¿Cuándo
empezó su viaje? Cuando me subí al avión
que me llevaría de Estocolmo a Yakarta y me esperaban
21 horas de vuelo.
En realidad, el viaje había empezado el 26 de diciembre
cuando recibí la primera llamada de emergencia en la
que me decían que en Tailandia habían desaparecido
miles de suecos y empezaba a vislumbrarse la magnitud de la
catástrofe.
La pasmosa cantidad de muertos no cesaba de aumentar y la operación
de socorro funcionaba a toda máquina, secundada por una
explosión de solidaridad sin precedentes.
En un par de semanas, la Cruz Roja Sueca recaudó 85 millones
de francos suizos, el equivalente de dos años de su presupuesto.
No se trataba únicamente de una cuestión de dinero
también había que saber administrar esa enorme
confianza.
Antes de venir a Banda Aceh, participé en una reunión
de dos días en Yakarta que congregó a más
de 70 representantes del Movimiento Internacional de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja con el objetivo de establecer un
plan de acción para la recuperación y la reconstrucción
de las zonas siniestradas por el tsunami, plan que ultimó
la Cruz Roja Indonesia (PMI) para luego someterlo a consideración
del gobierno.
Sé que para algunos, estas grandes reuniones son meramente
burocráticas, pero para mí es todo lo contrario.
En Aceh había más de 250 organizaciones trabajando
por lo que la coordinación era crucial. Una intervención
es apropiada cuando se socorre a quien hay que socorrer.
Mientras sobrevolamos la zona asolada de la provincia de Aceh,
vi una devastación que escapa al entendimiento; no quedaba
una sola casa en pie, como si alguien en un arrebato de furia
se hubiera servido de una escoba gigante para barrer todo.
Es una imagen que muchos reconocerán por las fotos que
los medios de comunicación mostraron una y otra vez.
Pero cuando me tocó caminar por ese mar de escombros
de lo que había sido un pueblo o una ciudad, fue cuando
me percaté cabalmente del horror del desastre.
Mientras recorría lo que antes debe haber sido una calle,
me puse a buscar algo que no estuviera roto, pero no encontré
nada. Devastación total.
Ahora bien, es importante que no nos focalicemos únicamente
en la muerte y la destrucción, también hay que
pensar en reconstruir vidas. No debemos abandonar a los supervivientes.
Por ejemplo, Ratnawati consiguió una habitación
en uno de los numerosos refugios temporales para personas desplazadas.
Antes del desastre, vivía con su marido y sus dos hijos
en un pueblecito costero que queda bastante lejos de aquí.
Cuando las olas gigantescas arrasaron la costa, logró
escapar con sus hijos, pero su marido se ahogó. Aterrados
y desesperados, Ratnawati y sus hijos caminaron ocho horas para
llegar a Banda Aceh y ponerse a salvo. Me dijo que nunca olvidaría
esa caminata.
Ahora, la pequeña familia comienza lentamente a reconstruir
su vida. Uno de los hijos vuelve a la escuela por primera vez
después de varias semanas, Ratnawati hace planes de futuro,
un futuro que no vivirá en su pueblecito sino en Banda
Aceh, porque no quiere volver a allí.
Le deseo buena suerte y sigo camino al Estadio Nacional en las
afueras de Banda Aceh. Al frente de esa arquitectura escarpada,
se ve de lejos un alto mástil con el emblema del Comité
Internacional de la Cruz Roja (CICR). Supongo que hace unos
meses, pocos hubieran imaginado que aquí habría
un hospital de campaña.
Louis Riddez, cirujano sueco que trabaja para el CICR se acerca
a saludarme. La última vez que nos vimos fue hace un
mes, en un importante acto de recaudación de fondos para
las víctimas del tsunami que regresaron a Suecia. “Tal
vez, volvamos a vernos en Banda Aceh”, nos dijimos ese
día.
Me muestra el camino en medio de la enorme cantidad de las tiendas
de campaña blancas que forman este hospital que presta
servicios de cirugía, ginecología, maternidad
y pediatría.
“Debo reconocer que cuando llegué hace tres semanas,
no estaba muy seguro de ser de alguna utilidad para los damnificados”,
recuerda y añade: “pero sí, verdaderamente,
lo soy. Hacemos unas 10 operaciones por día que, dicho
sea de paso, es más de lo que suelo hacer en Suecia.
Hasta operaciones de cáncer nos ha tocado hacer.”
Nos detenemos frente a una cama donde hay un niño pequeño
con su padre. Ayer, al niño le extirparon un tumor de
la frente y se está reponiendo bien, me dice Louis.
Luego, me explica en qué consiste la gran diferencia
de ejercer la medicina en un hospital de campaña de Banda
Aceh: “Cuando llega el momento de decirle al paciente
que puede irse a su casa, aquí hay muchos que no tienen
ni siquiera donde ir. Por eso, dentro del estadio hemos instalado
un campamento que puede acoger hasta 400 pacientes dados de
alta.”
En un descampado cercano al puente Pante Pirak que atraviesa
el río de Banda Aceh, se ven otras tiendas de campaña
blancas frente a dos grandes tanques de acero. Este es uno de
los tres lugares donde la Unidad de Intervención de Urgencia
(UIU), especializada en agua y saneamiento, produce miles de
litros de agua por día.
“¡La mejor agua de la ciudad!”, exclama con
un tono no exento de orgullo Jeanette Nordin-Groth, delegada
de agua y saneamiento, y me extiende una lata para que la pruebe.
“Ahora es incluso de mejor calidad que la que distribuíamos
antes.”
Codo con codo, voluntarios y delegados de las Sociedades Nacionales
de la Cruz Roja de Indonesia, Austria, Macedonia y Suecia, así
como de la Media Luna Roja Malaya, hacen distribuciones a lo
largo del día.
“El trabajo de equipo ha sido excelente. Parece mentira,
lo poco que tardamos en ser un verdadero equipo”, afirma
Jeanette Nordin-Groth.
Reconforta encontrar aquí a todos estos delegados que
cumplen su labor con tanto empeño. Más aún,
su satisfacción también es un indicador de la
calidad de los esfuerzos de socorro y reconstrucción
desplegados por el Movimiento Internacional de la Cruz Roja
y la Media Luna Roja.
Una parte de lo que escapaba al entendimiento, es ahora más
fácil de captar frente al denuedo de voluntarios y delegados.
Ese es el verdadero poder de humanidad.
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Christer
Zettergren, Secretario General de la Cruz Roja Sueca,
en Banda Aceh con Ratnawati y sus hijos que escaparon
del tsunami. (p12690)
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Jeanette
Nordin-Groth, delegada sueca de agua y saneamiento, está
encantada con el espíritu de equipo que animó
a los diversos miembros de la familia de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja en Aceh. (p12692)
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Leif
Zarnowiecki, anestesista de la Cruz Roja Sueca, con el
pequeño Arryoan, superviviente del tsunami. (p12691)
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