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Siria: vivencias tras las líneas del frente
31 de julio de 2006
Fadl Abu Milhem
“No pensé en mis juguetes. Sólo pensé en mis hermanas y hermanos. Estábamos jugando en casa cuando cayó el misil en la casa del vecino y la destruyó”, recuerda Fadl Abu Milhem de seis años. El 16 de julio, partió de Rihan, pueblo del Líbano meridional, tras el bombardeo israelí y los avisos en que se pedía evacuar la zona.

Fadl habla mientras espera, junto a su padre, su tío y sus cuatro hermanas y hermanos, la visita de los voluntarios de la filial de Homs de la Media Luna Roja Árabe Siria (MLRAS) que distribuyen a diario raciones de alimentos, medicamentos y otros suministros, entre ellos, colchones y mantas. Cada persona recibir una canasta que contiene azúcar, té, arroz, queso, verduras, carne, huevos, aceite de oliva y leche para bebés. Estos suministros provienen de reservas de la MLR y donaciones de la comunidad local.

“En cuanto oímos rugir los aviones israelíes, nos escondimos detrás de mi madre y bajamos corriendo al sótano para protegernos. Allí lloramos y oramos. En ese momento papá no estaba con nosotros, estaba en Al-Dacha, en Beirut, cuenta Fadl.

A Bilal, el padre de Fadl que tiene 38 años, se le caen las lágrimas al oír el relato de su hijo y dice: “Cuando escuché las noticias de la escalada de las hostilidades, dejé Beirut y me dirigí hacia el sur, a pesar de los bombardeos. Apresuradamente, recogí a mi esposa y mis cinco hijos – el mayor tiene 14 años y el menor dos y medio – y de la casa sólo nos llevamos los documentos oficiales. Nos subimos al coche y partimos en dirección de la frontera Siria por la carretera que va de Trípoli a Homs. Aquí, en Homs, un ciudadano sirio nos ofreció quedarnos gratis en su departamento vacío y la MLRAS nos proporcionó los suministros esenciales. Tomamos contacto con nuestros familiares y les informamos que aquí todo iba bien y, entonces, se vinieron. Ahora, vivimos con la familia de mi esposa y otros parientes que también huyeron del pueblo. Fue una experiencia demoledora. No sé qué pasó con nuestra casa. Espero que podamos volver allí para verlo.”

Amira
Amira está sentada con otros 40 evacuados en la tienda de campaña instalada por la filial de Homs de la MLRAS en Dabbousia, puesto de control de la frontera sirio-libanesa, que se encuentra a 40 kilómetros de Trípoli, la ciudad más grande del norte del Líbano; a 70 kilómetros de Homs, ciudad de Siria central y tan solo a un kilómetro de Al-Abboudia, el primer pueblo libanés después de la frontera. Voluntarios de la MLRAS ofrecen agua, comida liviana y apoyo psicológico a los evacuados que también tienen acceso a una clínica móvil y a un médico generalista que examina a niños y adultos.

Amira anda por los 40, es oriunda de Majadel – pueblo de la ciudad de Tiro, al sur del Líbano – y está embarazada de ocho meses. “El miércoles, 19 de julio, empezaron los bombardeos en nuestro pueblo. Buscamos refugio en nuestras casas, pero cuando dos mísiles israelíes cayeron en la nuestra, ya dañada, y destruyeron la del vecino, no tuvimos más remedio que huir y nuestros vecinos vinieron con nosotros. Éramos 18 en total: 13 mujeres, tres niñas de 3, 7 y 10 años, mi padre que tiene más de 70 y mi esposo”, explica y añade: “Si no fuera por el temor de que los niños se mueran de hambre y de miedo, no nos hubiéramos ido. No tenemos nada. La ropa que llevamos puesta la encontramos por el camino en una casa destruida por las bombas. La tomé cuando me di cuenta que mis hijos la necesitaban. Todavía estamos con la misma ropa interior que cuando huimos de casa. Mi hija también está embarazada y espera para dentro de seis meses. Está cansada. Es su primer embarazo.”

“Estamos esperando el autobús de la Media Luna Roja que nos llevará a Damasco, porque unos parientes que se fueron antes que nosotros, ahora, viven allí, en el barrio Al-Sayida Zeinab.”

Jihad, voluntario de la Media Luna Roja Árabe Siria
“Aquí, en el punto fronterizo de Dabbousia, trabajamos en dos turnos, de las 8 de la mañana a las 10 de la noche y de las 10 de la noche a las 8 de la mañana”, cuenta Jihad, voluntario de 20 años, que lleva un año trabajando en la filial de Homs de la MLRAS. “Trabajamos todas esas horas desde que la Media Luna Roja nos informó de la situación de emergencia, el 13 de julio.”

“La mayoría de las familias que llega aquí no tiene nada, sobre todo, las que no vienen en su coche o en vehículos de transporte público, y las que vienen con otras en camiones o caminando desde su pueblo”, explica y añade:

“Niños asustados, ancianos, enfermos y mujeres cansadas en camisón o pijama. Niños con un solo zapato o con zapatos de otros que, invariablemente, son demasiado grandes para sus pequeños pies. Familias de las que sólo lograron huir algunos de sus miembros. Cuando nos ven, siente un poquito de alivio. Les ofrecemos agua, alimentos, medicamentos de emergencia y apoyo psicológico. Aunque no podemos ayudarles con los problemas relacionados con la pérdida de documentos, los confiamos en condiciones de seguridad a los empleados de este puesto de frontera.”

“Hemos visto que los transportan a casas de familiares o amigos, a los refugios administrados por la Media Luna Roja en cooperación con el gobierno, en la región de Al-Qaseer, 15 kilómetros al sudeste de Homs, o a escuelas y campamentos de la juventud de la propia Homs, o casas de familias que acogen evacuados bajo la supervisión de la Media Luna Roja.”

“A pesar del emblema bien visible en nuestras espaldas, nos suelen preguntar si somos de la Cruz Roja Libanesa. Entonces, les respondemos: “Somos de la Media Luna Roja Siria y cumplimos las mismas funciones que la Cruz Roja Libanesa, pero aquí en Siria. Todos pertenecemos al mismo Movimiento” concluye Jihad.
Cada persona recibir una canasta que contiene azúcar, té, arroz, queso, verduras, carne, huevos, aceite de oliva y leche para bebés. Estos suministros provienen de reservas de la MLR y donaciones de la comunidad local. (p14339)
Cada persona recibir una canasta que contiene azúcar, té, arroz, queso, verduras, carne, huevos, aceite de oliva y leche para bebés. Estos suministros provienen de reservas de la MLR y donaciones de la comunidad local. (p14339)
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Cuando nos ven, siente un poquito de alivio. Les ofrecemos agua, alimentos, medicamentos de emergencia y apoyo psicológico. Aunque no podemos ayudarles con los problemas relacionados con la pérdida de documentos, los confiamos en condiciones de seguridad a los empleados de este puesto de frontera.
Cuando nos ven, siente un poquito de alivio. Les ofrecemos agua, alimentos, medicamentos de emergencia y apoyo psicológico. Aunque no podemos ayudarles con los problemas relacionados con la pérdida de documentos, los confiamos en condiciones de seguridad a los empleados de este puesto de frontera. (p13340)
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