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Una reconstrucción sostenible y apropiada, un deber para los países afectados por el tsunami
24 de junio 2005
Por Johan Schaar, Representante Especial de la operación tsunami
Han pasado seis meses desde que el tsunami arrasara casas, pueblos y ciudades en torno al Océano Índico, se cobrara la vida de madres, padres y niños, acabara con esperanzas y futuros, y destruyera comunidades enteras. Una generosidad y asistencia inconmensurables y sin precedente permitieron dar refugio temporal a todos los damnificados y les salvaron de hambrunas y brotes de enfermedades. Esperamos que esa demostración mundial de solidaridad con los supervivientes se repita con todos aquellos que sufren de otras crisis en el resto del mundo de las que poco se sabe.

Hoy que la recuperación y la reconstrucción están en marcha y queremos ver a los damnificados instalarse en su nueva viviendas, a las comunidades recuperar sus medios de subsistencia y a los niños volver a sus escuelas reconstruidas. Sabemos muy bien que han muerto muchos trabajadores de la salud, maestros, profesores y funcionarios del gobierno local, principalmente en Aceh, Indonesia, pero gracias a todos los fondos recaudados y prometidos, dentro de poco tiempo esas comunidades volverán a levantar cabeza.

Ahora bien, no debemos permitir que el ansia por utilizar rápidamente los fondos incida en el proceso de recuperación porque se corre el riesgo de cometer errores y desatender la sostenibilidad. No hay excusa alguna para que gobiernos, donantes y organizaciones den largas, pero tampoco para comprometer los principios básicos de la recuperación sostenible. Las organizaciones que se precipitan en gastar sin una planificación adecuada y sin consultar con la comunidad se exponen a prestar una asistencia inapropiada y carente de sostenibilidad, incluida la construcción de casas donde la gente no quiere vivir.

Entonces, ¿cuáles son esos principios? En primer lugar, nos comprometimos a que la nueva construcción sería mejor. En Aceh, las ciudades se habían construido de tal manera que cuando la gente trató de escapar del tsunami quedó atrapada en callejones sin salida. Además, en las playas se habían arrancado los manglares que servían de protección. Cuando sobrevino el terremoto, las viviendas se derrumbaron y aplastaron a sus habitantes. La reconstrucción debe ofrecer mayor seguridad a las comunidades, lo que exige planificar detenidamente y, en algunos casos, aplicar métodos nuevos o innovadores.

Lo que es apropiado en Irán o Turquía, tal vez no funcione en Indonesia o Sri Lanka, debemos ajustar nuestras intervenciones en función de necesidades concretas. Por ejemplo, si entendemos que plantar manglares aumentará la resistencia de las comunidades frente a los tsunamis, tenemos que encontrar la manera que los consiguientes proyectos resulten interesantes desde el punto de vista económico. Todos los modelos de reconstrucción son mejores si se conciben en los propios lugares afectados por el tsunami y se realizan consultas con los damnificados.

En segundo lugar, comunidades y gobiernos también tienen que hacer lo suyo; por ejemplo, levantar el registro de los títulos de propiedad de casas y tierras de cultivo, ya sea porque los documentos se perdieron, o bien, porque en algunos casos, la propiedad no estaba clara incluso antes del tsunami. Las familias sin hogar deben participar activamente en el diseño y la construcción de su vivienda para que corresponda a sus necesidades, se ajuste a la cultura local y sea apta para personas con discapacidades. Las mujeres tienen que estar al frente de estas decisiones. Además, restablecer medios de subsistencia sostenibles implica que no todos los damnificados sigan dedicándose a la pesca.

Algunos no querrán volver al lugar donde vivían y preferirán que se les envíe a otra parte. Todo ello requiere crear condiciones propicias para celebrar consultas pormenorizadas con las comunidades afectadas. Responsabilizarse de reconstruir su vida y sus medios de subsistencia es lo más indicado para que toda esta gente supere el desasosiego y se recupere.

En tercer lugar, dado que se están reconstruyendo comunidades enteras, hay que construir viviendas, caminos, escuelas y clínicas al mismo tiempo, así como reparar las instalaciones sanitarias y restablecer el abastecimiento de agua potable y los servicios necesarios. También en este caso hace falta una planificación completa y basada en la situación local. Para nosotros, extranjeros, no sólo se trata de alentar, asesorar y ofrecer ayuda material y financiera, sino también tiempo y espacio para que estos procesos comunitarios sigan su propio curso.

Por último, la transición de las comunidades que solían disponer de pocos recursos a una repentina y enorme afluencia de fondos entraña riesgos considerables como la escasez de pericia local y de las materias primas necesarias. También existe el peligro que los precios se disparen y se creen círculos de dependencia de la ayuda. La selva tropical podría desaparecer a causa de la tala incontrolada. Si ignoramos estos riesgos, provocaremos más daños a estas comunidades que ya han sufrido tanto.

En momentos en que recordamos a quienes murieron hace seis meses, nuestra mejor muestra de solidaridad con los supervivientes es permitirles que conduzcan el proceso de recuperación que ha de centrarse en sus necesidades, no en las nuestras.

Johan Schaar
Representante Especial de la operación tsunami.
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
El tsunami sembro destrucción y tristeza en Banda Aceh, Indonesia. (p12469)
El tsunami sembró destrucción y tristeza en Banda Aceh, Indonesia. (p12469)
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