Entran
a la oficina de la Cruz Roja Indonesia de Banda Aceh con mirada
preocupada y se dirigen hacia la larga lista de personas que
reaparecieron después del tsunami.
Insun, su madre, Jamila y su hermana, Inong buscan a los cuatro
hijos pequeños de otra hermana, Modu Leni. “Toda
la familia se encontraba en su casa cuando vieron aproximarse
el tsunami”, dice Insun. “No hubo tiempo de correr,
ni siquiera entendían lo que estaba ocurriendo.”
Modu Leni y su esposo, que fue gravemente herido, ahora están
en Medan.
Jamila e Inong buscan cuidadosamente en la lista compilada por
voluntarios de la Cruz Roja Indonesia (Palang Merah Indonesia)
y el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Por un momento, el rostro de Jamila se ilumina: ha dado con
un nombre parecido al de uno de sus familiares, sin embargo,
su expresión vuelve a ser de desesperanza tras verificarlo
con un funcionario de la Cruz Roja Indonesia. El nombre era
el mismo, no así la dirección.
Y siguen verificando los nombres que figuran en la lista, una
y otra vez.
“Aún no puedo creer que haya ocurrido esto”,
sostiene Insun. “Ya no vivo en Banda Aceh, pero vine el
año pasado a visitar a mi madre y a la familia. Esto
era un paraíso. Cuando veo el estado de destrucción
en que ha quedado todo, es como si viviera un mal sueño.
¡Me entristece tanto...! Me gustaría poder compartir
esta experiencia terrible con los amigos que tenía aquí,
pero tampoco los encuentro.”
La búsqueda ha finalizado. Jamila se retira llorando
en silencio. Ninguno de los nietos, de entre dos y 12 años
figuraba en la lista.
La incertidumbre es lo que suele ser más difícil
de asumir. Varias semanas después del tsunami, la población
de Sumatra occidental todavía mantiene la esperanza.
Lhok Nga, la localidad más cercana a Banda Aceh, fue
la que recibió toda la fuerza del maremoto del 26 de
diciembre. Fachrul Razi, de 10 años de edad, y su hermano
de 15, Sabri, todavía esperan que su hermanita desaparecida
de 12 años, Siti Marhamah, aparezca con vida.
Los dos muchachos y sus padres se encuentran ahora en un campamento
para personas desplazadas. Cuando el tsunami se abatió
sobre su casa, corrieron a la mezquita y se subieron al techo
para no ser alcanzados por el agua. “Mi hermana venía
corriendo junto con nosotros, pero al llegar a la mezquita ya
no estaba”, dice Sabri.
Ahora, toda la familia, a excepción de la hermana desaparecida,
está alojada en el campamento, en el que la Cruz Roja
distribuye suministros de socorro todos los días. Sabri
afirma que, por el momento, su situación no es tan mala,
pero que le gustaría que la familia se trasladara a la
misma zona en la que estaban antes y que construyeran una casa
nueva.
Cuando pregunté a Fachrul Razi cuál era su mayor
deseo no lo dudó ni un segundo: “Me gustaría
volver al colegio tan pronto como fuera posible. Y, por favor,
dennos una pelota para poder jugar al voleibol. Sería
genial poder volver a jugar.”
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Jamila,
cuyos nietos siguen desaparecidos, controla la lista de
las personas que se encontraron con vida después
del tsunami, en la oficina de la Cruz Roja Indonesia de
Banda Aceh. (p-IDN0201)
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Un
voluntario de la Cruz Roja Indonesia ayuda a Jamila a
buscar los nombres de sus nietos desaparecidos. (p-IDN0203)
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