Fariba
Shahmorady está de pie junto a una mesa en el centro
de la Sociedad de la Media Luna Roja de Irán en Bam mientras
pinta con los dedos un apacible cuadro de dos cisnes nadando
en un lago, con un fondo de montañas. La joven iraní
explica que los cisnes simbolizan la calma. Lo que ella necesita.
“Lo recuerdo todo claramente”, explica, refiriéndose
a la mañana del 26 de diciembre de 2003, cuando un fuerte
terremoto quitó la vida a 26.000 personas y destruyó
el 85 por ciento de los edificios de Bam.“Recuerdo que
estaba bajolos escombros y recuerdo cómo mi hermana murió
junto a mí. No había nadie que pudiera salvarla.
Esta clase me ayuda a asumir esos recuerdos”, afirma Fariba.
Fariba perdió a su hermano y a su hermana y a dos hijos
de su hermana en el desastre. Pasó dos horas bajo los
escombros de su casa hasta que vecinos y familiares la rescataron.
Actualmente, es una de las más de 5.600 personas que
se han beneficiado de los programas de apoyo psicolgógico
para la población traumatizada de Bam.
“Doce meses después, aún pueden verse signos
de la devastación, no sólo en los edificios derrumbados
sino en la mente de las personas”, dice Mohammed Mukhier,
jefe de delegación de la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en Irán.
“Este modelo de integración del apoyo psicológico
inmediatamente después del desastre constituye un modelo
que podría aplicarse más ampliamente.”
Es la primera operación en la historia del movimiento
de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en la que se ha prestado
apoyo psicológico de forma amplia tras un desastre a
gran escala. Podría convertirse en un modelo para futuras
intervenciones en casos de desastre.
“La labor de socorro tradicional es importante, sin embargo,
prestar apoyo psicológico a las víctimas, y a
los socorristas más tarde, es igualmente importante”,
puntualiza Bijan Daftari, jefe de la Organización de
Salvamento y Socorro de la Sociedad de la Media Luna Roja de
Irán.
Daftari actualmente trabaja para fortalecer más la capacidad
de la Sociedad de la Media Luna Roja de Irán para intervenir
en casos de desastre. Ello incluye un programa de capacitación
global para los funcionarios que trabajan en el socorro, la
reposición de existencias de los almacenes y el entrenamiento
de perros rastreadores. Los programas reciben el respaldo de
la Federación Internacional y de varias sociedades de
la Cruz Roja.
Un hospital móvil que las sociedades de la Cruz Roja
de Finlandia y Noruega trajeron a Bam dentro de las 72 horas
del terremoto ahora se utiliza como centro médico de
emergencia de la ciudad. Se prevé que el próximo
año, cuando se inaugure un nuevo hospital para la ciudad,
el hospital provisional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja
será desmantelado y trasladado a Teherán, desde
donde se podrá llevar a cualquier parte de la región.
Pero, incluso si continúan las tareas habituales de preparación
para intervenir en casos de desastre, la experiencia de Bam
demuestra cómo puede integrarse el apoyo psicológico
en la intervención inmediatamente posterior al desastre.
En las primeras semanas siguientes al seísmo, voluntarios
y miembros del personal de la Media Luna Roja de Irán
de Bam entrevistaron a casi 4.000 familias, que en ese momento
estaba alojadas en tiendas de campaña. Hablaron con 20.000
personas y ahora, un año después, más de
5.600 personas se han beneficiado de estos programas de apoyo
psicológico que cuentan con el respaldo de las sociedades
de la Cruz Roja de Islandia, Dinamarca e Italia, y cuya principal
financiación proviene de la ECHO, Oficina de Ayuda Humanitaria
de la Comunidad Europea.
“Las actividades grupales tiene como finalidad hacer posible
que las personas verbalicen sus experiencias y que no opten
por guardarlas en un rincón aislado de su mente”,
dice la Sra. Aghdas Coffee, que se ocupa de la ejecución
de los programas de apoyo psicológico de la Sociedad
de la Media Luna Roja de Irán. Aún hoy se están
recibiendo nuevos casos. Durante el mes de septiembre de 2004,
un centro de orientación de la Media Luna Roja en Bam
recibió 129 nuevos pacientes con diagnóstico de
síndrome de estrés postraumático.
Una de las beneficiarias de dichos programas es Maryam Tavakoli,
ama de casa, que en la actualidad vive en una de las viviendas
provisionales habilitadas en contenedores, proporcionadas por
las autoridades a las afueras de Bam. Sentada con su hija pequeña
en el piso de un contenedor de la Sociedad de la Media Luna
Roja de Irán junto a otras siete mujeres que están
bordando, evoca el desastre que se cobró la vida de su
madre. “Venir aquí me sirve para no pensar en el
terremoto permanentemente. Ocupo mi tiempo”, dice. “Sin
embargo, en ocasiones, los malos recuerdos vuelven”, agrega
su vecina, Nezhat Langari Zadeh. “Pero mientras la vida
continúe, debemos seguir viviendo.”
Los jueves por la tarde, esta afirmación parece estar
muy lejos del cementerio principal de Bam, donde miles de personas
se reúnen a llorar a sus seres queridos. Cuando en la
ciudad devastada anochece, hombres, mujeres y niños se
sientan junto a las tumbas; algunos lloran, otros, miran en
silencio las fotos de las lápidas.
“Hijo mío, ¿por qué me has abandonado?”,
clama una mujer superada por la emoción. Una anciana
sirve dátiles, el principal producto agrícola
de Bam. Un líder religioso lee el Corán a un grupo
grande reunido en torno a una de las tumbas.
En el orfanato Ali Ibn Abi Taleb de la aldea de Moemen Abad,
muy próxima a Bam, una docena de niños de entre
ocho y once años juegan a que conducen coches. Cuando
una mujer de la Media Luna Roja señala un punto verde,
comienzan a correr y simulan girar el volante imaginario mientras
reproducen el ruido del motor de un vehículo. Cuando
la mujer señala un punto rojo, se detienen con un chirrido.
Algunos de estos muchachos perdieron a sus padres en el terremoto,
otros, son hijos de toxicómanos y no tienen a nadie que
se ocupe de ellos. Bam se encuentra en la ruta del contrabando
de estupefacientes que viene desde Afganistán y Pakistán.
En Bam, la toxicomanía aumentó drásticamente
el último año, otra consecuencia del desastre,
afirman los socorristas.
Michele Sanchez, de la Cruz Roja Italiana, participa en el programa
de apoyo psicológico de la Media Luna Roja. “Es
evidente que la reconstrucción es una necesidad básica,
esto no significa, sin embargo, que no haya otras necesidades,
cuyas consecuencias pueden constatarse más adelante.
Lo que hacemos aquí con los niños, una terapia
lúdica, es una parte importante de este trabajo. Un niño
puede cargar toda su vida con las consecuencias de una mala
experiencia.”
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Durante
una clase de pintura con los dedos organizada por la Media
Luna Roja, Fariba Shahmorady recuerda cuando estuvo enterrada
bajo los escombros de su casa durante dos horas. Todas
sus compañeras de clase perdieron a familiares
cercanos en el devastador terremoto del 26 de diciembre
de 2003. (p12326)
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Así
son los varones: jugando a la pelota en las ruinas de
Bam, un año después de que el terremoto
segara la vida de 26.000 personas y dejara sin hogar a
más de 75.000 habitantes. (212330)
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Maryam
Tavakoli estrecha entre sus brazos a su hijita durante
la sesión de terapia, clase de bordados, de la
Media Luna Roja. (p12324)
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Los
jueves por la tarde, miles de personas se reúnen
en el cementerio principal de Bam a llorar a sus seres
queridos. “Hijo mío, ¿por qué
me has abandonado?”, clama una mujer sentada junto
a una tumba. (p12328)
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Niños
que participan en una terapia lúdica en un orfanato
de las afueras de Bam. “Un niño puede cargar
toda su vida con las consecuencias de una mala experiencia”,
afirma el delegado de la Cruz Roja Italiana, Michele Sanchez.
(p12329)

Una familia de Bam deambula por la antigua ciudadela,
patrimonio de la humanidad cuyos orígenes se remontan
tal vez a hace 2.000 años. La ciudadela quedó
completamente destruida tras el seísmo de 12 segundos.
(p12331)
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