“El
mar desapareció de repente y se retiró varios
kilómetros adentro, dejando al descubierto millones de
peces, conchas e incluso corales. La gente que estaba en la
playa no se lo podía creer, y muchos de ellos se acercaron
para jugar con los peces y recoger cosas de la arena; luego
llegó el estruendo... murieron casi todos”. Upali
Sirimanna, voluntario de la Cruz Roja de Sri Lanka, vivió
para contarlo, aunque perdió todo lo demás, incluida
su microempresa de botes de pesca.
El día 26 de diciembre, Sirimanna pensaba disfrutar un
día de descanso en las playas de Bentota, una población
al sur de Sri Lanka. “No me podía imaginar lo que
pasaría, ni siquiera sabía que era un ‘tsunami’”,
apunta este joven, responsable de una división de voluntarios
de Cruz Roja en la región. “Todo ocurrió
muy deprisa, muy deprisa...”.
No ha descansado desde ese día. Colaboró, con
un puñado de voluntarios, en el rescate de personas,
la recuperación de cadáveres, la distribución
de alimentos que tenían en sus casas, ropa, utensilios
de cocina... todo, todo lo que podían conseguir en ese
momento... “¿Tú eres cristiano? –pregunta
este joven budista. Pues fue como en la Biblia y con Moisés,
simplemente, se abrieron las aguas y se lo llevaron todo”.
Prefiere no hablar de los familiares que ha perdido, sólo
del futuro. “Los niños, los niños son lo
importante; hay que apoyarles, darles todo lo que les falta,
tratamiento psicológico, lo que haga falta. Si ellos
no pueden seguir, no sé lo que será de mañana”,
alerta Sirimanna.
Asoka colabora con Sirimanna en las labores humanitarias que
realiza la Cruz Roja de Sri Lanka en esta zona. Lo fundamental,
según apuntan, es la distribución de toldos plásticos,
la limpieza de las costas para evitar contaminación,
la construcción de nuevas letrinas, la compra de barcos
para los pescadores que, aún sobreviviendo, han perdido
todo...”. Ayuda a corto, medio y largo plazo.
Esa es otra de las prioridades de la Cruz Roja de Sri Lanka,
con el apoyo de la Federación Internacional de la Cruz
Roja y de la Media Luna Roja, facilitar todo tipo de medidas
para que los afectados puedan levantarse y seguir adelante.
“Al tiempo que repartimos ayuda, alimentos, agua, etc,
es fundamental que trabajemos ya en la reconstrucción
de sus viviendas, en la puesta en marcha de nuevos proyectos
económicos... en su futuro”, indica Francesc Panyella,
un joven de Cruz Roja Española desplazado a Sri Lanka
para colaborar en el operativo humanitario puesto en marcha
por la Federación Internacional.
Esta Institución Humanitaria, presente en más
de 180 países, ha desplegado en Sri Lanka 8 Unidades
Especiales de Emergencia para dotar de agua potable a la población,
facilitar las telecomunicaciones, mejorar la atención
sanitaria, colaborar, en definitiva, para poder mirar hacia
delante, algún día.
Cerca de 10.000 voluntarios de la Cruz Roja de Sri Lanka, en
colaboración con más de un centenar de delegados
extranjeros, trabajan en este guerra contra reloj. “Tenemos
que actuar más deprisa si queremos evitar males mayores,
la aparición de epidemias”, apunta Sirimanna.
“Queda mucho, muchísimo por hacer, no estamos más
que empezando”, asiente Francesc Panyella, que no sabe
qué tiempo permanecerá en la isla, “el que
haga falta..., no nos podemos ir ahora...”.
Los medios de comunicación ya han sacados sus imágenes
celéricas de cadáveres y familias rotas sentadas
en los quicios de las puertas de viviendas que ya no existen.
Mientras la atención internacional se desvía hacia
Indonesia, número uno en el ‘ranking’ de
la desgracia, miles de personas siguen durmiendo a la intemperie
en las costas de Sri Lanka, con la mirada perdida, enseñando,
como sonámbulos, los restos de algo que prometen que
fueron sus viviendas.
Algunos cementerios han confundido las losas de sus muertos,
anegadas, con los cuerpos sin vida que no cesan de brotar por
doquier. El olor a cadaverina es insoportable, y las mascarillas
en las bocas no son capaces de tapar la desolación. Pican
los ojos, y no sabes si es por la descomposición.
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Voluntarios
de la Sociedad de la Cruz Roja de Sri Lanka ayudan a distribuir
la ayuda de socorro en la zona de Galle. (p-LKA0087)
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