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Aprendiendo las lecciones del tsunami
17 de enero de 2005

Aprendiendo las lecciones del tsunami

por Markku Niskala, Secretario General de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja

La efusiva solidaridad mundial y el apoyo generoso a las víctimas del tsunami, que tuvo lugar en Asia, plantea varias interrogantes a las organizaciones humanitarias que procuran asistir a estas comunidades asoladas, en especial, de cómo canalizar mejor la cantidad sin precedentes de dinero donado.

Organizaciones como la Cruz Roja y la Media Luna Roja tienen la enorme responsabilidad de canalizar el dinero, tanto con transparencia, como con eficacia. Ello significa no sólo atender las necesidades humanitarias de las comunidades afectadas, reconstruir sus viviendas y sus fuentes de sustento; sino también adoptar medidas para que si las fuerzas de la naturaleza vuelven a abatirse sobre ellas, esas ciudades y aldeas, así como las comunidades vulnerables de otros lugares del mundo puedan resistir.

Si nosotros, la comunidad internacional dedicada al socorro, no utilizamos una proporción significativa de los miles de millones de dólares donados para proporcionar a estas comunidades los medios para protegerse contra futuras catástrofes, no estaríamos haciéndoles un gran favor.

Esta semana inicia la segunda Conferencia Mundial sobre Reducción de Desastres (CMRD) en la ciudad japonesa de Kobe, donde conocen muy bien lo que es un desastre natural. Esta Conferencia brinda una gran posibilidad para que el mundo ponga en marcha procesos para garantizar que en el futuro exista una sólida preparación para limitar las consecuencias que dejan los desastres de gran magnitud.

Un mensaje crucial que la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja pronunciará en la reunión es referente a la importancia de impartir formación para responder a los desastres y sensibilizar sobre el tema a las comunidades en situación de riesgo. También subrayaremos la urgente necesidad de que los gobiernos trabajen más para facilitar las actividades internacionales de socorro, asegurándose de que su legislación es compatible con la legislación internacional, para hacer llegar sin problemas, la asistencia a quienes la necesitan.

La parte vital de la Cruz Roja y la Media Luna Roja es su red de voluntarios con base en la comunidad, miles de los cuales han sido activados en los países afectados por el tsunami, desde que ocurrió el desastre. Lo mismo sucedió en Irán, cuando, exactamente un año antes, un terremoto se abatió sobre la ciudad de Bam. Entonces fueron los voluntarios de la Media Luna Iraní los primeros en llegar al escenario, salvando vidas y ayudando a los más vulnerables. Tanto en grandes catástrofes como en las más pequeñas, nuestros voluntarios se cuentan invariablemente entre los primeros en llegar para prestar esos primeros auxilios decisivos para salvar vidas, evacuar a la gente a espacios más seguros, o simplemente ofrecer un hombro sobre el cual llorar.

Durante su alocución ante la conferencia de donantes con motivo del tsunami, celebrada la semana pasada en Ginebra, Jan Egeland, Coordinador de socorro en emergencia para las Naciones Unidas elogió el papel crucial que cumplen las Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, y señaló que, cuando se desata un desastre, están siempre en la primera línea de defensa contra el sufrimiento y las enfermedades.

Sin embargo, no sólo los voluntarios deben conocer los peligros y estar preparados para reaccionar. En la CMRD advertiremos que, si bien los sistemas de alerta temprana y la solidaridad internacional son imprescindibles, de poco servirán si la población no está bien preparada para lo que en el futuro la naturaleza les depare, de forma inevitable.

Tenemos muchos ejemplos del valor directo de los programas de preparación para desastre y de la forma en que sirven para salvar vidas. Uno de los más ilustrativos es el de Bangladesh, país propenso a padecer desastres. Allí, cada año los monzones y ciclones arrasan grandes extensiones de territorio, afectando a gran parte de la población.

La Media Luna Roja de Bangladesh, con el apoyo de la Federación Internacional, aprendió rápidamente las lecciones y, en 1970, puso en marcha el programa de preparación para ciclones.

En la actualidad, dicho programa permite dar la alerta a ocho millones de personas que viven en zonas costeras de riesgo. El sistema de alerta se basa en la red de radiocomunicaciones más grande de Asia, que enlaza la capital, Dhaka, con 143 estaciones de radio. Las alertas se transmiten luego a 33.000 voluntarios comunitarios, quienes a su vez la comunican, mediante el uso de megáfonos a las comunidades de las aldeas. Ello ha permitido reducir al mínimo la pérdida de vidas humanas. En 2004, uno de los peores años en décadas, 36 millones de personas sintieron los efectos de las inundaciones, pero sólo hubo que lamentar la pérdida de 747 vidas.

En síntesis, no es posible prevenir los desastres sólo con infraestructura. Lo que se necesita es una cultura de la preparación y de la reducción de los riesgos en las comunidades vulnerables. La lección es que con los conocimientos y las herramientas adecuadas la población sabrá cómo prepararse, cómo actuar y cómo ayudar a los demás.

La preparación para desastres es uno de los pilares del pensamiento de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, y una labor intensificada en este ámbito. En asociación con otras organizaciones, constituirá un componente clave de nuestros programas a largo plazo en las comunidades afectadas por el tsunami. En estas comunidades, como en todas partes, queremos escuchar la voz de la comunidad como parte de su propia cultura en preparación para desastres.

Al trabajar a nivel de las bases, la Cruz Roja y la Media Luna Roja también aboga por cambios en el escenario internacional. Queremos mejorar los marcos jurídicos que pueden facilitar la asistencia internacional en caso de desastre natural. Por conducto del programa relativo a las normas, leyes y principios aplicables en las acciones internacionales (IDRL), la Federación Internacional ha podido constatar que existen muchos instrumentos internacionales jurídicos y de otro tipo que sin embargo se desconocen o no se utilizan.

Frecuentemente, las tan imprescindibles intervenciones por desastres sufren demoras o se ven obstaculizadas por sistemas jurídicos o normativos ideados en función de épocas de normalidad. Estos no son operativos en situaciones de emergencia. Muchos de estos problemas, como las dificultades para obtener visados, los problemas para pasar por las aduanas y las oficinas de migración con artículos de socorro, medicamentos, material y personal, o para obtener permisos para utilizar equipos de telecomunicaciones, son inadvertidos por el público y pueden tener gran incidencia en las actividades de socorro.

Las operaciones que se están realizando a raíz del maremoto han puesto de manifiesto la complejidad de cruzar fronteras con ayuda humanitaria en el menor tiempo posible y con la mayor eficacia. Las organizaciones humanitarias están funcionando simultáneamente en 12 países, en cada uno de los cuales hay un conjunto distinto de normas aduaneras o sistemas para obtener autorizaciones para ingresar con aeronaves, barcos y vehículos.

Desde el 26 de diciembre, hemos sido testigos del tremendo esfuerzo realizado por los gobiernos y por las organizaciones humanitarias para establecer sistemas tan rápida y eficazmente como fuera posible. Sin embargo, es sumamente problemático tratar de hacerlo durante una operación por desastre.

En Kobe, la Federación Internacional recordará a los gobiernos los compromisos que asumieron en diciembre de 2003, en la Conferencia Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja en torno a la revisión de las legislaciones nacionales vigentes en materia de gestión de desastres y mejorar su compatibilidad con las leyes, normas y principios internacionales. Asimismo, les dirá que no deben esperar a que ocurra el próximo terremoto o maremoto para hacerlo.