Los
libaneses que se habían desplazado a Siria comenzaron
a empaquetar sus pertinencias en cuanto el cese de las hostilidades
patrocinado por las Naciones Unidas entró en efecto,
a las 08:00, hora local, del lunes 14 de agosto. Si los regresos
prosiguen al mismo ritmo, la mayoría de los 160.000 huéspedes
libaneses (como los sirios prefieren llamarles) habrá
vuelto a su país dentro de pocos días.
Sólo habían pasado pocas horas del cese el fuego
cuando cientos de coches empezaron a salir de Siria para volver
al Líbano atravesando cuatro cruces de frontera. En todos
ellos había voluntarios de la Media Luna Roja Árabe
Siria (MLRAS). Los mismos voluntarios que hace unos días
ofrecían agua, meriendas y apoyo psicológico,
además de prestar primeros auxilios a los civiles libaneses
que huían de los bombardeos, retomaban su labor, pero
del otro lado de la frontera porque, esta vez, la gente iba
en la dirección opuesta.
El punto de mayor afluencia era Jdaideh que está muy
cerca de Beirut. A eso del mediodía del 14 de agosto,
casi 200 coches habían atravesado esa frontera en dirección
al oeste para llegar a Beirut dos horas y media después.
El martes, 15 de agosto, la afluencia aumentó considerablemente.
Según estimaciones de la ONU, hacia las 11 de la mañana,
casi 7.000 personas habían vuelto al Líbano pasando
por Jdaideh. Según datos del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), en la tarde del
martes cruzaron la frontera casi 1.500 personas por hora.
“Aunque sé que el suburbio del sur de Beirut fue
totalmente destruido, quiero ver mi casa y también quiero
ver a mis vecinos. La gente de Siria fue muy generosa con nosotros,
pero es hora de volver”, dice Faisal, de 25 años,
que junto con los otros 14 miembros de su familia vivió
durante un mes en casa de una familia de acogida.
Nadia, de 26 años, voluntaria de la MLRAS que habitualmente
trabaja en la “zona franca” entre los dos países,
pidió unos días de licencia para ayudar a los
desplazados. Prueba de solidaridad del sector privado a ella
y otros empleados les concedieron esos días. “Desde
el 15 de julio, he pasado aquí por lo menos 14 horas
al día”, comenta Nadia mientras hace una corta
pausa en la organización de la operación y añade:
“Los libaneses que vuelven hoy son como de mi familia.
Tengo sentimientos contradictorios. Me alegro por ellos, porque
van a volver a su casa, pero también estoy triste porque,
tal vez, nunca más los vuelva a ver.”
La cooperación entre los distintos componentes del Movimiento
Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, así
como la cooperación con el sector privado y los organismos
especializados de la ONU fue fluida a pesar del poco tiempo
del que dispusieron para organizarse. La Media Luna Roja Kuwaití
ofreció a los desplazados el traslado gratuito en autobús
a Beirut. Ayer salieron 10 autobuses. Además de distribuir
mantas y raciones de alimentos, hoy estamos mandando 20 autobuses
más”, explica Msa’ed Al-Anezi, Director de
los Voluntarios de la Media Luna Roja Kuwaití que también
está al frente de la delegación de su Sociedad
Nacional en Siria.
Los suministros distribuidos por la MLRAS proceden de distintas
fuentes. El Programa Mundial de Alimentos proporcionó
galletas de alto contenido proteico, el ACNUR, pan y agua, y
el UNICEF sales de rehidratación oral. La MLRAS prestó
servicios de primeros auxilios y atención médica,
al tiempo que docenas de sus delegados distribuían alimentos
y bebidas a quienes iban de regreso.
La “zona franca”, propiedad de un empresario privado,
ofreció comidas a unos 500 palestinos que no podían
cruzar a Siria porque estaban indocumentados. Los palestinos
con pasaporte podían hacerlo sin problema alguno.
Ahora, todos emprendían el camino de regreso al Líbano,
entre ellos, Asma, de 14 años, y su familia que habían
partido del campamento de refugiados de Al-Burj Ashamali, cerca
de Tiro, porque arreciaban los bombardeos. “No pienso
que nuestra casa fuera bombardeada, pero estábamos verdaderamente
asustados”, cuenta Asma.
Personal de la Media Luna Roja Palestina ayudó a instalarse
en el autobús y cargar sus pertenencias al último
grupo de 60 palestinos que volvían a su casa en el Líbano.
“Estuvieron durmiendo en la mezquita y en el cine de Zona
Franca casi un mes y también les ofrecimos tres comidas
diarias”, señala Burhan Al-Hammoud, Director de
Zona Franca. Otra empresas como SyriaTel (una de las más
grandes compañías de telefonía móvil)
proporcionaron, alimentos, refugio y autobuses a los desplazados
libaneses que llegaban a Siria. Ahora, prestan los mismos servicios
a esas mismas personas que regresan a su país.
|
 |
 |
|
Sólo
habían pasado pocas horas del cese el fuego cuando
cientos de coches empezaron a salir de Siria para volver
al Líbano atravesando cuatro cruces de frontera.
En todos ellos había voluntarios de la Media Luna
Roja Árabe Siria (MLRAS). Los mismos voluntarios
que hace unos días ofrecían agua, meriendas
y apoyo psicológico, además de prestar primeros
auxilios a los civiles libaneses que huían de los
bombardeos, retomaban su labor, pero del otro lado de
la frontera porque, esta vez, la gente iba en la dirección
opuesta. (p14509)
|
|
|
|
|
 |
|
Los
libaneses que se habían desplazado a Siria comenzaron
a empaquetar sus pertinencias en cuanto el cese de las
hostilidades patrocinado por las Naciones Unidas entró
en efecto, a las 08:00, hora local, del lunes 14 de agosto.
Si los regresos prosiguen al mismo ritmo, la mayoría
de los 160.000 huéspedes libaneses (como los sirios
prefieren llamarles) habrá vuelto a su país
dentro de pocos días. (p14512)
|
|