Han
pasado seis meses desde que el tsunami arrasara casas, pueblos
y ciudades en torno al Océano Índico, se cobrara
la vida de madres, padres y niños, acabara con esperanzas
y futuros, y destruyera comunidades enteras. Una generosidad
y asistencia inconmensurables y sin precedente permitieron dar
refugio temporal a todos los damnificados y les salvaron de
hambrunas y brotes de enfermedades. Esperamos que esa demostración
mundial de solidaridad con los supervivientes se repita con
todos aquellos que sufren de otras crisis en el resto del mundo
de las que poco se sabe.
Hoy que la recuperación y la reconstrucción están
en marcha y queremos ver a los damnificados instalarse en su
nueva viviendas, a las comunidades recuperar sus medios de subsistencia
y a los niños volver a sus escuelas reconstruidas. Sabemos
muy bien que han muerto muchos trabajadores de la salud, maestros,
profesores y funcionarios del gobierno local, principalmente
en Aceh, Indonesia, pero gracias a todos los fondos recaudados
y prometidos, dentro de poco tiempo esas comunidades volverán
a levantar cabeza.
Ahora bien, no debemos permitir que el ansia por utilizar rápidamente
los fondos incida en el proceso de recuperación porque
se corre el riesgo de cometer errores y desatender la sostenibilidad.
No hay excusa alguna para que gobiernos, donantes y organizaciones
den largas, pero tampoco para comprometer los principios básicos
de la recuperación sostenible. Las organizaciones que
se precipitan en gastar sin una planificación adecuada
y sin consultar con la comunidad se exponen a prestar una asistencia
inapropiada y carente de sostenibilidad, incluida la construcción
de casas donde la gente no quiere vivir.
Entonces, ¿cuáles son esos principios? En primer
lugar, nos comprometimos a que la nueva construcción
sería mejor. En Aceh, las ciudades se habían construido
de tal manera que cuando la gente trató de escapar del
tsunami quedó atrapada en callejones sin salida. Además,
en las playas se habían arrancado los manglares que servían
de protección. Cuando sobrevino el terremoto, las viviendas
se derrumbaron y aplastaron a sus habitantes. La reconstrucción
debe ofrecer mayor seguridad a las comunidades, lo que exige
planificar detenidamente y, en algunos casos, aplicar métodos
nuevos o innovadores.
Lo que es apropiado en Irán o Turquía, tal vez
no funcione en Indonesia o Sri Lanka, debemos ajustar nuestras
intervenciones en función de necesidades concretas. Por
ejemplo, si entendemos que plantar manglares aumentará
la resistencia de las comunidades frente a los tsunamis, tenemos
que encontrar la manera que los consiguientes proyectos resulten
interesantes desde el punto de vista económico. Todos
los modelos de reconstrucción son mejores si se conciben
en los propios lugares afectados por el tsunami y se realizan
consultas con los damnificados.
En segundo lugar, comunidades y gobiernos también tienen
que hacer lo suyo; por ejemplo, levantar el registro de los
títulos de propiedad de casas y tierras de cultivo, ya
sea porque los documentos se perdieron, o bien, porque en algunos
casos, la propiedad no estaba clara incluso antes del tsunami.
Las familias sin hogar deben participar activamente en el diseño
y la construcción de su vivienda para que corresponda
a sus necesidades, se ajuste a la cultura local y sea apta para
personas con discapacidades. Las mujeres tienen que estar al
frente de estas decisiones. Además, restablecer medios
de subsistencia sostenibles implica que no todos los damnificados
sigan dedicándose a la pesca.
Algunos no querrán volver al lugar donde vivían
y preferirán que se les envíe a otra parte. Todo
ello requiere crear condiciones propicias para celebrar consultas
pormenorizadas con las comunidades afectadas. Responsabilizarse
de reconstruir su vida y sus medios de subsistencia es lo más
indicado para que toda esta gente supere el desasosiego y se
recupere.
En tercer lugar, dado que se están reconstruyendo comunidades
enteras, hay que construir viviendas, caminos, escuelas y clínicas
al mismo tiempo, así como reparar las instalaciones sanitarias
y restablecer el abastecimiento de agua potable y los servicios
necesarios. También en este caso hace falta una planificación
completa y basada en la situación local. Para nosotros,
extranjeros, no sólo se trata de alentar, asesorar y
ofrecer ayuda material y financiera, sino también tiempo
y espacio para que estos procesos comunitarios sigan su propio
curso.
Por último, la transición de las comunidades que
solían disponer de pocos recursos a una repentina y enorme
afluencia de fondos entraña riesgos considerables como
la escasez de pericia local y de las materias primas necesarias.
También existe el peligro que los precios se disparen
y se creen círculos de dependencia de la ayuda. La selva
tropical podría desaparecer a causa de la tala incontrolada.
Si ignoramos estos riesgos, provocaremos más daños
a estas comunidades que ya han sufrido tanto.
En momentos en que recordamos a quienes murieron hace seis meses,
nuestra mejor muestra de solidaridad con los supervivientes
es permitirles que conduzcan el proceso de recuperación
que ha de centrarse en sus necesidades, no en las nuestras.
Johan Schaar
Representante Especial de la operación tsunami.
Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja
y de la Media Luna Roja.
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| El
tsunami sembró destrucción y tristeza en
Banda Aceh, Indonesia. (p12469)
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