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¿Qué costaría conseguirlo?
5 de junio de 2007
Por Johan Schaar*
Esta semana, representantes de gobiernos, Naciones Unidas y organismos de ayuda se reunirán en Ginebra para hablar de la reducción del riesgo de desastres y de lo que es preciso hacer para reducir al mínimo el impacto de fenómenos naturales como terremotos, deslizamientos de tierra y huracanes en las comunidades más expuestas a desastres.

Muchos de los participantes también asistieron a la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres Naturales, que tuvo lugar en Kobe, Japón, en enero de 2005, pocas semanas después del tsunami en el océano Índico.

Antes del tsunami, se suponía que dicha conferencia sería de orden técnico y ofrecería la oportunidad a representantes gubernamentales de nivel medio y trabajadores de la ayuda de intercambiar experiencia y pulir conceptos.

Pero, entonces, sobrevino el tsunami, y el carácter de la Conferencia de Kobe cambió radicalmente. Los escaños vacíos de los plenarios fueron ocupados rápidamente y representantes gubernamentales de alto nivel de todas partes del mundo suplantaron a los de nivel medio.

Presenciarlo era sorprendente. Al parecer, por fin, la seguridad de la gente frente a los desastres pasaría a ser una prioridad mundial. Entonces, todos compartíamos un objetivo común. Hubo un verdadero sentido de que el tsunami había sido un toque de diana, una ilustración brutal del precio de no haber protegido a las personas más vulnerables del mundo.

Un gobierno tras otro proclamó su compromiso de dar prioridad a la seguridad de su propio pueblo. El Marco de Acción de Hyogo (MAH), acuerdo internacional que se negoció y adoptó en la Conferencia, fue firmado por 168 Estados que se comprometían individual y recíprocamente a hacer de la reducción del riesgo una prioridad nacional y un imperativo internacional.

Por aquel entonces, se pensaba que Kobe marcaba el inicio de una nueva era. Cada vez es más dudoso que haya sido así.

Dos años y medio después, la reducción del riesgo perdió posiciones en el orden del día internacional. Los enérgicos compromisos de Kobe cedieron el paso a una creciente indeferencia. En lugar de un marco para actuar, el MAH corre peligro de convertirse en poquito más que un archivo de promesas rotas.

El avance ha sido lamentable. En el MAH se pide a los gobiernos que hagan de la reducción del riesgo una prioridad nacional estableciendo plataformas nacionales para orientar políticas y coordinar esfuerzos. Pero, por el momento, sólo 45 de los 168 signatarios lo han hecho.

Las promesas de aumentar la financiación de la reducción del riesgo también cayeron en saco roto. El año pasado, Bill Clinton, enviado especial de la ONU para los países afectados por el tsunami, estimaba que de los 10.000 millones de dólares anuales que se gastan en asistencia humanitaria, sólo cuatro por ciento se destinaba a la reducción de riesgos, (aunque hay que reconocer que algunos gobierno donantes –por ejemplo, el del Reino Unido– aumentaron su financiación).

La finalidad de la reunión de esta semana es recobrar algo de la motivación perdida. Si bien la importancia de reducir el riesgo nunca fue tan patente, esta vez, no hay tsunami alguno que revigorice el interés.

Según un reciente informe de la ONU, probablemente, el cambio climático acrecentará la frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos como inundaciones, sequías y ciclones tropicales que, a su vez, pueden dar lugar a un mayor número de desastres. También sabemos que factores como la urbanización no planificada y la migración masiva están creando más comunidades demasiado frágiles para resistir a los desastres.

Se impone recobrar la energía de Kobe, pero esta vez, también ha de mantenerse.

En los meses venideros, la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja pondrá en marcha una nueva Alianza Global sobre la reducción del riesgo de desastres, enfoque que traerá aparejada una ampliación considerable de los esfuerzos de la Cruz Roja y la Media Luna Roja para reducir el riesgo en el mundo entero.

Centrándonos en los 20 países más expuestos a desastres, duplicaremos, como mínimo, el tamaño y el alcance de nuestros programas de previsión y prevención en los próximos cinco años.

A nuestro entender, los esfuerzos de reducción del riesgo tienen un impacto más significativo cuando se centran a escala local, es decir, en las propias comunidades vulnerables. Consideramos que gracias a nuestra red, integrada por 185 Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y 100 millones de voluntarios, nos encontramos en buena posición de llegar a esas comunidades.

El tsunami de 2004 sigue siendo el ejemplo más trágico de la gran importancia que reviste la reducción del riesgo. Por un momento, se tuvo la impresión que galvanizaba el apoyo internacional a las comunidades vulnerables. La Plataforma Global debe apuntar a recobrar aquel compromiso tan fugaz. Pero, ¿qué requerirá? ¿Tendrá que haber otro tsunami? ¿O algo que lo supere?

* Johan Schaar es el Representante Especial de la Federación Internacional para la Operación Tsunami.
Johan Schaar es el Representante Especial de la Federación Internacional para la Operación Tsunami.
Johan Schaar es el Representante Especial de la Federación Internacional para la Operación Tsunami.
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