Alrededor
de 95 voluntarios, psicólogos y enfermeras de la Media
Luna Roja Iraní visitan los improvisados campamentos
que se erigen aquí y allá por todo Bam, para ayudar
a niños y padres a superar la tragedia del terremoto
que devastó la ciudad el mes pasado.
"¿Quién quiere un libro?”, pregunta
Mohammad Reza Salah, voluntario de la Media Luna Roja Iraní
(MLRI), al enjambre de niños, de edades comprendidas
entre los tres y los 12 años, que lo rodea. “En
esta libreta voy a escribir lo que hacen, con quien juegan,
lo que les gusta, lo que no les gusta, y cómo se sienten”,
les dice y agrega: “También quiero que vayan a
otras tiendas de campaña, se hagan amigos de otros niños
y escriban lo que les pasa.”
Mohammad, que lleva ocho años trabajando con niños,
es uno de los 95 voluntarios, psicólogos y enfermeras
de la MLRI que vienen prestando apoyo psicosocial a niños
y padres de Bam para tratar de ayudarles a superar el trauma
del terremoto que sacudió la ciudad el 26 de diciembre.
El sismo, de una intensidad de 6,5 en la escala de Richter,
dejó un saldo de unos 30.000 muertos, 30.000 heridos
y unas 75.000 personas sin hogar.
“Los días siguientes al terremoto, los damnificados
se afanaban por sobrevivir, tratar de encontrar a familiares,
procurarse cobijo, alimentos y agua, y satisfacer sus necesidades
básicas. Pero también es muy importante que los
niños y sus familias tengan la posibilidad de expresar
lo que sienten y compartir sus problemas, para comprobar que
hay otras personas en su misma situación”, explica
Aghdase Kafi, psicóloga de la MLRI que forma parte del
equipo de apoyo psicosocial.
“Mediante juegos y dibujos tratamos de ofrecer un espacio
donde los niños y sus padres puedan hacerlo”, añade.
Cuando el equipo de seis voluntarios llegó a los improvisados
campamentos que se extienden por todo Bam, se dividió
las tareas: unos trabajaron con los niños y otros con
los padres, tanto a nivel individual como en grupo.
Los voluntarios de la MLRI alientan a los padres a salir de
las tiendas de campaña e ir al encuentro de otras personas,
no sólo por que eso les ayuda a compartir su congoja,
sino también porque dan el ejemplo. “Si los hijos
ven que los padres lo hacen, seguirán el ejemplo e irán
a jugar con otros niños”, comenta Aghdase.
“Me parece muy oportuno que el programa conjugue la atención
a los niños y el asesoramiento a madres y padres”,
dice Rikke Gormsen, Delegada Regional de la Federación
en la esfera psicosocial, que se encuentra en Bam.
“Este es un claro ejemplo de que con medios simples se
puede hacer mucho para prevenir trastornos mentales, principalmente,
porque se está instruyendo a las madres para que reconozcan
los síntomas”, añade.
El asesoramiento se combina con educación sobre atención
básica de salud, higiene y cuestiones ambientales.
“Antes del terremoto tenían todo lo que les hacía
falta, vivienda, un cuarto de baño adecuado, y los artículos
sanitarios y de higiene que se necesitan. Ahora, hay que enseñarles
a que se arreglen con lo que se puede encontrar”, explica
Gormsen. Actualmente, unas 75.000 personas viven en tiendas
de campaña, compartiendo el suministro de agua y las
letrinas.
La MLRI, que tiene 30 años de experiencia en prestación
de apoyo psicológico a damnificados por desastres naturales,
ampliará este programa a establecimientos de enseñanza
donde se solicitará la participación de los profesores
y se llegará a los adolescentes.
Gudbjorg Sveinsdottir, enfermera psiquiátrica de la Cruz
Roja Islandesa, señala que sentirse acongojado -a causa
de una mezcla de sentimientos de desamparo, desazón,
culpa y pesadumbre- es una reacción normal después
de cataclismos como los terremotos.
“Todo ello puede avivar conflictos entre los damnificados
e incluso en el seno de las familias. También puede tener
un enorme impacto en la producción de la ciudad”,
concluye.
Las autoridades iraníes consideran que se puede llegar
a todos los damnificados (30.000 según estimaciones)
mediante campañas generales de información sobre
medios para superar el estrés y el trauma. Aun así,
se entiende que unas 25.000 personas necesitarán alguna
otra clase de apoyo.
|
 |
 |
|
| Mohammad
Ali, de tres años, con su mamá Jamileh,
que comenta: “Es bueno que los niños jueguen
y olviden sus angustias por un rato” (p11028)
|
|
|
|
|
 |
|
| Marziya
Yousefenajad, voluntaria de la Media Luna Roja Iraní
anima a los niños de Bam a que canten y jueguen
(p11032) |
|
 |
|
| Las
madres cumplen una función crucial porque saben
detectar los problemas psicológicos y transmiten
nociones esenciales de salud e higiene (p11031) |
|
 |
|
Mediante los juegos y la relación con los demás,
los niños tienen oportunidad de decir lo que sienten
(p11030)
|
|