por necesidad o por no tener otra opción, puesto que allí disponen de medios de vida.

Las costas y los ríos son zonas apropiadas para la pesca y las actividades agropecuarias; los valles y los suelos volcánicos son tierras muy fértiles; a las épocas de sequía suceden estaciones propicias para la agricultura y la ganadería. Las culturas y creencias fundadas, por ejemplo, en espíritus y dioses, o el mero fatalismo facilitan la convivencia con los riesgos y confieren un sentido a la vida en un lugar peligroso. Sin embargo, en ciertas ocasiones, la desigualdad en las relaciones de poder también forma parte de la cultura y, quienes gozan de poca influencia  se ven obligados a residir en entornos peligrosos.

Si bien las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y los organismos que ejecutan actividades encaminadas a la reducción del riesgo de desastres conocen las creencias y culturas de las poblaciones y las distintas interpretaciones que estas tienen del riesgo, la integración armoniosa de esos elementos en el marco institucional y en los modelos de financiación plantea desafíos. En lugar de enfrentarlos, se considera (o se espera) que la población beneficiaria adoptará la misma lógica, razonará de igual modo y estará dispuesta a reducir el riesgo de desastres. En algunas ocasiones, las organizaciones se muestran renuentes a abordar los factores vinculados con la inequidad y el poder que fomentan la vulnerabilidad de las personas en los lugares donde estas viven y ganan su sustento.

No cabe duda de que la incidencia duradera de la labor de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja se verá limitada si no toman adecuadamente en consideración la cultura, las creencias y el comportamiento de las personas respecto de los riesgos. Habida cuenta de que el cambio climático perjudica los medios de vida –con la consiguiente agudización de la vulnerabilidad- e incrementa tanto la intensidad como la frecuencia de los desastres naturales, hemos de adoptar el enfoque acertado.

La presente edición del Informe mundial sobre desastres tiene por propósito plantear abiertamente  la deliberación sobre esos complejos asuntos  y contradicciones culturales de manera que sea factible incorporarlos con mucho más acierto en las actividades de reducción del riesgo de desastres. En una primera fase (capítulo 2), se aborda la influencia de la religión y de otras creencias. En los capítulos 3 y 4, se expone las prácticas de las organizaciones que emprenden actividades destinadas a la reducción del riesgo de desastres, se demuestra que toda persona está supeditada a creencias y actitudes que determinan su percepción de los riesgos y se brinda indicios de medidas que cabe adoptar. Se cuestiona la obstinación que demuestran los agentes y las organizaciones que intervienen en el ámbito de la reducción del riesgo de desastres en conferir prioridad a las amenazas graves pese a que la mayor parte de la población no las menciona cuando se indaga sobre los riesgos que enfrenta.

Numerosas personas difícilmente pueden preocuparse por catástrofes ocasionales e impredecibles (o por el cambio climático) cuando muchos de sus problemas están vinculados con necesidades de “desarrollo” no atendidas. Por fortuna, en las deliberaciones relativas a los instrumentos que sustituirán al Marco de Acción de Hyogo y a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, se aborda la necesaria convergencia entre el desarrollo y la reducción del riesgo de desastres. Además, en la presente edición del informe, se explica que en los esfuerzos encaminados a la reducción del riesgo de desastres se debe contemplar todas las causas de la vulnerabilidad, incluidas las causas culturales, y considerarlas como la piedra angular de la mitigación de los riesgos.

Tras estas consideraciones relativas a la “cultura institucional” (incluida la impugnación de la confianza que por lo general se deposita en las actividades “basadas en la comunidad”, en el capítulo 4), se examina cauces para salvar esos obstáculos a fin de perfeccionar la preparación para desastres. Se aborda en ese sentido el aporte de las culturas tradicionales en las esferas de la vivienda y del alojamiento provisional y de emergencia (capítulo 5), así como de la salud y la medicina (capítulo 6), en las que las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja gozan de dilatada experiencia y ejercen una función rectora desde hace varios decenios.

En el último capítulo, se considera las medidas ulteriores, las modalidades de integración de la cultura en las actividades de reducción del riesgo de desastres y la necesidad de mayor sensibilización para transformar la “cultura institucional”; por ejemplo, dejar de lado la idea preconcebida de que los beneficiarios son personas “irrazonables” y aceptar que razonan de forma diferente. Así, se dará inicio a un proceso en el que todos los miembros de las organizaciones de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja deberán ampliar sus horizontes y contribuir a la reducción del riesgo de desastres con miras a una mejor sincronización con las creencias y los comportamientos de la población.

Si bien en la presente publicación no se ofrece respuestas a todas esas complejas cuestiones, que varían de forma notable en función del lugar, se brinda indicios iniciales y la orientación que cabe adoptar y se ilustra con ejemplos la integración idónea de conceptos tradicionales y “contemporáneos” con miras a una reducción eficaz de la vulnerabilidad. El reconocimiento de la significativa importancia de los distintos comportamientos y creencias redundará en la mayor  eficacia de las actividades de desarrollo y de reducción del riesgo de desastres, en general, y allanará el camino para la mayor incidencia de las iniciativas de la organización destinadas superar los retos asociados al cambio climático.

Contenido

Capítulo 1
Vínculos entre cultura y riesgo
Capítulo 2
Influencia de la religión y las creencias en el comportamiento ante el riesgo
Capítulo 3
La adecuada consideración de los medios de vida
Capítulo 4
El mito de la comunidad
Capítulo 5
Cultura, riesgo y edificaciones
Capítulo 6
Atención de salud pública adaptada a la cultura: consecuencias del VIH/SIDA y otros ejemplos
Capítulo 7
El papel fundamental de la cultura en la reducción del riesgo de desastres

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