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Zimbabwe: los voluntarios prestan una asistencia vital a las familias aquejadas por el VIH/SIDA

5 de mayo de 2006
Jean-Luc Martinage, Federación Internacional, Johannesburgo
Joyce Chipfupi, joven y atareada mamá de cuatro hijos, vive en Marondera, pequeña ciudad situada 75 kilómetros al este de Harare, capital de Zimbabwe. Joyce es voluntaria de la Cruz Roja desde 1993, presta apoyo emocional a las familias aquejadas por el VIH/SIDA y les asesora sobre cuestiones de salud y nutrición. También atiende a las víctimas más tiernas de la pandemia: niños con el VIH y niños huérfanos a causa del sida.

Se estima que 25 por ciento de la población adulta de África meridional es seropositiva y que más de 4.000.000 de niños de la región perdieron uno o ambos progenitores a causa del sida. Se prevé que esa cifra duplique de aquí a 2010.

Hace 10 años, Joyce formó parte de los primeros voluntarios de la Cruz Roja de Zimbabwe que iniciaron los programas de atención a domicilio de personas que viven con el VIH. Comenzó por ocuparse de 36 adultos y 33 niños huérfanos a causa del sida.

“Al principio era difícil. Sabíamos muy poco y podíamos ver morir mucha gente”, recuerda.

En la última década, Joyce perfeccionó sus competencias y capacitó a otros 39 voluntarios en atención de salud a domicilio, gracias al apoyo de la Cruz Roja de Zimbabwe y la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

Todos estos voluntarios ayudan a un número creciente de personas. Actualmente, el equipo de Joyce atiende a más de 830 adultos y más de 1.000 niños huérfanos y vulnerables.

En barrios y comunidades visitan a personas que contrajeron el VIH, les imparten nociones de salud, higiene y medicación, y se aseguran que tengan suficiente comida. También organizan sesiones de sensibilización para combatir el estigma y facilitar la aceptación.

“Ahora, también ofrecemos apoyo psicológico y aconsejamos sobre la nutrición”, señala Joyce y añade que se reserva una atención particular a los niños: “Nos reunimos con ellos todos los viernes después de la escuela. Les ofrecemos apoyo psicológico y artículos de higiene, si es necesario los llevamos al hospital y procuramos que se les incluya en la lista de tratamiento gratuito si no tienen dinero para comprar los medicamentos.” En el marco de estas actividades también se costean matrículas, uniformes y ropa.

Además, los voluntarios de la Cruz Roja de la zona de Marondera están en contacto con el sistema nacional de salud, pues participan en la reunión mensual de comunicación que congrega a médicos, enfermeras y trabajadores sociales.

Joyce se enorgullece de mostrar los resultados de su labor; sonríe cuando cuenta el caso de Lace, una niña de nueve años y la menor de una familia de cinco hermanas y hermanos huérfanos a causa del sida.

El año pasado, a Lace le diagnosticaron el VIH y su salud se deterioró rápidamente; Joyce y su equipo controlaron su estado, la llevaron al hospital y le facilitaron tratamiento gratuito. Lace empezó a tomar medicamentos antirretrovirales y pocas semanas después pudo volver a casa. Desde entonces, su salud ha mejorado mucho, pero los voluntarios siguen visitándola periódicamente.

Cuando se le pregunta qué la llevó a dedicar tanto tiempo al voluntariado, sobre todo, por lo atareada que está con la crianza de sus propios hijos, Joyce responde con calma que “está dedicada al principio de humanidad de la Federación Internacional”, que subraya la necesidad de actuar para prevenir y aliviar el sufrimiento humano.

“Puedo ver la que aporta nuestra labor. Sólo cumplo con mi deber de ser humano”, dice Joyce.

En abril de 2006, fue invitada a participar en el simposio regional sobre programas de atención a domicilio, organizado por la Federación Internacional en Johannesburgo, Sudáfrica, donde recibió una recompensa que reconoce sus méritos.

Joyce espera que el nuevo plan quinquenal sobre el VIH para África meridional, iniciado por la Federación Internacional, la dotará de más formación y recursos que le permitan levantar futuros retos.
Joyce Chipfupi. Actualmente, en todo Zimbabwe, hay 1.500 voluntarios de la Cruz Roja que como ella trabajan en programas de atención a domicilio de personas que viven con el VIH/SIDA. (p13950)
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