Según las predicciones, la frecuencia y la severidad
de los fenómenos extremos relacionados con el clima aumentarán
en los años venideros. Pero el cambio climático,
considerado hasta hace poco como una amenaza del futuro, ya
es hoy una realidad.
Los científicos se han visto sorprendidos por la brevedad
de los lapsos que median entre fenómenos meteorológicos
extremos, como las inundaciones y las olas de calor en Europa
en años consecutivos.
En 2003, el sur de Francia sufrió con pocos meses de
diferencia una ola de calor e inundaciones sin precedentes en
el siglo.
Esta propensión a fenómenos meteorológicos
extremos ha inducido a las Sociedades Nacionales europeas a
prepararse para los riesgos inminentes que afronta la población
en todo el continente.
El 21 de octubre, el Centro Internacional sobre el Cambio Climático
de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y la Cruz Roja Neerlandesa
organizaron un seminario sobre las olas de calor ocurridas en
el verano de 2003 al cual fueron invitadas las Sociedades Nacionales
europeas.
El objetivo era doble: por un lado, ver lo que las Sociedades
Nacionales del continente habían hecho frente a esta
tragedia, calificada por las compañías de seguro
como una de las catástrofes más mortales y más
costosas de del año pasado; por otro lado, determinar
qué papel pueden desempeñar la Cruz Roja y la
Media Luna Roja en la preparación y la respuesta ante
un aumento previsible de los desastres relacionados con fenómenos
meteorológicos extremos.
Según un estudio realizado recientemente por la Agencia
Europea de Medio Ambiente (AEMA), el aumento de las temperaturas
durante el siglo XX ha sido más severo en Europa que
en otras partes del mundo: la media es de 0,7°C en el mundo
y más de 1°C en Europa.
Europa no sólo se está calentando más rápido
que el resto del mundo; lo más preocupante es que se
prevé que también se incrementará la variabilidad
meteorológica.
La mayoría de los científicos coinciden en que
las condiciones climáticas más extremas y más
variables llevarán a catástrofes más graves
–inundaciones, olas de calor, sequías, incendios
forestales y otros desastres relacionados con el clima–
en las que se verá afectado un gran número de
personas.
Europa meridional y central serán las zonas más
afectadas en los próximos años, pero los países
del norte de Europa no escaparán a esta tendencia.
El impacto más grave de los fenómenos meteorológicos
extremos es la pérdida de vidas humanas, aunque cabe
también destacar las pérdidas económicas
que sufren los países, dado que las infraestructuras
y las cosechas son destruidas y los ecosistemas se ven amenazados
por los incendios forestales y el derretimiento de los glaciares.
En agosto de 2003, murieron en Europa entre 22.000 y 35.000
personas debido al calor infernal y se registraron pérdidas
materiales por miles de millones de euros, según las
aseguradoras.
¿Las Sociedades Nacionales europeas están preparadas
para responder a estas catástrofes? ¿Qué
papel deberían desempeñar en la preparación
para el cambio climático y la sensibilización
sobre el tema? ¿Forma parte del cometido de la Cruz Roja
incluir el cambio climático en sus sistemas de preparación,
respuesta y alerta temprana en casos de desastre?
Estas preguntas se plantearon en un seminario de una jornada
y la respuesta fue clarísima: sí, la Cruz Roja
debe integrar el cambio climático entre sus asuntos principales
relacionados con la preparación y la respuesta a los
desastres.
Se consideró importante que la Cruz Roja comprenda las
tendencias provocadas por el cambio climático, informe
al público de los riesgos que entraña y se prepare
para responder a una mayor frecuencia de desastres relacionados
con el clima a través de su red basada en la comunidad.
En países como Grecia y Portugal, donde las olas de calor
son más comunes que en otras partes de Europa, el valor
de los mecanismos para afrontar esos fenómenos dentro
de las comunidades ha resultado ser evidente.
Las Sociedades Nacionales helénica y portuguesa han venido
respondiendo a las olas de calor anuales en colaboración
con sus gobiernos, prestando asistencia a los grupos más
vulnerables de la sociedad: las personas de edad y discapacitadas.
Estas naciones no registran mayores fluctuaciones en el número
de muertos durante el verano a pesar de los períodos
de extremo calor.
Tal como se destaca en el Informe Mundial sobre Desastres de
este año, las Sociedades Nacionales francesa y española
estaban mejor preparadas para intervenir ante la crisis de 2003
que sus autoridades nacionales de salud y brindaron servicios
esenciales, como distribuir agua y ventiladores, hacer visitas
a domicilio, ayudar en los hospitales, proporcionar información
vital sobre supervivencia por medio de centros y servicios telefónicos
de emergencia y consulta.
Sus servicios fueron reconocidos por los Gobiernos francés
y español, que las trataron como asociados cruciales
para elaborar planes de respuesta a los fenómenos meteorológicos
extremos en sus respectivos países.
Ambas Sociedades Nacionales participan en los planes nacionales
para afrontar las olas de calor y los respectivos gobiernos
pidieron a ambas que les ayudaran a determinar los grupos vulnerables
gracias a su fuerte presencia en las comunidades y a prestar
servicios a los necesitados.
Además, las Sociedades Nacionales española y francesa
operan centros y servicios telefónicos de emergencia
para proporcionar información sobre la protección
de la población y la localización de personas
socialmente aisladas y que no tienen a nadie que se ocupe de
ellas.
Europa considera desde hace tiempo que el cambio climático
es un asunto particularmente preocupante en el mundo en desarrollo
– las islas tropicales que corren riesgo dado el aumento
del nivel del mar o los países africanos amenazados por
la desertificación. En el verano de 2003, el problema
se planteó más cerca de casa.
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Un
residente de Bucarest, Rumania, mira un termómetro
en la calle. La ola de calor del verano de 2003 fue la
peor catástrofe natural en diez años (REUTERS/Radu
Sigheti/cortesía de www.Alernet.org)
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Las
personas de edad son las que corren más riesgo
durante los fenómenos meteorológicos extremos.
En la fotografía, se ve a un voluntario de la Cruz
Roja Francesa controlar el estado de salud de una señora
durante la ola de calor del año pasado (p11913).
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En
2002, devastadoras inundaciones afectaron a Europa central.
Se trata de una catástrofe que podría convertirse
en algo corriente. En la fotografía, un funcionario
de la Cruz Roja Eslovaca observa el ascenso de las aguas
del Danubio en Bratislava (p4186).
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