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El apoyo
psicológico, fundamental para superar los traumas de la guerra
de Iraq
24 de Abril
2003
Miguel Ángel Rodríguez en Ammán
Depresión,
ansiedad, estrés, pesadillas, desórdenes alimentarios
o un miedo irracional y paralizador son algunas de las múltiples
secuelas que pueden dejar en la población conflictos como
el de la guerra de Iraq.
“Es lógico y normal que situaciones críticas
como un desastre natural, un accidente o un conflicto bélico
puedan acarrear graves consecuencias sociales y psicológicas
que, en muchos casos, minen la capacidad de la gente para llevar
una vida normal”, indica Christina Bitar, responsable del
Programa de Apoyo Psicológico (PAP) de la Federación
Internacional en Jordania.
Esta situación puede resultar especialmente compleja en el
caso de los niños, ya que no disponen ni de las herramientas
ni de la capacidad necesaria para hacer frente a hechos de este
tipo.
“Cuando eres adulto puedes lidiar con situaciones complejas
porque tienes más experiencia y sabes, por esto mismo, que
hay hechos que es casi seguro que no se volverán a repetir,
como un terremoto o una guerra, sin embargo, siendo niño
sufres un ‘miedo irracional’ que te puede hacer revivir
constantemente situaciones que te han impactado, como el ruido de
las bombas, el ‘olor de la guerra’ o la pérdida
de un ser querido”.
Para hacer frente a este tipo de situaciones, la Cruz Roja y la
Media Luna Roja Jordana (MLRJ) cuenta con un Programa de Apoyo Psicológico
que está adquiriendo cada vez mayor relevancia en sus intervenciones
humanitarias. Una buena muestra de su aplicación práctica
son las acciones que se están llevando a cabo en los campos
que hay en los países vecinos de Iraq, como el caso de Jordania.
“En el campo de Ruwayshid (Jordania) llevamos a cabo una serie
de actividades dirigidas a ‘normalizar’ la vida de las
personas acogidas allí. En el caso de los adultos, lo fundamental
es que se sientan útiles y productivos”, apunta Bitar.
Por esta razón, los voluntarios de la Media Luna Roja Jordana,
que gestionan el campament, tratan de implicar a las personas mayores
en actividades de gestión, construcción de infraestructuras
o, simplemente, en encuentros sociales en los que debaten su situación
y su futuro.
Para los niños, la MLRJ ha establecido, con el apoyo de UNICEF,
una gran tienda de ‘juegos’ donde pueden pintar, leer,
bailar y aprender multitud de canciones.
“Lo importante es que las personas que trabajan en este y
otros campos sean capaces de escuchar a las personas, con el máximo
respeto, sin juzgarlos, compartiendo incluso los silencios, porque
puede ser incluso un forma de compartir su dolor”, dice Bitar.
Otra parte fundamental del Programa de Apoyo Psicológico
está dirigido a ‘ayudar a los que ayudan’ y luchar
así contra el síndrome del ‘quemado del cooperante’
(burn out, en inglés).
Este síndrome, según explica Christina Bitar, aparece
por el estrés que acumulan los voluntarios y delegados: “Ellos
son parte de la crisis, la viven de forma directa y, por ello, son
también potenciales víctimas”. Sus características
son falta de sueño, irritabilidad, sentimiento de angustia
por sentir que no se está haciendo lo suficiente, conflictos
morales ante las injusticias que están presenciando, etc.
“Para poder trabajar en estas situaciones tenemos que ser
muy conscientes de que es imposible cuidar a los demás si
no cuida uno de sí mismo”, concluye la responsable
del Programa de Apoyo Psicológico.
La atención psicológica de las víctimas de
conflictos o catástrofes es uno de los pilares de la asistencia
humanitaria que brinda la Cruz Roja y la Media Luna Roja y es, de
hecho, un componente fundamental de sus programas de desarrollo,
preparación ante desastres y operaciones de socorro.
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