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Buenos vecinos
24 de junio de 2005
Amalia Soemantri y Virgil Grandfield
Después de que el 26 de diciembre de 2004 un tremendo tsunami se cobrara la vida de miles de indonesios, la Cruz Roja de Timor Leste decidió ayudar a los viejos amigos y nuevos vecinos, los indonesios. En abril del corriente año, la Cruz Roja en cuestión envió un equipo de especialistas en agua y saneamiento, hecho que representó la primera misión en el extranjero para esta Cruz Roja del país más joven del mundo.

Cuando João Pinto Suarez, técnico de dicha unidad especializada en agua y saneamiento de la Cruz Roja de Timor Leste, tenía ocho años y en plena hambruna, la Cruz Roja Indonesia trajo alimentos a la aldea de Timor Oriental en la que él vivía.

“Me conmovió la labor de la Cruz Roja Indonesia”, dice Suarez. “Me prometí a mí mismo que un día me uniría a la Cruz Roja. “Quería ayudar a la gente, de la misma forma que la Cruz Roja Indonesia había ayudado a mi familia.”

Suarez se incorporó a la Cruz Roja Indonesia hace 10 años, y recibió capacitación como especialista en agua y saneamiento, y formación en higiene de la comunidad en la filial de Timor Oriental. Su experiencia lo acompañó hasta la creación de la Cruz Roja de Timor Leste, bajo la égida del Comité Internacional de a Cruz Roja, hecho que tuvo lugar en 2000, dos años antes de que la antigua colonia portuguesa se incorporara como miembro oficial de las Naciones Unidas.

Después del terremoto y el tsunami del 26 de diciembre, y de que en marzo una intensa réplica devastara algunas zonas de Indonesia, Suarez se unió a la primera misión que la Cruz Roja de Timor Leste realizaba fuera de las fronteras de su país. Tuvo ocasión de poner en práctica lo que había aprendido en la Cruz Roja Indonesia, con objeto de ayudar a sus viejos amigos y nuevos vecinos, del mismo modo que la Cruz Roja Indonesia había ayudado una vez a su comunidad.

A principios de abril, Suarez, junto a colegas de la Cruz Roja de Timor Leste y de la Cruz Roja Australiana, viajó con miembros de la Cruz Roja Indonesia a la isla Indonesia de Simeulue, a fin de realizar una evaluación de tres semanas con miras a futuros proyectos de agua y saneamiento y para comenzar a transmitir conocimientos técnicos en esa materia a voluntarios de la Cruz Roja Indonesia y a la población local; se trataba de un proyecto financiado por la Cruz Roja Australiana.

“Cuando llegamos a la isla de Simeulue”, dice Suarez, “Me sentí tremendamente triste porque todo era un caos.”

El equipo constató que la oficina de la oficina regional de la Cruz Roja Indonesia en Simeulue estaba muy dañada por los terremotos, con inclusión de la grave réplica del 28 de marzo, cuyo epicentro tuvo lugar al sudeste de dicha isla. “Nos instalamos en una tienda fuera del edificio porque era más seguro, el edificio había quedado muy dañado, y seguía habiendo temblores con frecuencia.”

El equipo viajó a Simeulue en un vuelo de la Federación Internacional, pero una vez sobre el terreno, el mal estado en que habían quedado las carreteras y los puentes tras el terremoto y el tsunami sólo les permitió llegar a determinadas aldeas, rodeando la isla en bote.

El capitán de la embarcación había perdido su casa durante la marejada gigante, que se abatió sobre la isla de Simeulue con la misma violencia que en las demás zonas de Indonesia, pero que sólo costó la vida a menos de 10 personas. La baja cifra de víctimas mortales se atribuye a que los pobladores reconocieron los indicios que se narraban en un cuento infantil sobre un tsunami ocurrido hacía muchos años, y reaccionaron de inmediato, no obstante lo cual, la isla sufrió daños de gran alcance.

El equipo conjunto de la Cruz Roja vivió en la embarcación durante 13 días, mientras se realizaban evaluaciones físicas en tierra y se celebraban reuniones con la población a fin de discutir los problemas en materia de agua y saneamiento y las necesidades más apremiantes.

El equipo realizó evaluaciones en 20 aldeas. Suarez confirmó que la calidad del agua en las 20 aldeas era muy mala. “En Simeulue, el agua era muy sucia y no apta para el consumo humano; tras los terremotos, las fuentes de agua quedaron contaminadas.”

El equipo localizó seis sistemas adecuados de suministro de agua para fijar sistemas sencillos de agua corriente alimentados por gravedad. (En este tipo de sistemas, el agua proviene de vertientes por tuberías, sin utilizar bombas de extracción ni realizar tratamiento alguno. Incluso en el marco de proyectos en los que el agua es sometida a tratamiento, se alienta a los usuarios a seguir hirviendo el agua que beben.)

El equipo también localizó tres sistemas existentes que podrán rehabilitarse, que fueron gravemente dañados por el terremoto y quedaron abandonados.

Suarez afirma que quería formar parte del proyecto para compartir con los indonesios lo que Timor Oriental había aprendido.

“Queríamos enseñar (a los voluntarios y los aldeanos) cómo instalar sistemas sencillos de suministro de agua, como lo hacemos en nuestro país, en donde la comunidad participa desde el principio hasta el final. Al ayudar a construir las obras, los residentes aprenden cómo funciona el sistema, de modo tal que sabrán repararlo cuando no funcione.”

Suarez está contento de haber podido ayudar a que la misión de la Cruz Roja de Timor Leste en el exterior culminara satisfactoriamente en poco tiempo. “Personalmente, estoy contento de haber ayudado…”, dice Suarez, “porque Indonesia es el vecino más cercano de Timor Oriental.”

Una tremenda réplica del terremoto inicial devastó las ya asoladas islas de Nias y Simeulue en marzo de 2005.
Una tremenda réplica del terremoto inicial devastó las ya asoladas islas de Nias y Simeulue en marzo de 2005. La Cruz Roja de Timor Leste puso en marcha la primera misión internacional de su historia, encaminada a dar una mano a quien lo necesitaba. Foto: Federación Internacional (p12954)
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