La
pestilencia de los esqueletos de animales impregna el aire durante
el trayecto de los convoyes que se dirigen a los polvoriento
pueblos de Mandera y Wajir, Kenya nororiental. Por la falta
de lluvias entre octubre y noviembre, aquí la realidad
es muy dura, pues están en juego la vida y los medios
de subsistencia de miles de pastores nómades.
Desde 2004, más de 1.000.000 de personas de 18 distritos
viene necesitando ayuda alimentaria debido a la sequía.
Las precipitaciones siguen escaseando. Actualmente, se estima
que 2.500.000 personas necesitan urgentemente ayuda alimentaria
y otros tipos de ayuda.
El 22 de diciembre de 2005, un equipo de investigación
recorrió los distritos de Mandera y Wajir para evaluar
las necesidades causadas por la sequía. Dicho equipo
estaba integrado por Laban Kitele, presidente del comité
de desastres, y Farid Abdulkadir, director de preparación
e intervención en casos de desastre, de la Cruz Roja
Keniana (CRK), Farid Abdulkadir, Ministro de Programas Especiales
de Kenya (encargado de casos de desastre), miembros del parlamento
de los distritos afectados y representantes gubernamentales.
“Ha muerto 30 por ciento del ganado y la vida del resto
corre peligro”, indica Waweru Kimani, Comisionado del
Distrito de Mandera, y advierte: “Se prevé que
la sequía empeorará en las semanas venideras,
pues no se pronostican lluvias hasta abril de 2006.”
Boniface Musila, médico del hospital de Mandera, señala
que 10 personas, la mayoría niños, murieron de
complicaciones relacionadas con la desnutrición y añade:
“Sin una intervención de socorro inmediata, se
perderán más vidas.”
En Mandera, hay un solo centro de alimentación terapéutica
con capacidad para 40 niños. “En el centro, hay
16 niños que sufren de desnutrición grave, kwashiorkor
(causada por una ingesta inadecuada de proteínas), disentería
y diarrea debido a la sequía”, explica el Dr. Musila.
En un informe del gobierno se dice que el porcentaje de niños
desnutridos o expuestos a la desnutrición es más
alto que de costumbre. Algunos niños dependen de los
medicamentos para sobrevivir y sus familias que no disponen
de dinero tienen que costear el tratamiento.
El Dr. Musila solicita ayuda externa de urgencia. “Las
cosas no van mal, sino muy mal. Necesitamos intervenir de inmediato
en los centros de salud y proporcionar alimentos a los adultos.
También tenemos que asegurar un alto índice de
supervivencia de los animales.”
Añade que se necesitan fondos con suma urgencia para
ocuparse de los pozos y tanques de agua de todo el distrito
de Mandera. El médico teme que la situación haga
estallar conflictos entre comunidades en los puntos de agua
que están prácticamente agotados.
Entre octubre y diciembre suele llover un poco, pero esta vez
no fue así y 95 por ciento de pozos, presas de tierra
y abrevaderos del distrito de Madera están secos. El
resto de las fuentes de agua no basta para el consumo habitual
de seres humanos y animales. Antes había que recorrer
entre cuatro y seis kilómetros para procurarse el agua,
ahora, entre ocho y 12 kilómetros. El tiempo de espera
en la cola de los pozos de agua para uso doméstico también
aumentó pasando de una o dos a 18 horas.
Muchos hogares subsisten vendiendo sus animales a menos del
10 por ciento del precio habitual. El colapso de los mercados
ganaderos en los principales centros ha agravado aun más
la situación.
De ahí que la CRK haya asignado 4.000.000 de K Sh (465.000
euros o 550.000 dólares) a la compra de animales moribundos
– camellos, vacunos, ovejas y cabras – para mejorar
la ingesta de la población y proporcionar recursos para
el resto de los animales cuando mejoren las condiciones de agua
y pasturas. Abbas Gullet, Secretario General de CRK, dice que
hasta ahora, la Cruz Roja nunca había comprado animales
moribundos a los granjeros.
“Este sistema se adoptó por ser el mejor medio
de devolver los medios de subsistencia a los pastores que, entonces,
pueden utilizar esos recursos para el sustento de la familia
durante algún tiempo. Comprarles esos animales es la
mejora manera de preservar la dignidad de los pastores que reciben
ayuda y la solución más adecuada a largo plazo”,
explicó.
La Cruz Roja inició este programa en la región
de Mandera y, en breve, lo ampliará a Espolo, Garissa,
Kagiado y Wagir Marasabit.
Abiba Bora, de 55 años, es una de los numerosos campesinos
desasosegados por haber perdido animales a causa de la sequía.
El programa de compra de ganado de la Cruz Roja comenzó
demasiado tarde para sus cabras. De pie junto a los animales
muertos, reflexiona para encontrar alguna solución. Debe
alimentar a sus 21 nietos y no tiene a quien dirigirse para
que le ayude. “No sé que voy a hacer ahora. Temo
que las cabras que me quedan también mueran pronto”,
comenta. Siendo pastora, depende del ganado para sobrevivir.
Mueren hasta los camellos que, normalmente, pueden resistir
semanas sin tomar agua. Farid Adbulkadir, director de preparación
e intervención en casos de desastre, comenta: “Cuando
empiezan a perecer camellos, como hemos visto, es una clara
señal de la gravedad de la situación. Llamamos
a los kenianos a donar alimentos de socorro para apoyar a las
personas aquejadas. Esperamos que este período navideño
sea testimonio de la generosidad de personas de buena voluntad.”
La CRK seguirá trabajando para impedir que la sequía
se cobre más vidas.
Actualmente, es el organismo director de la operación
gubernamental en el distrito de Kwale donde ayuda a 87.060 personas
distribuyendo suministros de socorro. Además de proporcionar
más alimentos, la CRK acarreará agua para personas
y animales, y construirá o reparará sistemas de
abastecimiento.
Por su parte, la Federación Internacional transfirió
más de 425.000 francos suizos (273.000 euros o 325.000
dólares) de su Fondo de Reserva para costear ayuda inmediata
y evaluaciones detalladas. En colaboración con la CRK
prepara el llamamiento internacional que se hará en los
próximos días.
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En
Kenya nororiental, se estima que 2.500.000 personas necesitan
urgentemente ayuda alimentaria y otros tipos de ayuda
por la falta de lluvias entre octubre y noviembre. Ha
muerto 30 por ciento del ganado. (p13678)
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Antes
había que recorrer entre cuatro y seis kilómetros
para procurarse el agua, ahora, entre ocho y 12 kilómetros.(p13679)
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Abiba
Bora, de 55 años, es una de los numerosos campesinos
desasosegados por haber perdido animales a causa de la
sequía. (p13677)
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