Para
Sri Lanka, en otras circunstancias, el 31 de diciembre representaría
un momento especial. Al igual que en otros países, la
gente se reúne en las casas, hoteles, playas y terrazas
para dar la bienvenida al nuevo año.
A los nativos de Sri Lanka les gusta festejar, y la noche de
fin de año es la ocasión perfecta para divertirse.
Este año no.
La capital, Colombo, está a oscuras, y el tráfico
es escaso. Los hoteles que deberían estar derrochando
vida están vacíos, excepto por un sinnúmero
de periodistas y socorristas. Los fuegos artificiales, los vendedores
de helados y los grupos de música que en épocas
normales estarían animando este evento están ausentes.
La tristeza está escrita en los rostros de los habitantes
de la isla. Este no es un día para festejos sino un día
de duelo. El mundo se ha sumado al pueblo de Sri Lanka y de
los demás países afectados por el tsunami del
26 de diciembre para llorar a los muertos, los heridos y los
desplazados.
Se celebran ceremonias religiosas, se encienden lámparas
de aceite y amigos y enemigos están unidos. Hay unión
en la pena y el dolor.
La cifra total de víctimas mortales a causa del terremoto
y la marejada gigante asciende a 123.000 personas, de las cuales
más de 27.000 eran de Sri Lanka.
El Galle Face, en donde año tras año se reúnen
pobres y ricos, poderosos y mendigos a anunciar el nuevo año,
está cubierto por una nube oscura.
Comienza a sonar el arrullo del mar como si nada hubiese ocurrido
pues para él se trata sencillamente de otro día.
Le pregunto: “¿Qué has hecho? ¿Dónde
has escondido a todas esas criaturas? ¿Por qué
te enojaste? ¿Quién te impulsó a hacer
lo que hiciste? ¿Y por qué? ¿Por qué?”
El mar no responde, pero la brisa marina envuelve mi cuerpo
y mi alma con un manto de tristeza. Pienso en los saludos que
envié a mis amigos antes de venir a la isla de vacaciones
a visitar a mi madre. Les escribí lo siguiente:
“La belleza de una brisa danzante,
y árboles de sombra fresca,
Mares apacibles,
Y los galones fugitivos de
Momentos de libertad...para disfrutar
es mi deseo para todos”
Muchos de mis amigos me envidiaban porque podía regresar
a la isla. Un amigo de la fría Suiza me escribió:
“Te envidiamos. Qué forma de pasar tus vacaciones.”
Pero he aquí que mis vacaciones se evaporaron cuando
corría a reunirme con mis colegas que trabajan para la
Cruz Roja Internacional de Sri Lanka. Todo el mundo trabaja
sin cesar: escolares y amas de casa, médicos y enfermeras,
turistas y diplomáticos.
Todos se reunieron. Nadie ha podido dormir mucho, pero no hay
quejas. Me sentí mal cuando el 29 me recordaron que era
mi cumpleaños. ¿Cómo es posible celebrar
cuando estamos rodeados de personas muertas y agonizantes y
hemos perdido amigos y familiares?
Algunos amigos querían ayudar y se mostraban desolados
por no poder hacer algo más. En mi caso era diferente;
puedo aportar mi granito de arena a través de la Cruz
Roja, y hacer saber al mundo la tragedia que atraviesa mi país.
Sé que cuanto más sepan, mayor será la
ayuda que llegue a mi isla, un paraíso asolado por el
mar.
Mi correo se llenó de mensajes de amigos de todo el mundo
que compartieron el dolor que habían sentido por el pueblo
de Sri Lanka. Algunos no podían creer que lugares que
habían visitado hubiesen sido asolados por el mismo mar
que amaban. Cada vez que recibía un mensaje de correo
electrónico, las lágrimas se agolpaban en mis
ojos y quería ocultarlas.
Sin embargo, me reconforta ver que esta isla quebrantada está
siendo colmada de amor y de afecto.
Antes de retirarme, le hablo al mar que tanto amo: “Mar,
recuerda, cada vez que el mundo oiga el rugir de tus olas oirá
gritos, el clamor de los jóvenes, los inocentes, los
débiles, los tristes. ¿Por qué?”
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Comunidades
de Sri Lanka, como ésta, en Galle, han quedado
traumatizadas por el tsunami que azotó este país
el 26 de diciembre. (p12346)
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| El
grado de destrucción que han sufrido las regiones
costeras de Sri Lanka es enorme. Más de 27.000
personas han perdido la vida en la tragedia. (p12347)
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| Voluntarios
de la Cruz Roja de Sri Lanka prestan primeros auxilios
a personas desplazadas en el campamento de Galle. (p12343) |
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| Un
hombre de pie entre las ruinas de su casa en Galle. Alrededor
de un millón de personas han sido desplazadas en
la isla a raíz del desastre. (p12239) |
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