Ghasem Gholamhossein Negad piensa a menudo en la muerte. Según
las últimas estimaciones, 41.000 personas, como mínimo,
perdieron la vida en la madrugada del 26 de diciembre. Entre
ellas, su esposa y sus cuatro nietos. El más pequeño
tenía cinco años. A veces, se reprocha no haber
sido él quien murió, en lugar de los niños,
cuando se derrumbó el edificio.
Negad tiene 58 años y no quiere alejarse demasiado de
su propiedad, pues teme perder lo poco que ha quedado de su
tesoro más preciado. “Estuve ahorrando toda la
vida para la casa, trabajé día tras día
para que mi familia tuviera un buen futuro. Ahora, no sé
qué hacer. Sin las raciones de alimentos de la Media
Luna Roja nos moriríamos de hambre”, explica. Negad
trabajaba en las verdes y florecientes plantaciones de dátiles
de los alrededores de Bam; la mayor parte de estas plantaciones
dependían de complejos sistemas de riego que fueron destruidos
por el terremoto y, entonces, se quedó sin trabajo.
Un mes después del terrible desastre, las autoridades
siguen actualizando el número de muertos porque, cada
día, se recuperan cadáveres de las ruinas. El
sismo, de una intensidad de 6,3 en la escala de Richter, dejó
un saldo de, al menos, 41.000 muertos, 30.000 heridos y más
de 75.000 personas sin hogar. Además, se estima que la
destrucción de propiedades e infraestructuras asciende
al 95%. Detrás de estas cifras se esconden el dolor y
el pesar que cunden en Bam.
Un mes después, numerosas tiendas de campaña se
alinean en las calles y caminos de la ciudad. La Media Luna
Roja Iraní distribuyó más de 100.000, junto
con mantas, utensilios de cocina, alimentos y rollos de plástico.
En el caso de Negad, sobrevivieron 11 de sus familiares que
también forman parte de esa legión de personas
sin hogar. Desanimado, recorre con la mirada las dos tiendas
de campaña, cubiertas de polvo, donde viven. El sol rescalda
un poco el paraje, pero por las noches el frío aprieta.
La Media Luna Roja Iraní y los organismos estatales instalaron
campamentos para las personas sin hogar, pero al igual que Negad,
mucha gente aún no tomado la ardua decisión de
irse a vivir allí.
A diferencia de muchas otras, la familia de Negad cuenta con
alguien que se gana el sustento, porque su hijo sigue trabajando
con el taxi que les pertenece, a pesar de que está destartalado.
Se trata de una verdadera ruina sobre ruedas; el maletero fue
aplastado por una pared que se derrumbó. Por debajo de
los lamparones de pintura, brilla el acero. Los clientes se
cuentan con los dedos de una mano.
A duras penas, los habitantes de Bam empiezan a superar el trauma.
Poco a poco, se vuelve a la normalidad. Los escombros van desapareciendo
y, aquí y allá, algunos vendedores ambulantes
ofrecen frutas y verduras.
Muchos de quienes huyeron después del terremoto, para
ir a vivir con familiares fuera de Bam, están volviendo.
Pero no todos lo harán. Casi la mitad de la población
de la ciudad pereció en el desastre.
Esta catástrofe generó una ola de solidaridad
mundial. A menos de tres kilómetros de las tiendas de
campaña de la familia de Nagda, se encuentra el hospital
con capacidad para 200 camas instalado por la Cruz Roja y la
Media Luna Roja con apoyo de la Oficina de Ayuda Humanitaria
de la Comunidad Europea (ECHO). La dotación de personal
está integrada por colaboradores de la Cruz Roja Finlandesa
y la Cruz Roja Noruega que trabajan junto con colegas iraníes.
Este hospital ha tomado el relevo de la asistencia médica
de urgencia que se presta en instalaciones temporales, establecidas
por la Media Luna Roja de Arabia Saudita y muchos otros en los
primeros días críticos.
Equipos de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania,
Austria, España, Francia y Suecia se ocupan del suministro
de agua potable, tanto para el hospital como para los millares
de personar sin hogar. Las clínicas satélite de
la Cruz Roja Alemana y la Cruz Roja Japonesa complementan las
clínicas móviles de la Media Luna Roja Iraní.
Hasta la fecha, unas 10.000 personas han recibido tratamiento
en el hospital y los ambulatorios de la Cruz Roja.
Por su parte, la Cruz Roja Danesa y la Cruz Roja Islandesa secundan
el programa de apoyo psicosocial de la Media Luna Roja Iraní
para ayudar a los damnificados a sobrellevar su dolor, el hecho
de haber perdido su hogar y el temor permanente que causan las
réplicas constantes.
Aun así, hay algunos atisbos de esperanza. En estas pocas
semanas, después del terremoto, en el hospital de la
Cruz Roja y de la Media Luna Roja nacieron 40 bebés.
Paralelamente, la Media Luna Roja Iraní ha dado una mano
en la instalación de 12 campamentos. En el campamento
Hamadan se extiende una larga fila de tiendas de color verde
claro y la grava recién puesta cruje bajo los pies de
los habitantes. Allí se podrán alojar hasta 3.000
personas, muchas de las cuales habían sido trasladadas
a Kerman (a tres horas de camino) para recibir tratamiento.
Una de ellas, es Mohaddse, de cuatro años, se cepilla
los dientes en uno de los puntos de agua de la Cruz Roja. Su
mamá está contenta de verla así, porque
después del terremoto que devastó Bam, la niña
ha llorado más de lo que ha reído.
“Mi pequeña no duerme bien. Tiene muchas pesadillas”,
explica Fatemeh Adalatir. “La Media Luna Roja cuida muy
bien de nosotros. Recibimos un juego de cocina, un calentador
de keroseno y mantas. Pero, nada podrá devolvernos la
vida de nuestros familiares ni nuestra casa destruida. Y, en
marzo, comenzarán los calores y las tormentas de arena”,
añade esta madre de 28 años.
Iain Logan, jefe de Operaciones de la Federación en Bam,
celebra la buena cooperación con las autoridades locales.
“Ayer, por casualidad, nos cruzamos con algunos dirigentes
políticos y religiosos. Visiblemente, estaban muy sorprendidos
de nuestra labor y, uno de ellos, incluso lagrimeaba”,
comenta.
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| Ghasem
Gholamhossein Negadm sentado en las ruinas de su casa,
no quiere alejarse de su propiedad y arriesgarse a perder
lo poco que le queda (p11098)
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Una
mujer busca sus pertencias entre los escombros de su casa
(p11100)
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| La
Media Luna Roja Iraní distribuyó más
de 100.000, junto con mantas, utensilios de cocina, alimentos
y rollos de plástico (p11099) |
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Mohaddse,
de cuatro años se cepilla los dientes en uno de
los puntos de agua de la Cruz Roja (p11101)
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