En
todo el globo, los voluntarios de la Cruz Roja y de la Media
Luna Roja están llamados a hacer sacrificios personales
a diario para ayudar a los demás. Capacitados para intervenir
en casos de desastre natural, denodados voluntarios como Felipe
del Cid de Honduras, están preparados para apoyar operaciones
de emergencia en cualquier momento y tanto en su país
como en el extranjero.
Recientemente, recibió una llamada de la Unidad Panamericana
de Respuesta a Desastres (PADRU) con sede en Panamá.
En Perú se había dado la alerta por lluvias torrenciales
y la Cruz Roja Peruana necesitaba un voluntario que ayudara
a prestar asistencia a las familias damnificadas del norte del
país.
Felipe y su esposa tenían previsto ir el fin de semana
a la campaña hondureña para descansar y pasar
tiempo con su hija. Pero la llamada de la PADRU trastocó
sus planes en cuestión de segundos.
“Tengo un compromiso con la Cruz Roja y viajar a otros
países forma parte de mi deber. No se trata de elegir
entre la familia y la Cruz Roja… sino de recordar que
hay gente que necesita nuestra ayuda y que también hay
otras Sociedades Nacionales que pueden aprovechar mi apoyo y
experiencia”, explica Felipe.
Hace un año, fue capacitado para formar parte del Equipo
de Intervención Regional de la PADRU y, desde entonces,
su misión ha sido simple: Estar listo para apoyar operaciones
de emergencia y compartir su experiencia con otras Sociedades
Nacionales en cualquier momento.
La misión en Perú fue la primera de Felipe fuera
de Honduras. A su llegada lo estaban esperando voluntarios de
la filial de Tumbes de la Cruz Roja Peruana, donde se le pidió
que ayudara a unas 1.000 familias a emprender el camino de la
recuperación tras las lluvias torrenciales que habían
inundado la región.
“¿Quién hubiera pensado que un voluntario
de una pequeña filial de la Cruz Roja como la mía
un día tuviera que encargarse de una situación
de emergencia en otro país? Supongo que no importa de
dónde se viene ni dónde se va, lo importante es
llegar a la gente que nos necesita y que confía en que
le ayudaremos”, comenta Felipe.
Las tres semanas siguientes, colaboró en la elaboración
de un programa de formación en reducción del riesgo
para prevenir la propagación de la fiebre dengue y enseñar
a los vecinos a potabilizar el agua. En el marco de la intervención
regional sus tareas abarcaron: evaluar daños, administrar
presupuestos, distribuir ayuda e incluso sacar fotos para el
sitio web de la Cruz Roja Peruana. “¡A veces, uno
ni siquiera sabe por donde empezar!”
Por las múltiples tareas y funciones que llevan a cabo,
los voluntarios como Felipe son actores clave de las intervenciones
en caso de desastre en las Américas. Por su labor y sus
viajes a otros países, también son prueba viviente
de la solidaridad y la coordinación entre las Sociedades
Nacionales de la región.
De regreso a su país, Felipe sigue aportando a la comunidad
mediante su labor en la filial de Puerto Cortes de la Cruz Roja
Hondureña: “Tras 12 años de voluntario de
la Cruz Roja, descubrí que mi voluntad de colaborar y
ayudar a los demás es más fuerte que nunca. Por
lo tanto seguiré trabajando duro, compartiré estos
ideales con mi familia y esperaré que el teléfono
vuelva a sonar”, afirma.
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Felipe
entrega un balde y un cartel educativo a una vecina de
Tumbes. (p13992)
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Los
voluntarios charlan con vecinos de Tumbes afectados por
las lluvias torrenciales en el norte de Perú. (p13993)
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Los
voluntarios preparan carteles y material de instrucción
sobre la propagación de la malaria. (p13994)
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