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Ayuda para que los niños de Bam vuelvan a jugar
13 de enero de 2004
Por Cristina Estrada en Bam
Alrededor de 95 voluntarios, psicólogos y enfermeras de la Media Luna Roja Iraní visitan los improvisados campamentos que se erigen aquí y allá por todo Bam, para ayudar a niños y padres a superar la tragedia del terremoto que devastó la ciudad el mes pasado.

"¿Quién quiere un libro?”, pregunta Mohammad Reza Salah, voluntario de la Media Luna Roja Iraní (MLRI), al enjambre de niños, de edades comprendidas entre los tres y los 12 años, que lo rodea. “En esta libreta voy a escribir lo que hacen, con quien juegan, lo que les gusta, lo que no les gusta, y cómo se sienten”, les dice y agrega: “También quiero que vayan a otras tiendas de campaña, se hagan amigos de otros niños y escriban lo que les pasa.”

Mohammad, que lleva ocho años trabajando con niños, es uno de los 95 voluntarios, psicólogos y enfermeras de la MLRI que vienen prestando apoyo psicosocial a niños y padres de Bam para tratar de ayudarles a superar el trauma del terremoto que sacudió la ciudad el 26 de diciembre.

El sismo, de una intensidad de 6,5 en la escala de Richter, dejó un saldo de unos 30.000 muertos, 30.000 heridos y unas 75.000 personas sin hogar.

“Los días siguientes al terremoto, los damnificados se afanaban por sobrevivir, tratar de encontrar a familiares, procurarse cobijo, alimentos y agua, y satisfacer sus necesidades básicas. Pero también es muy importante que los niños y sus familias tengan la posibilidad de expresar lo que sienten y compartir sus problemas, para comprobar que hay otras personas en su misma situación”, explica Aghdase Kafi, psicóloga de la MLRI que forma parte del equipo de apoyo psicosocial.

“Mediante juegos y dibujos tratamos de ofrecer un espacio donde los niños y sus padres puedan hacerlo”, añade.

Cuando el equipo de seis voluntarios llegó a los improvisados campamentos que se extienden por todo Bam, se dividió las tareas: unos trabajaron con los niños y otros con los padres, tanto a nivel individual como en grupo.

Los voluntarios de la MLRI alientan a los padres a salir de las tiendas de campaña e ir al encuentro de otras personas, no sólo por que eso les ayuda a compartir su congoja, sino también porque dan el ejemplo. “Si los hijos ven que los padres lo hacen, seguirán el ejemplo e irán a jugar con otros niños”, comenta Aghdase.

“Me parece muy oportuno que el programa conjugue la atención a los niños y el asesoramiento a madres y padres”, dice Rikke Gormsen, Delegada Regional de la Federación en la esfera psicosocial, que se encuentra en Bam.

“Este es un claro ejemplo de que con medios simples se puede hacer mucho para prevenir trastornos mentales, principalmente, porque se está instruyendo a las madres para que reconozcan los síntomas”, añade.

El asesoramiento se combina con educación sobre atención básica de salud, higiene y cuestiones ambientales.

“Antes del terremoto tenían todo lo que les hacía falta, vivienda, un cuarto de baño adecuado, y los artículos sanitarios y de higiene que se necesitan. Ahora, hay que enseñarles a que se arreglen con lo que se puede encontrar”, explica Gormsen. Actualmente, unas 75.000 personas viven en tiendas de campaña, compartiendo el suministro de agua y las letrinas.

La MLRI, que tiene 30 años de experiencia en prestación de apoyo psicológico a damnificados por desastres naturales, ampliará este programa a establecimientos de enseñanza donde se solicitará la participación de los profesores y se llegará a los adolescentes.

Gudbjorg Sveinsdottir, enfermera psiquiátrica de la Cruz Roja Islandesa, señala que sentirse acongojado -a causa de una mezcla de sentimientos de desamparo, desazón, culpa y pesadumbre- es una reacción normal después de cataclismos como los terremotos.

“Todo ello puede avivar conflictos entre los damnificados e incluso en el seno de las familias. También puede tener un enorme impacto en la producción de la ciudad”, concluye.

Las autoridades iraníes consideran que se puede llegar a todos los damnificados (30.000 según estimaciones) mediante campañas generales de información sobre medios para superar el estrés y el trauma. Aun así, se entiende que unas 25.000 personas necesitarán alguna otra clase de apoyo.
Mohammad Ali, de tres años, con su mamá Jamileh, que comenta: “Es bueno que los niños jueguen y olviden sus angustias por un rato” (p11028)
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