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Niños de Aceh reanudan su amistad con el mar
10 de junio de 2005
Teresita P. Usapdin, Aceh, Fotos de Amalia Soemantri y Mohammad Kholifan
Niños con impecables camisetas blancas, guantes de goma blancos y bolsas de plástico de un vivo color rosa en la mano se precipitan a la zona que les fuera asignada en la playa Ujong Bate de Aceh Besar.

Este sábado, su tarea consiste en recoger la basura desperdigada por la arena gris de la orilla del mar: ramas, algas, botellas, latas, zapatillas y andrajos.

Casi seis meses después que el tsunami devastador arrasara su tierra, los niños acabaron por encontrar el valor de volver al lugar del desastre que se cobró la vida de sus seres queridos y destrozó su tierna existencia.

“El tsunami se llevó a mi mamá y mi papá. Odio el mar”, dice Salbiana de 13 años mientras trata de anudar una bolsa repleta de basura.

“Pero tal vez no fuera culpa del mar. Tenía que suceder y ya, como me dicen mis padres en sueños y yo les creo”, añade.

El 26 de diciembre de 2004, cuando sobrevino el desastre en Indonesia, Salbiana, que cursa sexto grado de primaria, estaba con su hermano en la escuela y cuenta que su papá solía llevarlos a la playa los fines de semana.

“A mi papá siempre le fascinó el mar. Siempre miraba las olas y me decía: ‘Veo magia en el mar. Puede ser el mejor amigo del hombre cuando está en calma y su peor enemigo cuando se enfurece. No sabemos qué causa su furia ni cuando, pero siempre debemos tratarlo bien’”, recuerda la adolescente.

Mientras le señala la bolsa rosada al hombre que está cerca de un camión de basura, reconoce que todavía no superó la muerte de sus padres, pero que ha aprendido a perdonar al mar. “Ahora, mis padres pertenecen al mar. Tengo que hacerme amiga suya y seguir cuidándole para que cuide de ellos.”

Salbiana forma parte de la primera tanta de 110 niños de la Provincia de Aceh damnificados por el desastre que la Cruz Roja Indonesia (Pelang Marah Indonesia, PMI) y la Media Luna Roja Turca trajeron a la playa Ujong Bate en el marco de su programa de apoyo psicológico para que reanuden la amistad con el entorno marino.

Marwan, un psicólogo de allí, indica que muchos niños huérfanos están traumatizados y se niegan a volver a orillas del mar. “Les tratamos en grupos menos numerosos para seguir de cerca su comportamiento.”

Mohammad, de ocho años, que perdió a sus padres, dos hermanas y un hermano en el tsunami, apenas veía el mar se ponía a llorar y gritaba llamando a sus padres, recuerda Marwan.

“Aparentemente, ahora lo soporta”, comenta Marwan mientras señala a este niño que junto a su bolsa de plástico medio llena hace sonar lo que queda de una campanilla que acaba de encontrar en la arena.

“Eh, Mohammad, ¿qué encontraste?”, le grita Marwan.

“Una campanilla de juguete para mi mami y mi papi, mis hermanas y mi hermanito. Se las daré, así oiré donde están”, contesta el niño también a gritos y tira la campanilla al mar.

“Los niños siempre me sorprenden. Son muy vivaces y sensibles”, dice divertido Marwan y añade: “Por eso tenemos que guiarles. No siempre estamos seguros de cómo se toman verdaderamente las cosas ni qué emociones le causan en su fuero interno.”

Yusri, de nueve años, que también perdió a sus padres en el tsunami, vadea en el agua con la bolsa rosada sobre la cabeza. “¿Amabas el mar, verdad?”, le pregunta Marwan mientras se acerca a él.

“Extraño a mi mamá y mi papá. Veníamos aquí muy seguido”, contesta Yusri y se saca la bolsa de la cabeza para poner dentro un pedazo de madera que flota en el mar. “Sé que están aquí y pueden verme. Deben estar jugando con los peces. Me gustaría poder unirme a ellos”, dice el niño pausadamente con la mirada fija en el agua.

Marwan pone sus brazos en torno a los hombros de Yusri y explica: “Tenemos que acabar con esos sentimientos insanos que albergan los niños cuando tiene el incidente todavía muy presente.

Debemos ayudarles a hacer frente a su dolor y su ‘enemigo” poco a poco, pero con constancia, para que puedan vencerlos rápidamente.”

Consciente de la urgencia de ayudar a las familias damnificadas por el tsunami, y sobre todo a los niños, la PMI impartió cursos de apoyo psicológico y otros temas afines a 100 voluntarios de la Provincia de Aceh.

El Dr. Tri Wahyudi, voluntario de la PMI, confirma que la necesidad de atender a los damnificados y, principalmente a los niños, es enorme. “Los niños son afectuosos y les gusta divertirse. Queremos que siga siendo así, incluso en situaciones tan duras”.
El tsunami dejó huérfana a Salbiana de 13 años que afirma: “Ahora, mis padres pertenecen al mar. Tengo que hacerme amiga suya y seguir cuidándole para que cuide de ellos.” (p12924)
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