IEl
terremoto de Bam destruyó los tres hospitales principales
de la ciudad y centenares de profesionales de la salud perecieron
en la catástrofe. A fin de prestar servicios médicos
a la población, se instaló un hospital de derivación
de urgencias que es atendido por personal de la Cruz Roja Finlandesa,
la Cruz Roja Noruega y la Media Luna Roja Iraní.
“Buen día señoras y señores, y debería
decir, Roger”, bromea sonriendo, la enfermera Rea Noponen,
al inicio de la reunión matinal del personal médico
de la Cruz Roja Finlandesa y la Cruz Roja Noruega que trabaja
en el hospital de derivación de Bam. La broma va dirigida
a Roger Pettersen, cirujano jefe. Las noticias del día
anterior son dos: una mala y una buena. La mala es que un miembro
de personal, imprescindible en este hospital con capacidad para
200 camas, cuyo vuelo ya se había atrasado por una tormenta
de nieve en Viena, sigue varado en Teherán pues no consigue
lugar en ningún vuelo para Bam.
La buena noticia es que en pocos días llegará
un equipo de reemplazo de 10 enfermeras. Rea piensa que, verdaderamente,
es una buena noticia, dado que esta operación conlleva
una gran presión por lo difícil que resulta contratar
personal local. Los tres hospitales principales fueron destruidos
y cientos de profesionales de la salud perecieron en el cataclismo
que sacudió la ciudad en la madrugada del 26 diciembre.
El Dr. Paul Odberg, Director Médico, toma la palabra
y recalca que en estos primeros días de vida del hospital,
“es importante sistematizar procedimientos y todavía
tenemos algún que otro problema con las estadísticas”.
Además, se necesitan lavadoras para la ropa del personal
y los pacientes.
Este hospital de derivación, que la Cruz Roja y la Media
Luna Roja instalaron en Bam, no se parece a ningún otro
hospital del mundo. Fue concebido pocas horas después
del desastre por la Cruz Roja Finlandesa y la Cruz Roja Noruega,
en estrecha colaboración con la Media Luna Roja Iraní,
bajo la égida coordinadora de la Federación Internacional.
Una semana después, comenzaba a funcionar y recibía
a los primeros pacientes en su ambulatorio. En el plazo de una
semana, se había atendido a un millar de pacientes, entre
ellos, la anciana de 97 años, rescatada de las ruinas
de su casa por voluntarios de la Media Luna Roja Iraní,
que durante su convalecencia recibió la visita de SM
la Reina Rania de Jordania.
En esa primera semana completa de funcionamiento, la vida y
la muerte también se dieron cita en el hospital. Un niño
de tres años que había sobrevivido al terremoto
y al que se le había diagnosticado leucemia, exhaló
su último suspiro en el pabellón médico.
El personal dirigido por la Dra. Merja Helmimen, pediatra, hizo
cuanto estaba a su alcance para que el niño sufriera
lo menos posible en sus últimas horas y reconfortar a
sus padres. “Fue muy triste. Debe haber muchos otros niños
como él, que necesitan un tratamiento médico complejo,
pero en una situación como ésta, desgraciadamente,
no estamos equipados para prestar esa clase de servicios”,
comentó Helmimen. No obstante, poco después recobró
el ánimo, al saber que a uno de los cuatro niños
con neumonía atendidos en el hospital, se le había
retirado el oxígeno y, pronto, se le daría de
alta.
Tras una vida recuperada, llega una nueva vida. Con un óptimo
sentido de la oportunidad, el primer bebé nacido en el
hospital, llegó una hora antes de que la Reina Raina
visitara el pabellón de maternidad. Orovokki Iso-Möttönen,
partera finlandesa, estaba radiante cuando le mostró
el robusto bebé a la reina. “Estamos muy felices
de que sea la primera en saludar al primer bebé nacido
en el hospital, pero puedo asegurarles que no será el
único”, le dijo con satisfacción.
Rea Noponen, saca unos minutos de su apretada agenda para reflexionar
sobre lo que se ha hecho.
“A la salida del sol, uno nunca sabe lo que le deparará
el día. Siempre hay que estar preparado para hacer lo
que haga falta, sea cual sea la profesión que uno ejerce.”
Comparte la tienda de campaña con otras 15 enfermeras.
Recién pudieron darse una ducha, cuatro días después
de haber llegado a Bam. El verdadero acontecimiento de esos
primeros días no sorprendió a Rea, porque también
ella es partera. “El primer nacimiento siempre es especial,
pues demuestra que la vida sigue incluso cuando uno ve la desesperación
en muchos rostros. Muerte y catástrofe, por un lado,
y una nueva vida, por el otro. Cuando estoy cansada voy al pabellón
de maternidad. En misiones como ésta lo hago con bastante
frecuencia. También es maravilloso ver cómo los
niños recobran la salud. A veces, un niño está
muy mal y, a la mañana siguiente, te lo encuentras sentado
al borde de la cama, mirándote con sus grandes ojos y
sintiéndose mucho mejor”, comenta.
En el caso de Roger Pettersen, cirujano jefe, esta es su tercera
misión con la Cruz Roja. Trabaja en el Hospital Universitario
de Oslo, y cuenta que, gracias a la comprensión de sus
empleadores y colegas, en cuatro horas puede estar en el avión
que lo lleva al lugar donde haya ocurrido un desastre como éste.
“Estuve en Turquía y en India, después de
otros terremotos. En estos casos, nos encontramos con cuadros
muy similares, muchas lesiones de manos, pies y brazos”,
explica. Al día siguiente de su llegada, recorre las
instalaciones médicas temporales de Bam para determinar
qué pacientes deben ser trasladados al hospital de la
Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
Lo acompañan el Dr. Odberg y el Dr. Kjell Erick Stromskag,
anestesista, que también son “veteranos”,
del terremoto que hubo en Guajarat, India, hace tres años,
y dejó un saldo de 20.000 muertos. Durante el recorrido
evalúan una triste letanía de sufrimiento humano.
Una anciana que perdió una pierna. Una jovencita con
una fractura pélvica, que trata de aceptar el hecho de
haber perdido a toda su familia. Un joven a quien hubo que extirparle
el bazo y se le infectó la herida; al parecer, también
consume opio, por lo que será más difícil
medicarlo.
En un momento de descanso, Roger y Kjell Erick hacen abstracción
de las tiendas de campaña donde operan y vuelven a soñar
con la situación ideal. Después de un gran terremoto
como éste, quisieran poder llegar mucho antes. Piensan
que si en la mañana del 27 de diciembre, ya hubiera habido
una unidad de cirugía bien equipada por las calles de
Bam, se hubieran podido salvar muchas vidas.
“Estamos estudiando la posibilidad de crear una unidad
como esa, que pueda partir en pocas horas a la zona siniestrada,
y que el resto del hospital llegue después. Trabajando
rápido, ese equipo podría salvar cantidad de vidas
los primeros días después del desastre, que son
determinantes. Por ejemplo, impidiendo que los heridos se desangren;
haciendo amputaciones o drenando pulmones congestionados”,
explica Roger.
Helinä Laitinen se ocupa de la Unidad de Cuidado Intensivos
y esta es su primera misión con la Cruz Roja Finlandesa.
Ella, que trabaja en un establecimiento muy bien equipado, el
Hospital Universitario de Helsinki, aquí tiene que fregar
pisos y olvidarse que existen ventiladores. “Es difícil
por el problema del idioma, pero los pacientes son amables y
el trabajo me gusta.”
Paulatinamente, el hospital se irá dejando en manos de
personal iraní, conforme al acuerdo establecido con el
Ministerio de Salud y la Media Luna Roja Iraní.
“Durante un año, o más, este será
el principal hospital que presta servicios a toda la región.
Es una instalación muy importante. Desde el punto de
vista psicológico, su sola presencia significa mucho
para la gente”, afirma Mostafa Mohageh, Jefe del Departamento
Internacional de la Media Luna Roja Iraní.
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| El
Dr. Kjell Erik Stromskag, anestesista del hospital de
campaña de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja,
reconforta a un paciente después de la operación
(p11042) |
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| Somya
Tavakoli atiende a Majid que tiene dos meses y sufre de
bronquiolitis (p11047)
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| El
Dr. Roger Pettersen (der.), cirujano jefe del hospital,
opera un pie (p11049) |
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| Por
la mañana, Rea Noponen (der.), enfermera jefe del
hospital de campaña, informa al personal (p11048) |
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| Unos
500 pacientes visitan el hospital de campaña de
la Cruz Roja y de la Media Luna Roja cada día (p11044) |
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