Es
una escena que remonta a tiempos inmemoriales. Cuando despunta
el sol en los matorrales sinfín del Sahel, se empiezan
a perfilar al horizonte camellos ondulantes.
La hilera se convierte en corriente compacta de delgados tuareg
vestidos de azul, sable a la cintura; hausa a horcajadas de
sus mulas; peul de ojos acerados, que conducen sus rebaños
de cabras y cebúes bajo elaborados sombreros cónicos
y mujeres ataviadas de un blanco brillante con cántaros
que se balancean en su cabeza.
Sin embargo, este día de mercado en Tanout – pequeña
ciudad de la provincia de Zinder, Níger central –
podría ser diferente, pues servirá de prueba al
nuevo proyecto de la Cruz Roja destinado a restituir alguna
resiliencia a las tan castigadas economías familiares.
Tanout, con su piña de casas de barro rojo, a dos días
de arduo camino de Niamey, la capital, se encuentra en una de
las regiones más pobres de uno de los países más
pobres del mundo. Tanout es también tierra de encuentro
entre los agricultores del pueblo y los pastores nómades.
Ambos grupos tienen algo en común: su total dependencia
del rendimiento de la cosecha y el forraje anuales.
El año pasado fue un mal año. Langostas y sequía
prácticamente acabaron con los cultivos. Aunque no hubo
hambruna propiamente dicha, los rostros angulosos que se ven
en el mercado nos hablan de hambre y privaciones.
“Compartimos lo que quedó, incluso si no es suficiente,
para no contraer deudas, explica Mamadou Tarno, jefe del pueblo
de Anekas, y quienes están en torno a él asienten
con la cabeza.
Aquí, la gente está acostumbrada a arreglárselas
con muy poco. En la mayoría de los pueblos no hay siquiera
servicios de atención básica de salud, educación
y saneamiento, ni mucho menos acceso al agua. Está claro
que este año les dejó al borde de la indigencia.
En las zonas más afectadas, las reservas de alimentos
de las familias se agotaron en julio. El precio de los cereales
se disparó y se drenaron las reservas en efectivo. Para
hacer frente a la situación, las comunidades salieron
a buscar afanosamente plantas silvestres que serían su
principal fuente de alimentación. Vendieron artículos
básicos del hogar y su precioso ganado, simplemente,
para sobrevivir.
La Cruz Roja, en una de sus mayores operaciones, distribuyó
ayuda alimentaria a 500.000 personas Burkina Faso, Malí,
Mauritania y Níger antes de la cosecha. En este último
país, se ha mitigado el hambre aguda, pero todavía
hay bolsas de inseguridad alimentaria y la Cruz Roja sigue distribuyendo
alimentos suplementarios a niños desnutridos.
Paralelamente, la Cruz Roja se plantea cómo hará
la gente para sobrevivir en el futuro.
En Tanout, donde persiste el riesgo del hambre, 30 voluntarios
jóvenes de la sección local de la Cruz Roja Nigerina,
junto con la Federación Internacional de Sociedades de
la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y con el apoyo de las Sociedades
Nacionales de la Cruz Roja de Gran Bretaña, Suecia y
Suiza, distribuyeron dinero en efectivo. Los voluntarios viajaron
al interior del país, mediante sistemas de posicionamiento
global (GPS) localizaron a las familias y las inscribieron en
el registro, a pesar de los rigores del ayuno durante el santo
mes de Ramadán.
Los voluntarios de la Cruz Roja entregaron 120.000 francos CFA
(unos 240 dólares o 183 euros) a mujeres jefes de familia
de más de 5.700 hogares de 87 pueblos y tres asentamientos
nómades de los más afectados por la carestía.
El monto se calculó según la tasa de subsistencia
para alimentar una familia de siete personas durante 40 días.
En total, se beneficiarán 34.000 personas.
Con esta suma se entiende ayudar a las familias en peores condiciones
a solventar sus necesidades inmediatas y a sentar bases más
sólidas para el futuro de sus hogares. La Cruz Roja espera
que esta única inyección de dinero impedirá
que los beneficiaros se sigan sumiendo en el ciclo de necesidad:
vender la cosecha o el ganado a bajo precio para rembolsar deudas,
sólo para tener que volver a comprarlo en el curso del
año cuando la necesidad es mayor y los precios están
por las nubes.
Para que esta distribución de dinero en efectivo dé
resultado, funcionarios del Ministerio de Desarrollo Comunitario
de Níger organizan de antemano sesiones de información
para aconsejar a los beneficiarios que compren alimentos, ganado
y herramientas de labranza a fin de recuperar la capacidad de
valerse por sí mismos.
El mercado de este sábado, es el primero de Tanout después
de la distribución. La cosecha, moderadamente buena este
año, acaba de comenzar y hay un ambiente festivo.
En las últimas semanas el comercio fue moroso, aunque
había alimentos. Uno que otro puñado de monedas
que pasaba de una mano a otra, tal vez, un billete de 1.000
francos CFA arrugado y bien escondido entre las ropas raídas.
Hoy es distinto. Los flamantes billetes de francos CFA circulan
fácilmente y el comercio es intenso. La gente sonríe.
Amina Laouali, del pueblo de Batthe, está contenta.
“Estoy encantada y doy gracias a Dios. Esta será
una gran oportunidad para nosotros que en el pasado sufrimos
tanto.”
“Dividiré el dinero en tres partes. Un tercio para
mis hijos, otro para comprar mijo y el último para el
ganado.”
Los voluntarios informan que en algunos pueblos, la gente decidió
mancomunar parte del dinero para construir un pozo o comprar
ganado y carretones en común.
Para El Moctar Yacouba Sido, Coordinador de la Sección
de Tanout de la Cruz Roja Nigerina, son buenas noticias.
“Por supuesto tenemos muchos interrogantes sobre la repercusión
de este proyecto. Es una primicia y, al igual que un plato que
se prepara por primera vez, uno nunca sabe qué sabor
tendrá. Lo que sí sabemos es que ese plato es
bienvenido. La gente se alegra mucho cuando ve llegar a la Cruz
Roja.”
La Cruz Roja viene observando los efectos que surtió
esta inyección de dinero para asegurarse de que no cause
inflación, lo que dejaría fuera de alcance los
artículos de primera necesidad.
Las autoridades del mercado comunicaron que el volumen aumentó
40 por ciento respecto a la actividad antes de la distribución.
La mayoría de los precios es estable, pero los del mijo,
el sorgo y la judía de a vara aumentaron. Ahora bien,
la subida de los precios implica que los agricultores que venden
esos cereales ganan más dinero.
El gerente de un banco de Zinder informó que el volumen
de transacciones aumentó 30 por ciento porque la gente
deposita dinero o cancela deudas, lo que es buena señal.
Si el final del día de mercado sirve de referencia, los
signos son positivos. Los burros van sobrecargados de sacos
de granos, las cabras balan sobre los portaequipajes atestados
de los minibuses. Los carretones vuelven a las casas lentamente
por el peso que transportan. Aquí, la vida no ha cambiado
demasiado a lo largo de los siglos. Tal vez, el día de
hoy, simplemente, haya aportado alguna oportunidad más.
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Es
una escena que remonta a tiempos inmemoriales. Cuando
despunta el sol en los matorrales sinfín del Sahel,
se empiezan a perfilar al horizonte camellos ondulantes.(p13584)
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La
hilera se convierte en corriente compacta de delgados
tuareg vestidos de azul, sable a la cintura y hausa a
horcajadas de sus mula (p13583)
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El
mercado de este sábado, es el primero de Tanout
después de la distribución. La cosecha,
moderadamente buena este año, acaba de comenzar
y hay un ambiente festivo. (p13585)
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En
Tanout, donde persiste el riesgo del hambre, 30 voluntarios
jóvenes de la sección local de la Cruz Roja
Nigerina, junto con la Federación Internacional
de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja
y con el apoyo de las Sociedades Nacionales de la Cruz
Roja de Gran Bretaña, Suecia y Suiza, distribuyeron
dinero en efectivo. (p13588)
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Los
voluntarios de la Cruz Roja entregaron 120.000 francos
CFA (unos 240 dólares o 183 euros) a mujeres jefes
de familia de más de 5.700 hogares de 87 pueblos
y tres asentamientos nómades de los más
afectados por la carestía.(p13587)

Los voluntarios informan que en algunos pueblos, la gente
decidió mancomunar parte del dinero para construir
un pozo o comprar ganado y carretones en común.
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