“Vinimos
a Sri Lanka a pasar las vacaciones de Navidad, pero cuando bajamos
del avión cambiaron nuestros planes”, suspira Inmaculada
García, una joven española que trabaja en Londres
como diseñadora de estampados.
Inmaculada y su novio Nishan suelen ir todos los años
a Sri Lanka para visitar a la familia de este último,
que reside en el sur del país. Pasan las vacaciones con
ellos, hacen un poco de turismo y desconectan del trabajo durante
unos días.
“Pero esta vez fue diferente; llegamos el mismo día
del terremoto y ahora queremos seguir aquí unas semanas
para ayudar a los que lo han perdido todo”, apunta Inmaculada.
No les importa distribuir ayuda, clasificar materiales, limpiar
las playas o colaborar en la reparación de infraestructuras,
lo que quieren es ser útiles y colaborar, en la medida
de sus posibilidades, para mejorar la vida de otras personas.
“Podríamos organizar además un viaje con
un equipo médico desde Londres, pero estamos a la espera
de que nos confirmen su necesidad”, insiste la joven.
Inmaculada y Nishan son dos de los múltiples extranjeros
que se están acercando estos días a la sede de
la Cruz Roja de Sri Lanka en Colombo, según indica Radha
Kaushalja, portavoz de la institución humanitaria en
este país.
“Muchos son indios, nepalíes, británicos,
alemanes... La gran mayoría de ellos estaban pasando
sus vacaciones cuando ocurrió la tragedia, y no quieren
irse del país sin colaborar con los damnificados”,
apunta.
Otros, en cambio, trabajaban ya en el país cuando el
terremoto y el tsunami arrasaron amplias zonas costeras del
país.
Helen Bennett, Catherine Lefever y Aisling Fraser son tres jóvenes
británicas que dan clases de inglés en Colombo
y que se acaban de hacer voluntarias también de la Cruz
Roja de Sri Lanka.
“Creo –indica Helen- que ahora puedo aportar más
trabajando como voluntaria que como profesora.... ya habrá
tiempo de tomar otra vez los libros”.
Las tres colaboran en la clasificación de materiales
que la Cruz Roja local está almacenando en el Colegio
de Saint Joseph, que les ha cedido parte de sus instalaciones
para guardar las múltiples donaciones que están
recibiendo.
“La gente se está volcando, no paran de enviar
botellas de agua, alimentos, abundante ropa e incluso bicicletas”,
resalta Catherine Lefever, la más joven de las tres.
Los más sensibilizados, sin embargo, son los propios
habitantes de este pequeño país del Océano
Índico. Mohan Nanduya, con apenas 17 años de edad,
colabora ahora distribuyendo agua y alimentos a las 200 familias
que se refugian ahora en un Colegio musulmán a las afueras
de la capital.
“No tienen nada, cualquier esfuerzo es poco para tratar
de ayudarles”. Otros, sin embargo, no podrán recibir
ya la valiosa ayuda de estos voluntarios, como el mismo hermano
pequeño de Mohan.
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Enfermeras
de la Cruz Roja atienden a los heridos en el campo de
Galle. (p12360)
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