Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC) Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC)
Búsqueda :

Noticias
Últimas noticias
Últimas noticias Discursos(inglés) Comunicados de prensa Llamamientos (inglés) Eventos Archivo


Los desastres no deberían destruir el desarrollo

por Eva von Oelreich
19 de junio


¿Qué está pasando?, ¿por qué si se destinan millones y millones de dólares para el desarrollo, nuestro planeta es cada vez un lugar menos seguro?, ¿por qué se confina a los pobres en esa espiral de desastres y calamidades?. Los desastres afectan a los pobres, se aseguran que sigan siendo pobres y vulnerables incluso en el último resquicio del ciclo del desarrollo, incapaces de encontrar una salida por pequeña que sea.

Sabemos que el nivel de vida de los niños, conseguido en las últimas décadas con gran esfuerzo, se ve ahora amenazado por el VIH/SIDA. También sabemos que en pocas horas, desastres como los terremotos, pueden acabar con años de desarrollo. No es una novedad. En el mundo de la ayuda internacional, leemos sobre estas cuestiones, las tratamos en diferentes conferencias pero la dura realidad de los hechos está ahí: en los años setenta, alrededor de 700 millones de personas resultaron damnificadas por los desastres, cifra que se disparó en los noventa, llegando a los 2.000 millones. A menudo se culpa al cambio climático, pero mientras que en los países desarrollados los temporales, las tormentas o los terremotos pueden ser espectaculares y costar altas primas de seguros, no provocan la misma miseria que en los países menos ricos.

Según el primer ministro de Honduras, el huracán Mitch supuso un retroceso de 20 años para la economía de su país y según estimaciones, las pérdidas provocadas por los deslaves de 1999 insumieron el 10% del PIB de Venezuela. Por lo tanto, ¿qué posibilidades tienen estos países de alcanzar los objetivos de desarrollo, previstos para 2015, tales como reducir a la mitad el porcentaje de población que vive en condiciones de extrema pobreza, disminuir dos tercios la mortalidad infantil o lograr acceso a la educación primaria para todos?

A pesar de nuestras victorias en las esferas de salud pública, educación, derechos de la mujer, alfabetización e inmunización, los desastres tienen un impacto cada vez mayor en aquellos menos preparados para hacerles frente, afectando la vida de quienes, en cierta medida, se sentían a salvo y acabando con lo que se ha conseguido con mucho esfuerzo. La mayoría de muertes en los terremotos que devastaron Turquía en 1999 se debieron al incumplimiento de las normas de construcción, no a la pobreza. En enero de 2001, los deslizamientos de tierra que hubo en El Salvador arrasaron viviendas de clase media construidas en una zona de riesgo. El desarrollo mal concebido -construcciones de baja calidad, la mala planificación y la corrupción- está generando que se produzcan desastres "no naturales", y las políticas que debían funcionar, salvar vidas y mejorar los niveles de vida, en realidad, operan en el sentido contrario.

¿Qué hay que hacer?. Todos estos temas se tratan en el Informe Mundial sobre Desastres de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja publicado este año.

Toda estrategia de desarrollo tiene que incluir un sólido elemento de disminución del riesgo que entrañan los desastres Las estrategias de planificación urbana, lucha contra la pobreza y protección del medio ambiente también deben incluir la disminución del riesgo. ¿Qué pueden hacer las organizaciones de ayuda?. La responsabilidad recae principalmente en las organizaciones internacionales que, saben que los sistemas de intervención rápida son esenciales, pero no son sinónimo de desarrollo ni propician la sostenibilidad.
La ayuda humanitaria internacional puede prevenir el colapso de la actividad económica y, llegado el caso, estimular la reactivación de la economía después de la tragedia, pero sin políticas adecuadas que lo apuntalen, cualquier logro se evaporará rápidamente.

Sabiendo lo que sabemos, no basta estar preparados para llevar a cabo operaciones de emergencia de grandes dimensiones. No estamos en posición de prevenir la colisión de las placas tectónicas ni de reducir el ojo de un huracán, pero los desastres no tienen por qué convertirse en catástrofes devastadoras. Los riesgos se pueden disminuir. Los riesgos se deben disminuir. La única y verdadera seguridad para los pobres y las personas vulnerables tal vez resida en la inteligencia de interpretar las señales de riesgo, prepararse como corresponde y saber cuando hay que evacuar.

Sin embargo, hay una hermosa realidad, que se suele pasar por alto, la preparación para desastres da resultado. Tal vez parezca prosaico y mundano, pero el hecho de que la Cruz Roja Vietnamita plantara mangles a lo largo de 110 kilómetros de costa fue sumamente beneficioso porque no sólo ofreció a los habitantes una mayor protección contra los tifones, sino que además, el millón de dólares invertido permitió disminuir el costo de mantenimiento de terraplenes a razón de 7.000.000 de dólares por año. Asimismo, el programa de preparación para desastres, de la Cruz Roja de Bangladesh, contribuyó a evacuar y dar refugio a 2.500.000 personas antes de que se desataran los ciclones, lo que les salvó la vida. Victorias modestas pero significativas de las que no se habla porque para los medios de comunicación, "las buenas noticias no son noticia".

La comunidad humanitaria internacional tiene que animarse con estos logros. Pero ello no quita, que para que el avance sea duradero, todas las partes deben establecer, junto con los objetivos de desarrollo, metas medibles de disminución del riesgo. Estas metas podrían ser, por ejemplo, reducir a la mitad el número de muertos y damnificados por los desastres y asignar del 5 al 10% de los fondos de emergencia a la mitigación de desastres. También se ha de alentar a los Estados y prestarles asesoramiento para que establezcan y financien planes de preparación para desastres. Deben ir más allá e invertir dinero en proyectos de disminución del riesgo, en lugar de guardarlo en caso de eventuales desastres que, además, se pueden prevenir. Por último, gobiernos, donantes y organizaciones de ayuda tienen que trabajar juntos para alcanzar estos objetivos.

Una de las primeras medidas que la comunidad internacional debe tomar, es crear una comunidad más coherente respecto a la disminución del riesgo. Hay fronteras que separan a investigadores y demás profesionales, no sólo de una especialización técnica a otra sino también de la esfera de desastres a la esfera de desarrollo, y el acceso que tienen a la financiación. ECHO, uno de los actores más grandes e importantes en la escena internacional, asignó sólo un 1,5% de su presupuesto a la preparación para desastres. Los montos asignados a la disminución del riesgo en otros presupuestos se desconocen pues se trata de cantidad prácticamente invisible y no es nada seductora.

Aun así, quienes trabajan en la gestión de desastres, planificadores, legisladores y políticos de todo el mundo deberían darle prioridad. El riesgo forma parte de nuestra vida diaria, pero, ¿cuántos de nosotros pasamos deliberadamente por debajo de una escalera?. La disminución del riesgo no es suntuaria, ni un adorno que está de moda; la disminución del riesgo es esencial para el propio desarrollo.