Una
luz tenue filtra por la lona verde. El sol está alto
en el cielo, pero Masoomeh aguarda que caiga la noche, para
poder tomar las pastillas; esas pastillas que le ofrecen unas
horas de sueño, un respiro, durante el cual puede olvidar.
“No puede aceptar que mi madre haya muerto. Rezo por ella
el día entero”, dice en voz baja esta joven de
23 años.
Habla de los días siguientes al terremoto, cuando encontró
el cadáver de su tío y quiso enterrarlo junto
a la flamante tumba de su madre. Trató incluso de cargarlo
sola, pero era demasiado pesado para ella. Entonces, encontró
un vehículo para transportarlo: una camioneta cargada
de cadáveres. Masoomeh se subió al camión
para no dejar solo a su tío.
El Dr. Saeed Moustafa Arfa, psiquiatra, escucha el relato de
la joven mucho después de la tragedia, y piensa en esos
12 segundos de la madrugada del 26 de diciembre, esos pocos
segundos que convirtieron Bam en un amasijo de escombros y cobraron
41.000 vidas.
El Dr. Arfa integra uno de los equipos de apoyo psicosocial
de la Media Luna Roja Iraní (MLRI) que, tan sólo
dos días después del desastre, comenzaron a ayudar
a la población traumatizada.
Actualmente, 50 voluntarios y miembros del personal de la Media
Luna Roja Iraní integran dichos equipos para ayudar a
la población a superar el duelo y el trauma de la catástrofe.
Para ello organizan sesiones de asesoramiento individual o en
grupo para los adultos y juegos para los niños. Las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja de Dinamarca e Islandia apoyan la
consolidación de este programa de la Media Luna Roja
Iraní.
Por momentos, el Dr. Arfa siente que su labor es una carga demasiado
pesada. Una voluntaria de 20 años, que está sentada
junto a él, hace un esfuerzo para reprimir las lágrimas.
En la tienda de campaña reina el silencio. El psiquiatra
trata de encontrar las palabras acertadas. Reconfortar a alguien
puede ser una difícil tarea, pero el fervor religioso
de Massomeh, la ayudará.
El Dr. Arfa sabe escuchar y ha logrado granjearse la confianza
de la joven; le advierte que no debe aislarse ni perderse por
ese mundo que se vino abajo un mes atrás.
“Tenemos que ofrecerle alguna perspectiva. Debemos lograr
que haga algo, que ocupe su tiempo y su mente en otras cosas.
Las pastillas no son una solución”, explica el
psiquiatra de la Media Luna Roja.
“Únete a nosotros como voluntaria”, le propone.
Massomeh mira la alfombra que cubre el suelo de la tienda, sacude
la cabeza negándose y dice: “Tengo miedo. Estoy
muy débil. A veces, me tiembla todo el cuerpo.”
“Comprendemos”, le asegura la voluntaria que, junto
con el psiquiatra, volverá a visitarla.
La Media Luna Roja Iraní ofrece terapia individual y
terapia de grupo a miles de supervivientes traumatizados por
el terremoto. El examen de casos sigue su curso.
Muchos son niños como Alireza que tiene dos años
y perdió a sus padres. Se arrebuja contra su abuela.
Cuando ve a alguien que no conoce, se pone a llorar y, hoy,
tiró su taza de lata contra un rincón de la tienda
de campaña. El pequeño no entiende qué
pasó con su madre, su padre y la casa donde vivían.
“Por las noches, llora hasta que se queda dormido”,
cuenta la abuela.
Bajo las lonas aceradas y entre las finas paredes de las unidades
prefabricadas de los campamentos cunde una honda tristeza, al
igual que en las calles. Los socorristas sólo pueden
imaginar la amplitud.
“Es increíble todo lo que fue destruido en la ciudad.
Sólo queda un montón de escombros. En el terremoto
murió casi la mitad de la población. Es difícil
medir las consecuencias y saber cómo ha cambiado la vida
de cada superviviente. Al menos, podemos prestar algún
apoyo válido mediante nuestros servicios de salud. Junto
con nuestros asociados de la Media Luna Roja y los organismos
estatales estamos construyendo estructuras duraderas”,
comenta Thomas Moch, delegado de la Cruz Roja Alemana.
Uno de los dos centros de atención primaria de salud,
de la Cruz Roja Alemana, se encuentra rodeado de escombros.
En frente hay una barbería, lo que da un tinte de normalidad.
El barbero rescató su sillón de las ruinas. Ahora,
espera que algunos pacientes de la clínica o sus amigos
soliciten sus servicios. Todos los días vienen muchos.
A unos tres kilómetros de allí, se encuentra el
centro de atención primaria de salud de la Cruz Roja
Japonesa, una pequeña clínica de tiendas de campaña
en medio de las palmeras de dátiles que dibujan sombras
en el pasto.
El Dr. Akira Miyata, que añade una nota de color con
su uniforme azul de la Cruz Roja, conversa con un iraní.
Con gran seriedad asiente con la cabeza y, luego, estrecha la
mano de su interlocutor.
“Estamos invitados a una ceremonia de duelo. Es un honor
que nos demuestra que la gente confía en nosotros en
cuanto socorristas y amigos”, explica.
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Más
de un mes después del desastre, Massomeh Shoja
Heidary aún no puede aceptar el deceso de su madre.
Sólo los somníferos le permiten dormir (p11135)
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| Incluso
para los socorristas de la Media Luna Roja, a veces, es
duro escuchar los relatos de los supervivientes traumatizados
de Bam (p11136) |
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| A
los niños les resulta difícil expresar su
dolor. Los equipos de ayuda psicosocial de la Media Luna
Roja tratan de ayudarles a superar lo ocurrido mediante
juegos y dibujos (p11140) |
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| Alireza,
de dos años, perdió la madre, el padre y
la hermana en el terremoto. Muy traumatizado y confuso,
cada noche llora hasta que se queda dormido (p11138) |
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