Después
de que el 26 de diciembre de 2004 un tremendo tsunami se cobrara
la vida de miles de indonesios, la Cruz Roja de Timor Leste
decidió ayudar a los viejos amigos y nuevos vecinos,
los indonesios. En abril del corriente año, la Cruz Roja
en cuestión envió un equipo de especialistas en
agua y saneamiento, hecho que representó la primera misión
en el extranjero para esta Cruz Roja del país más
joven del mundo.
Cuando João Pinto Suarez, técnico de dicha unidad
especializada en agua y saneamiento de la Cruz Roja de Timor
Leste, tenía ocho años y en plena hambruna, la
Cruz Roja Indonesia trajo alimentos a la aldea de Timor Oriental
en la que él vivía.
“Me conmovió la labor de la Cruz Roja Indonesia”,
dice Suarez. “Me prometí a mí mismo que
un día me uniría a la Cruz Roja. “Quería
ayudar a la gente, de la misma forma que la Cruz Roja Indonesia
había ayudado a mi familia.”
Suarez se incorporó a la Cruz Roja Indonesia hace 10
años, y recibió capacitación como especialista
en agua y saneamiento, y formación en higiene de la comunidad
en la filial de Timor Oriental. Su experiencia lo acompañó
hasta la creación de la Cruz Roja de Timor Leste, bajo
la égida del Comité Internacional de a Cruz Roja,
hecho que tuvo lugar en 2000, dos años antes de que la
antigua colonia portuguesa se incorporara como miembro oficial
de las Naciones Unidas.
Después del terremoto y el tsunami del 26 de diciembre,
y de que en marzo una intensa réplica devastara algunas
zonas de Indonesia, Suarez se unió a la primera misión
que la Cruz Roja de Timor Leste realizaba fuera de las fronteras
de su país. Tuvo ocasión de poner en práctica
lo que había aprendido en la Cruz Roja Indonesia, con
objeto de ayudar a sus viejos amigos y nuevos vecinos, del mismo
modo que la Cruz Roja Indonesia había ayudado una vez
a su comunidad.
A principios de abril, Suarez, junto a colegas de la Cruz Roja
de Timor Leste y de la Cruz Roja Australiana, viajó con
miembros de la Cruz Roja Indonesia a la isla Indonesia de Simeulue,
a fin de realizar una evaluación de tres semanas con
miras a futuros proyectos de agua y saneamiento y para comenzar
a transmitir conocimientos técnicos en esa materia a
voluntarios de la Cruz Roja Indonesia y a la población
local; se trataba de un proyecto financiado por la Cruz Roja
Australiana.
“Cuando llegamos a la isla de Simeulue”, dice Suarez,
“Me sentí tremendamente triste porque todo era
un caos.”
El equipo constató que la oficina de la oficina regional
de la Cruz Roja Indonesia en Simeulue estaba muy dañada
por los terremotos, con inclusión de la grave réplica
del 28 de marzo, cuyo epicentro tuvo lugar al sudeste de dicha
isla. “Nos instalamos en una tienda fuera del edificio
porque era más seguro, el edificio había quedado
muy dañado, y seguía habiendo temblores con frecuencia.”
El equipo viajó a Simeulue en un vuelo de la Federación
Internacional, pero una vez sobre el terreno, el mal estado
en que habían quedado las carreteras y los puentes tras
el terremoto y el tsunami sólo les permitió llegar
a determinadas aldeas, rodeando la isla en bote.
El capitán de la embarcación había perdido
su casa durante la marejada gigante, que se abatió sobre
la isla de Simeulue con la misma violencia que en las demás
zonas de Indonesia, pero que sólo costó la vida
a menos de 10 personas. La baja cifra de víctimas mortales
se atribuye a que los pobladores reconocieron los indicios que
se narraban en un cuento infantil sobre un tsunami ocurrido
hacía muchos años, y reaccionaron de inmediato,
no obstante lo cual, la isla sufrió daños de gran
alcance.
El equipo conjunto de la Cruz Roja vivió en la embarcación
durante 13 días, mientras se realizaban evaluaciones
físicas en tierra y se celebraban reuniones con la población
a fin de discutir los problemas en materia de agua y saneamiento
y las necesidades más apremiantes.
El equipo realizó evaluaciones en 20 aldeas. Suarez confirmó
que la calidad del agua en las 20 aldeas era muy mala. “En
Simeulue, el agua era muy sucia y no apta para el consumo humano;
tras los terremotos, las fuentes de agua quedaron contaminadas.”
El equipo localizó seis sistemas adecuados de suministro
de agua para fijar sistemas sencillos de agua corriente alimentados
por gravedad. (En este tipo de sistemas, el agua proviene de
vertientes por tuberías, sin utilizar bombas de extracción
ni realizar tratamiento alguno. Incluso en el marco de proyectos
en los que el agua es sometida a tratamiento, se alienta a los
usuarios a seguir hirviendo el agua que beben.)
El equipo también localizó tres sistemas existentes
que podrán rehabilitarse, que fueron gravemente dañados
por el terremoto y quedaron abandonados.
Suarez afirma que quería formar parte del proyecto para
compartir con los indonesios lo que Timor Oriental había
aprendido.
“Queríamos enseñar (a los voluntarios y
los aldeanos) cómo instalar sistemas sencillos de suministro
de agua, como lo hacemos en nuestro país, en donde la
comunidad participa desde el principio hasta el final. Al ayudar
a construir las obras, los residentes aprenden cómo funciona
el sistema, de modo tal que sabrán repararlo cuando no
funcione.”
Suarez está contento de haber podido ayudar a que la
misión de la Cruz Roja de Timor Leste en el exterior
culminara satisfactoriamente en poco tiempo. “Personalmente,
estoy contento de haber ayudado…”, dice Suarez,
“porque Indonesia es el vecino más cercano de Timor
Oriental.”
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Una
tremenda réplica del terremoto inicial devastó
las ya asoladas islas de Nias y Simeulue en marzo de 2005.
La Cruz Roja de Timor Leste puso en marcha la primera
misión internacional de su historia, encaminada
a dar una mano a quien lo necesitaba. Foto: Federación
Internacional (p12954)
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Suministrar
agua limpia y apta para el consumo humano a la población
de la isla de Simeulue es el objetivo último del
proyecto conjunto de la Cruz Roja de Timor Leste y la
Cruz Roja Australiana. Foto: Federación Internacional
(p12955)
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