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Se debe hacer más para salvar vidas en zonas de desastre
24 de junio 2005
Ian Wilderspin, Jefe de Gestión del Riesgo de Desastres desde Bangkok
“¿Por qué no supimos?”

Rara vez, una sola pregunta se hizo tantas veces y en tantos idiomas del mundo entero después del tsunami del 26 de diciembre del año pasado.

Seis meses después del peor desastre de la era moderna, damnificados, gobiernos y organismos de ayuda se siguen debatiendo con una emergencia sumamente compleja.

Justo este mes, escuchábamos a eminentes sismólogos dar la pavorosa y escalofriante noticia de que terremotos de gran intensidad podrían desencadenar otros tsunamis en la misma región. El mundo se inquieta y aguarda con pesar, frustración, rabia y desánimo, sentimientos que trascienden fronteras y nacionalidades. Los profesionales de la preparación en previsión de desastres comparten esos sentimientos porque es indudable que medidas más eficaces de reducción del riesgo hubieran contribuido a salvar vidas.

Tras esta constatación dolorosa, los damnificados no cesan de preguntar por qué no supieron y por qué no estaban preparados. Uno de los motivos principales fue que la inversión, relativamente pequeña, frente a las enormes sumas que requiere ahora reparar el daño, no se había hecho. La generosidad prodigiosa y sin precedente de donantes del mundo entero permitió prestar asistencia a millones de damnificados por el tsunami, pero muchos de nosotros sentimos una profunda frustración al pensar que una fracción de todo ese dinero hubiera bastado para salvar vidas.

Si nos proponemos salvar vidas en el futuro, además del derecho a la información, tenemos que plantearnos el derecho a estar mejor preparado en caso de desastre natural.

Los desastres azotan de distintas maneras y en distintos momentos, pero cuando sobrevienen, la gente de las comunidades afectadas es la primera en intervenir y socorrer. Por lo tanto, es crucial que sepa lo que tiene que hacer y disponga de una cantidad razonable de recursos para hacer frente a situaciones de emergencia. Ahora bien, la tarea esencial de salvar vidas debe comenzar mucho antes mediante la identificación de riesgos y de personas, edificios e instalaciones vulnerables a los desastres.

El debate y el quehacer internacionales para establecer sistemas de alerta temprana después del tsunami son muy positivos, pues sensibilizan a la opinión pública sobre la importancia de la preparación en previsión de desastres. Aun así, la tendencia a focalizarse en las tecnologías de satélites y telecomunicaciones conlleva el riesgo de olvidar la clave de dicha preparación, es decir, la gente que vive en zonas de alto riesgo.

Por lo general, aquellos para quienes se conciben sistemas de alerta temprana, le dan poco crédito. Tal vez, por esa propensión del ser humano a ignorar lo que resulta inoportuno en un determinado momento, por el desconocimiento generalizado de dicho sistema o por considerar que se trata de otra falsa alarma. Todo ello resalta la importancia de un sistema de alerta temprana que esté centrado en la gente y basado en la comunidad. Hay que conocer, valorar y cimentar el saber, las competencias y las capacidades de quienes viven en zonas expuestas a desastres.

Además, debemos asegurarnos que los sistemas de alerta temprana utilizados abarquen una serie de peligros, no sólo desastres tan raros como un tsunami, sino también desastres tan frecuentes como inundaciones, tifones, sequías, deslizamientos de tierra y epidemias; desastres que se olvidan con facilidad y que cada año, se estima que socavan el bienestar socioeconómico de 255 millones de personas. Toda esa gente tiene derecho a saber.

Las comunidades pueden prepararse en previsión de muchos de estos desastres y, cuando ocurren, gestionarlos como corresponde. Al respecto, abundan pruebas fehacientes en países expuestos a desastres como Indonesia donde en los tres últimos años hubo más de 100. La mayoría de ellos no ocupó los titulares, pero también destrozaron vidas.

En Bangladesh, la Media Luna Roja viene invirtiendo en la preparación en previsión de ciclones desde hace tiempo. En Vietnam, las campañas de información pública de la Cruz Roja instruyeron a millares de escolares y familias sobre la mejor manera de actuar frente a las inundaciones. Las investigaciones nos muestran que en zonas expuestas a desastres, una buena formación, una planificación apropiada y ejercicios de evacuación junto con un equipo básico pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Nunca podremos impedir que haya desastres naturales, pero podemos hacer mucho más para reducir el riesgo de las comunidades vulnerables que se encuentran a su paso. Asignar recursos antes de que sobrevenga un desastre nos costará muchos menos que los esfuerzos para reparar el daño después, y no hay que escatimar esfuerzos para salvar cuantas vidas sea posible.

Ian Wilderspin
Jefe de Gestión del Riesgo de Desastres
Delegación Regional de Asia Sudoriental
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

Ian ocupa su cargo actual desde hace tres años. Los cuatro años anteriores prestó servicios en Vietnam en calidad delegado de preparación en previsión de desastres, de la Federación. Antes de ingresar a la Federación trabajó más de cuatro años con Oxfam GB y Save the Children Fund (Reino Unido). Tiene experiencia de terreno en Afganistán, Iraq septentrional, Pakistán, Sudán, Tailandia y Vietnam.
Ian Wilderspin
Ian Wilderspin, Jefe de Gestión del Riesgo de Desastres.
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