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Un mes después, persiste el sufrimiento en Bam
26 de enero de 2004
Till Mayer en Bam
Ghasem Gholamhossein Negad piensa a menudo en la muerte. Según las últimas estimaciones, 41.000 personas, como mínimo, perdieron la vida en la madrugada del 26 de diciembre. Entre ellas, su esposa y sus cuatro nietos. El más pequeño tenía cinco años. A veces, se reprocha no haber sido él quien murió, en lugar de los niños, cuando se derrumbó el edificio.

Negad tiene 58 años y no quiere alejarse demasiado de su propiedad, pues teme perder lo poco que ha quedado de su tesoro más preciado. “Estuve ahorrando toda la vida para la casa, trabajé día tras día para que mi familia tuviera un buen futuro. Ahora, no sé qué hacer. Sin las raciones de alimentos de la Media Luna Roja nos moriríamos de hambre”, explica. Negad trabajaba en las verdes y florecientes plantaciones de dátiles de los alrededores de Bam; la mayor parte de estas plantaciones dependían de complejos sistemas de riego que fueron destruidos por el terremoto y, entonces, se quedó sin trabajo.

Un mes después del terrible desastre, las autoridades siguen actualizando el número de muertos porque, cada día, se recuperan cadáveres de las ruinas. El sismo, de una intensidad de 6,3 en la escala de Richter, dejó un saldo de, al menos, 41.000 muertos, 30.000 heridos y más de 75.000 personas sin hogar. Además, se estima que la destrucción de propiedades e infraestructuras asciende al 95%. Detrás de estas cifras se esconden el dolor y el pesar que cunden en Bam.

Un mes después, numerosas tiendas de campaña se alinean en las calles y caminos de la ciudad. La Media Luna Roja Iraní distribuyó más de 100.000, junto con mantas, utensilios de cocina, alimentos y rollos de plástico.

En el caso de Negad, sobrevivieron 11 de sus familiares que también forman parte de esa legión de personas sin hogar. Desanimado, recorre con la mirada las dos tiendas de campaña, cubiertas de polvo, donde viven. El sol rescalda un poco el paraje, pero por las noches el frío aprieta. La Media Luna Roja Iraní y los organismos estatales instalaron campamentos para las personas sin hogar, pero al igual que Negad, mucha gente aún no tomado la ardua decisión de irse a vivir allí.

A diferencia de muchas otras, la familia de Negad cuenta con alguien que se gana el sustento, porque su hijo sigue trabajando con el taxi que les pertenece, a pesar de que está destartalado. Se trata de una verdadera ruina sobre ruedas; el maletero fue aplastado por una pared que se derrumbó. Por debajo de los lamparones de pintura, brilla el acero. Los clientes se cuentan con los dedos de una mano.

A duras penas, los habitantes de Bam empiezan a superar el trauma. Poco a poco, se vuelve a la normalidad. Los escombros van desapareciendo y, aquí y allá, algunos vendedores ambulantes ofrecen frutas y verduras.

Muchos de quienes huyeron después del terremoto, para ir a vivir con familiares fuera de Bam, están volviendo. Pero no todos lo harán. Casi la mitad de la población de la ciudad pereció en el desastre.

Esta catástrofe generó una ola de solidaridad mundial. A menos de tres kilómetros de las tiendas de campaña de la familia de Nagda, se encuentra el hospital con capacidad para 200 camas instalado por la Cruz Roja y la Media Luna Roja con apoyo de la Oficina de Ayuda Humanitaria de la Comunidad Europea (ECHO). La dotación de personal está integrada por colaboradores de la Cruz Roja Finlandesa y la Cruz Roja Noruega que trabajan junto con colegas iraníes.

Este hospital ha tomado el relevo de la asistencia médica de urgencia que se presta en instalaciones temporales, establecidas por la Media Luna Roja de Arabia Saudita y muchos otros en los primeros días críticos.

Equipos de las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja de Alemania, Austria, España, Francia y Suecia se ocupan del suministro de agua potable, tanto para el hospital como para los millares de personar sin hogar. Las clínicas satélite de la Cruz Roja Alemana y la Cruz Roja Japonesa complementan las clínicas móviles de la Media Luna Roja Iraní. Hasta la fecha, unas 10.000 personas han recibido tratamiento en el hospital y los ambulatorios de la Cruz Roja.

Por su parte, la Cruz Roja Danesa y la Cruz Roja Islandesa secundan el programa de apoyo psicosocial de la Media Luna Roja Iraní para ayudar a los damnificados a sobrellevar su dolor, el hecho de haber perdido su hogar y el temor permanente que causan las réplicas constantes.

Aun así, hay algunos atisbos de esperanza. En estas pocas semanas, después del terremoto, en el hospital de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja nacieron 40 bebés.

Paralelamente, la Media Luna Roja Iraní ha dado una mano en la instalación de 12 campamentos. En el campamento Hamadan se extiende una larga fila de tiendas de color verde claro y la grava recién puesta cruje bajo los pies de los habitantes. Allí se podrán alojar hasta 3.000 personas, muchas de las cuales habían sido trasladadas a Kerman (a tres horas de camino) para recibir tratamiento.

Una de ellas, es Mohaddse, de cuatro años, se cepilla los dientes en uno de los puntos de agua de la Cruz Roja. Su mamá está contenta de verla así, porque después del terremoto que devastó Bam, la niña ha llorado más de lo que ha reído.

“Mi pequeña no duerme bien. Tiene muchas pesadillas”, explica Fatemeh Adalatir. “La Media Luna Roja cuida muy bien de nosotros. Recibimos un juego de cocina, un calentador de keroseno y mantas. Pero, nada podrá devolvernos la vida de nuestros familiares ni nuestra casa destruida. Y, en marzo, comenzarán los calores y las tormentas de arena”, añade esta madre de 28 años.

Iain Logan, jefe de Operaciones de la Federación en Bam, celebra la buena cooperación con las autoridades locales. “Ayer, por casualidad, nos cruzamos con algunos dirigentes políticos y religiosos. Visiblemente, estaban muy sorprendidos de nuestra labor y, uno de ellos, incluso lagrimeaba”, comenta.
Ghasem Gholamhossein Negadm sentado en las ruinas de su casa, no quiere alejarse de su propiedad y arriesgarse a perder lo poco que le queda (p11098)
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