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Las Sociedades Nacionales europeas se movilizan ante el cambio climático
28 de octubre de 2004
por Solveig Olafsdottir en Ginebra
Según las predicciones, la frecuencia y la severidad de los fenómenos extremos relacionados con el clima aumentarán en los años venideros. Pero el cambio climático, considerado hasta hace poco como una amenaza del futuro, ya es hoy una realidad.

Los científicos se han visto sorprendidos por la brevedad de los lapsos que median entre fenómenos meteorológicos extremos, como las inundaciones y las olas de calor en Europa en años consecutivos.

En 2003, el sur de Francia sufrió con pocos meses de diferencia una ola de calor e inundaciones sin precedentes en el siglo.

Esta propensión a fenómenos meteorológicos extremos ha inducido a las Sociedades Nacionales europeas a prepararse para los riesgos inminentes que afronta la población en todo el continente.

El 21 de octubre, el Centro Internacional sobre el Cambio Climático de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y la Cruz Roja Neerlandesa organizaron un seminario sobre las olas de calor ocurridas en el verano de 2003 al cual fueron invitadas las Sociedades Nacionales europeas.

El objetivo era doble: por un lado, ver lo que las Sociedades Nacionales del continente habían hecho frente a esta tragedia, calificada por las compañías de seguro como una de las catástrofes más mortales y más costosas de del año pasado; por otro lado, determinar qué papel pueden desempeñar la Cruz Roja y la Media Luna Roja en la preparación y la respuesta ante un aumento previsible de los desastres relacionados con fenómenos meteorológicos extremos.

Según un estudio realizado recientemente por la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), el aumento de las temperaturas durante el siglo XX ha sido más severo en Europa que en otras partes del mundo: la media es de 0,7°C en el mundo y más de 1°C en Europa.

Europa no sólo se está calentando más rápido que el resto del mundo; lo más preocupante es que se prevé que también se incrementará la variabilidad meteorológica.

La mayoría de los científicos coinciden en que las condiciones climáticas más extremas y más variables llevarán a catástrofes más graves –inundaciones, olas de calor, sequías, incendios forestales y otros desastres relacionados con el clima– en las que se verá afectado un gran número de personas.

Europa meridional y central serán las zonas más afectadas en los próximos años, pero los países del norte de Europa no escaparán a esta tendencia.

El impacto más grave de los fenómenos meteorológicos extremos es la pérdida de vidas humanas, aunque cabe también destacar las pérdidas económicas que sufren los países, dado que las infraestructuras y las cosechas son destruidas y los ecosistemas se ven amenazados por los incendios forestales y el derretimiento de los glaciares.

En agosto de 2003, murieron en Europa entre 22.000 y 35.000 personas debido al calor infernal y se registraron pérdidas materiales por miles de millones de euros, según las aseguradoras.

¿Las Sociedades Nacionales europeas están preparadas para responder a estas catástrofes? ¿Qué papel deberían desempeñar en la preparación para el cambio climático y la sensibilización sobre el tema? ¿Forma parte del cometido de la Cruz Roja incluir el cambio climático en sus sistemas de preparación, respuesta y alerta temprana en casos de desastre?

Estas preguntas se plantearon en un seminario de una jornada y la respuesta fue clarísima: sí, la Cruz Roja debe integrar el cambio climático entre sus asuntos principales relacionados con la preparación y la respuesta a los desastres.

Se consideró importante que la Cruz Roja comprenda las tendencias provocadas por el cambio climático, informe al público de los riesgos que entraña y se prepare para responder a una mayor frecuencia de desastres relacionados con el clima a través de su red basada en la comunidad.

En países como Grecia y Portugal, donde las olas de calor son más comunes que en otras partes de Europa, el valor de los mecanismos para afrontar esos fenómenos dentro de las comunidades ha resultado ser evidente.

Las Sociedades Nacionales helénica y portuguesa han venido respondiendo a las olas de calor anuales en colaboración con sus gobiernos, prestando asistencia a los grupos más vulnerables de la sociedad: las personas de edad y discapacitadas. Estas naciones no registran mayores fluctuaciones en el número de muertos durante el verano a pesar de los períodos de extremo calor.

Tal como se destaca en el Informe Mundial sobre Desastres de este año, las Sociedades Nacionales francesa y española estaban mejor preparadas para intervenir ante la crisis de 2003 que sus autoridades nacionales de salud y brindaron servicios esenciales, como distribuir agua y ventiladores, hacer visitas a domicilio, ayudar en los hospitales, proporcionar información vital sobre supervivencia por medio de centros y servicios telefónicos de emergencia y consulta.

Sus servicios fueron reconocidos por los Gobiernos francés y español, que las trataron como asociados cruciales para elaborar planes de respuesta a los fenómenos meteorológicos extremos en sus respectivos países.

Ambas Sociedades Nacionales participan en los planes nacionales para afrontar las olas de calor y los respectivos gobiernos pidieron a ambas que les ayudaran a determinar los grupos vulnerables gracias a su fuerte presencia en las comunidades y a prestar servicios a los necesitados.

Además, las Sociedades Nacionales española y francesa operan centros y servicios telefónicos de emergencia para proporcionar información sobre la protección de la población y la localización de personas socialmente aisladas y que no tienen a nadie que se ocupe de ellas.

Europa considera desde hace tiempo que el cambio climático es un asunto particularmente preocupante en el mundo en desarrollo – las islas tropicales que corren riesgo dado el aumento del nivel del mar o los países africanos amenazados por la desertificación. En el verano de 2003, el problema se planteó más cerca de casa.
Un residente de Bucarest, Rumania, mira un termómetro en la calle.
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